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Un estudio de la Universidad de Uppsala compara a los niños y niñas de guarderías de género neutro con los que van a guarderías tradicionales.
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Los niños y niñas de los centros neutros son más propensos a relacionarse sin aplicar estereotipos de género, lo que, según los investigadores, les ayudará a desarrollarse en el futuro.
¿Quién se iba a imaginar que los niños y niñas que van a guarderías de género neutro eran más propensos a jugar entre ellos sin importarles el género ni aplicar roles heteropatriarcales? ¿QUIÉN?

Pues aparentemente los del Child and Baby Lab de la Universidad de Uppsala, que en colaboración con varios investigadores americanos e ingleses han realizado un estudio que demuestra justo eso: los niños y niñas que van a guarderías de género neutro son más propensos a relacionarse con otros niños del género opuesto que los que van a guarderías tradicionales.
Para realizar el estudio los investigadores han analizado el comportamiento de 30 niños y niñas que van a guarderías de género neutro y de 50 que van a guarderías tradicionales, todas en Suecia. Como no hay muchas guarderías de las primeras la muestra no podía ser mucho mayor, pero los resultados son bastante convincentes. Lo que descubrieron, aunque era bastante evidente (pero siempre va bien tener datos empíricos en la mano para tirárselo en la cara a más de uno), es que los menores que acuden a guarderías en las que no se enfatizan los roles de género asumen menos cosas como propias de un género y se relacionan más con el resto de menores sin importarles el género; lo que en opinión de uno de los investigadores, el Dr. Ben Kenward, les ayudará a desarrollarse: «Si no te limitas a ti mismo en cuestiones de género, tienes más oportunidades de desarrollo, aprendizaje y de exponerte a situaciones que te permitirán crecer. Por ejemplo, si eres una niña y no evitas jugar con juguetes de construcción o si eres un chico y no evitas jugar a las familias. Los niños y las niñas pueden aprender mucho a través de esas oportunidades.»
Los investigadores tuvieron en cuenta que muchas familias podían haber elegido conscientemente esas guarderías de género neutro, lo que podía indicar que la propia familia también educaba a los menores y por lo tanto no todo era mérito de la guardería. Pero cuando sacaron del estudio a las familias que habían elegido esos centros se dieron cuenta de que los resultados eran idénticos. Las guarderías de género neutro evitan, por ejemplo, utilizar pronombres de género (utilizan el nombre o un pronombre nuetro), tienen todos los juguetes a la vista y animan a cada niño o niña a jugar con lo que le apetezca y los libros están cuidadosamente seleccionados para que no representen roles de género tradicionales: «Evitar jugar con niños del género opuesto implica que no vas a experimentar cierto tipo de interacciones que pueden ayudarte en el desarrollo. Creo que se puede asegurar algo así sin crear controversia, y puedes basar esa afirmación en la literatura científica. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que jugar con bloques de construcción, algo que muchas niñas no hacen, es una actividad que ayuda a desarrollar la habilidad de conocimiento del espacio.»
Aunque hace tiempo que existen estas guarderías de género neutro aún no se había publicado ningún estudio que demostrara las diferencias entre los menores que van a ellas o los que van a guarderías tradicionales: «Hay una larga tradición en Suecia de hacer investigaciones sobre el resultado de diferentes prácticas educativas, pero ésta es la primera vez que una investigación ha comparado cómo es el comportamiento de estos preescolares de una forma cuantitativa y estadística«, explica Kenward.
Fuente | The Local











