• Gabriel Fernández, un niño de 7 años de Palmdale, fue asesinado en mayo de 2013 por el novio de su madre que creía que el niño era gay.

  • Tanto la madre como el novio han sido condenados a cadena perpetua y pena de muerte respectivamente por el asesinato del menor.

  • Cuatro trabajadores sociales se enfrentan a un juicio acusados de “negligencia criminal” por no haber prestado atención al caso y haber falsificado informes.


Aunque no os hemos hablado de este caso en la web llevamos varios meses siguiéndolo con atención.

En mayo de 2013 un niño de 7 años fue ingresado en un hospital de Palmdale, California, con quemaduras, varias costillas rotas y una fractura craneal. El niño, Gabriel Fernández, murió dos días después. La madre, Pearl Fernández, y su novio, Isauro Aguirre, fueron detenidos y acusados por el asesinato del niño. Según la policía el asesino fue Isauro mientras que Pearl jugó un papel como cómplice (por permitir los malos tratos y tratar de encubrir el asesinato).

Como afirmó el fiscal del caso, Jonathan Hatami, el acusado “admitió que golpeaba a Gabriel más fuerte que a nadie más. Admitió haberle golpeado 10 veces en la cabeza. Estamos hablando de un hombre de 1,87 de estatura y 122 kg. Le golpeó 20 veces en el cuerpo y admitió que llegó a perder la cuenta.” La motivación del asesinato, como expuso Hatami durante los alegatos iniciales del juicio, fue la homofobia: tanto Pearl como Isauro estaban convencidos de que el niño de 7 años era gay. Aunque el abogado de Aguirre admitió que su defendido había maltratado al niño, aseguró que el motivo fue “un arranque de ira cuando Gabriel le dijo a su madre que dejara a su novio“. Pero el fiscal, que enseñó al jurado fotos que mostraban el estado del cuerpo del niño cuando llegó al hospital, aseguró que Isauro obligaba a Gabriel a vestir con ropa de chica para ir al colegio. Según el fiscal, a Isauro no le gustaba Gabriel y pensaba que era gay, y ésa fue su motivación para tratar así al pequeño: “Lo último que vio Gabriel fue a este hombre lanzándose sobre él y golpeándole hasta la muerte“.

Isauro Aguirre y Pearl Fernández

La fiscalía también acusó a la pareja de haber disparado al niño con una pistola de balines y haberle obligado a dormir en un armario mientras sus hermanos y hermanas lo observaban todo. Los primeros testimonios en el juicio contra Aguirre (la madre y el novio tuvieron juicios separados) fueron los de los paramédicos que aseguraron que el niño tenía marcas de estrangulamiento alrededor del cuello, los tobillos hinchados y lo que parecían quemaduras en las palmas de las manos. Además el cuerpo del niño presentaba mordeduras, arañazos y fracturas craneales; le faltaban dos dientes y tenía perdigones incrustados en la ingle y en sus pulmones.

Finalmente tanto la madre como el novio han sido condenados por el asesinato del niño. A ella le ha caído una cadena perpetua (aunque la fiscalía pedía la pena capital) y a él, tal y como recomendó el jurado al juez George Lomeli, la pena de muerte.

Los trabajadores sociales y su equipo legal durante la vista preliminar. (Foto: Marcus Yam / Los Angeles Times)

Hay otro juicio pendiente por este caso del que aún no se conoce la sentencia: el juicio contra los trabajadores sociales que presuntamente no solo ignoraron la situación sino que falsificaron los informes sobre Gabriel para ocultar los signos de maltrato. Cuatro trabajadores de los servicios sociales de Palmdale (Stefanie Rodriguez, Patricia Clement, Kevin Bom y Gregory Merritt) fueron acusados por la jueza Mary Lou Villar de negligencia criminal al considerar que la muerte de Gabriel podría haberse evitado si los trabajadores sociales hubieran prestado atención a las “banderas rojas” que había “por todas partes“: “La madre de Gabriel estaba en el sistema. Eso es una bandera roja. Faltaba al colegio, tenía heridas y su profesora dio aviso” explicó la jueza, “Todo eso muestra que la madre no cooperaba y las partes deberían haber sabido que algo no iba bien“.

El caso contra los trabajadores sociales se basa, entre otras cosas, en el testimonio de la profesora de Gabriel, Jennifer García, que denunció varias veces el caso a los servicios del condado. A pesar de las múltiples llamadas que la profesora realizó a los servicios sociales por las heridas que Gabriel presentaba (desde arañazos por ser golpeado con un cinturón hasta disparos de perdigones), García testificó que perdiói la esperanza porque el niño seguía bajo la custodia de su madre.

Fuente | Instinct Magazine

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