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A pesar de las trabas impuestas por la ciudad de San Petersburgo, unas 100 personas se reunieron el pasado sábado en los Campos de Marte para celebrar el Orgullo LGBT.
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Con unos 100 asistentes, fue la concentración del Orgullo más grande desde 2010.
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La policía, que vigiliaba a los manifestantes, no hizo nada para evitar los ataques de un grupo de extrema derecha y acabó deteniendo a una activistas lesbiana.
El pasado sábado 12 de agosto se celebró, casi por sorpresa, una concentración del Orgullo LGBT+ en San Petersburgo, Rusia. Y si te digo «por sorpresa» es porque así fue y si te digo «Rusia» ya te puedes imaginar que la cosa muy tranquila no fue.

Aunque las autoridades de San Petersburgo autorizaron una concentración del Orgullo en 2014, limitada a la «zona de libertad de expresión» en los Campos de Marte de la ciudad, para la de este año intentaron poner todas las trabas que pudieron. De las cuatro propuestas que los organizadores presentaron a la ciudad tres fueron rechazadas porque los lugares en los que se celebraban estaban en obras; «si lees los periódicos, se supone que están haciendo obras públicas intensivas en esas calles» explica el activista Yuri Gavrikov, «pero si vas allí verás que no están haciendo nada ni han empezado ninguna.»
La cuarta propuesta fue celebrarlo en los Campos de Marte, dentro de esa zona de «libertad de expresión», pero las normas de esos lugares prohíben que se celebre más de un evento el mismo día y, casualmente, el sábado se celebraba una concentración en memoria de los caídos en la Segunda Guerra Mundial. Concentración a la que acudieron cinco personas. Como explica el propio Gavrikov, la creación de pseudo-eventos para frenar las concentraciones del Orgullo es una estrategia habitual del Ayuntamiento de la ciudad.
Pero finalmente un centenar de personas (el número más grande desde la marcha de 2010) se atrevieron a acudir a los Campos de Marte y ondear sus banderas LGBT, en mitad de un fuerte dispositivo de seguridad (que les vigilaba a ellos, obviamente) y las protestas de los 5 asistentes al otro evento. Entre los asistentes a la marcha había personas como Dmitry, un chico heterosexual que acudió porque «estar aquí, para mí, es una cuestión de solidaridad.»

«Todo el mundo tiene sus propias razones para venir al orgullo» explicaba Sveta, una activista lesbiana, «muchos de mis amigos no han venido porque tienen miedo a ser discriminados en el trabajo, a perder su empleo o a que les expulsen de la universidad.» Desde que en 2013 Rusia aprobó la ley contra la «propaganda homosexual» celebrar una marcha del Orgullo puede suponer una multa de hasta 500.000 rublos (unos 7.000€). Curiosamente Gavrikov fue uno de los tres activistas que llevó esa ley ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que condenó al país por una ley que se consideró discriminatoria y cuya única utilidad era fomentar la homofobia y el estigma. Europa condenó al Kremlin a pagar a cada uno de los tres activistas 7.500€ como compensación, dinero que Gavrikov aún está esperando.

Pero a pesar de la vigilancia de la policía antidisturbios la marcha fue víctima del ataque de un grupo de extrema derecha que invadió el recinto (recordemos, una «zona de libertad de expresión») y atacó a los manifestantes con spray de pimienta, hiriendo a 15 personas. Varios asistentes y periodistas han denunciado la pasividad de la policía ante los ataques. Boris Vishneysky es uno de los siete legisladores de la ciudad que han enviado una carta al jefe de policía de la ciudad exigiendo una investigación que aclare lo que ocurrió en la manifestación.

Lo que sí hizo la policía fue detener a la activiasta Anna Grabetskaya, que acudió a la marcha con una bandera LGBT alrededor del cuerpo y un cartel en el que se leía «Amo a mi esposa«. La policía ha dicho que detuvo a Grabetskaya después de darle 10 minutos para dejar para que dejara de infringir la ley, pero en cuanto Anna se separó unos pasos del grupo en el que estaba siendo retenida la policía la detuvo acusada de desobediencia y de participación en un evento público sin autorización.
Desde la Russian LGBTI Network han publicado un vídeo de la detención de Anna asegurando que la activista no llegó a separarse realmente del grupo y que no opuso resistencia a la detención; además denuncian que todas sus pertenencias, incluido su teléfono móvil, fueron requisadas por la policía. La esposa de Anna, Maria Kozlovskaya, ha explicado que no tiene noticias sobre la situación legal de Anna pero cree que está siendo retenida por la policía durante 10 días.
Fuente | Moscow Times – Pink News











