Una encuesta revela que los gays de «actitud hetero» creen que los gays con pluma les dan «mala fama».
Si alguien me pregunta cuál es el objetivo último de esta web, creo que la respuesta sería demostrar que se puede ser maricón y gilipollas. Que una cosa no está reñida con la otra. Y mira, por fin hay un estudio sociológico que lo demuestra.
Una encuesta realizada por Cal Strode a 280 hombres gays de Londres y California es justo lo que llevo años esperando para poder aclamar a los cuatro tiempos que el hecho de que te gusten los penes no significa que no puedas ser imbécil. Y es que resulta que los hombres que han contestado a esa encuesta y se identifican como de apariencia heterosexual aseguran que «los hombres gays femeninos dan mala fama a los hombres gays como yo.»
De los 280 hombres encuestados, un 56% se identifica como de apariencia heterosexual, y de esos hay un 37% que asegura que los tíos con pluma dan mala fama a los machotes del MascXMasc, los del «fuera del ambiente«, los de «si soy gay es porque me gustan los tíos, no las locas.» ¡Un aplauso para ellos!
Otra cosa que ha descubierto el señor Strode en la encuesta, aunque realmente no hacía falta una encuesta para saberlo, es que los hombres gays que dicen tener apariencia de heterosexual no suelen percibir interacciones negativas (es decir, homofobia) en su entorno, mientras que un 25% de los que no tienen esa «apariencia hetero» (vamos, los que tienen pluma) sufrieron acoso homófobico en la escuela.
Además un 33% de los encuestados asegura no haber experimentado ningún prejuicio basado en su orientación sexual en los últimos 5 años, mientras un 35% asegura identificarse más con la comunidad heterosexual que con la homosexual. Pero hay algo aún peor: los de «apariencia hetero» aseguran que además de no experimentar homofobia creen que es menos probable que la discriminación les afecte… y en caso de que se encuentren con homofobia (hacia ellos o hacia otro hombre gay) no piensan hacer nada para enfrentarla.
Mientras que los que sí experimentan la homofobia no sólo están dispuestos a enfrentarse a ella sino que prefieren luchar para cambiar las cosas dentro de su grupo que salir de él.
Ahora sí, en serio, un aplauso para ellos:
Según Strode, estos descubrimientos se alinean con lo que solemos percibir dentro de la comunidad gay: «los hombres gays más femeninos se encuentran en mitad del fuego cruzado que los hombres que se auto describen como de ‘actitud heterosexual’ tienen consigo mismos. La forma en que los hombres gays se venden a si mismos es más visible que nunca gracias al auge de aplicaciones como Grindr. Esto lleva a que cosas como la plumofobia salga a relucir, y necesitamos aprovechar cualquier oportunidad que surja para luchar contra eso.»
Evidentemente Strode no habla de «plumofobia» sino de «femfobia«, pero así lo entendemos todos mejor.
Lo que hace que este estudio (que por cierto, es de hace un par de años y ganó una beca EUPRERA, aunque se ha hecho público ahora) sea muy interesante es que Strode relaciona directamente lo de la «pinta hetero» con la homofobia interiorizada. Según él, en lugar de demonizar a los gays que dicen tener «pinta hetero» lo que hay que hacer es que se den cuenta de que tal vez hablen desde esa homofobia: «No podemos esperar que todo el mundo tenga el conocimiento académico necesario para entender la opresión, el privilegio o el rol que cada uno juega en estas cosas; así que tenemos que encontrar formas constructivas de comenzar conversaciones y retar a la gente de formas que nos unan a todos.»
En el fondo todo esto responde a la fatídica idea de la «normalización«. Sí amiga: la «normalización» es una de las cosas más nocivas a las que puede aspirar el colectivo LGTBI por el simple hecho de que (en este contexto) todo es normal. Uno no es más normal que otro por no tener pluma, pero como el no tener pluma te ayuda a integrarte en un grupo social que se percibe como «superior«, acabas estableciendo una lucha interna que es lo que se conoce como homofobia interiorizada: actuar siguiendo los mandatos homófobos de la sociedad (¡EL HETEROPATRIARCADOOOOOO!) sin percibir esa homofobia porque formas parte de ella.
Fernando López, uno de los organizadores del Pride de San Diego, compara esa situación con la de los hombres latinos que cambian sus nombres para que no se les identifique como latinos: «vemos a gente latina cambiando su nombre -lo que en California llamamos ‘blanquear tu nombre»-. Conozco a muchos que se hacen llamar John, por ejemplo, cuando su nombre es Juan. O Michael, cuando su nombre real es Miguel.»
López explica estos cambios a la hora de venderte a ti mismo (utilizar otro nombre, señalar que tu actitud es hetero) con ese ejemplo, dejando claro que la migración social de un grupo a otro que se percibe como de más estatus es algo habitual en los grupos estigmatizados, pero sólo funciona si las líneas entre los dos grupos resultan permeables para los individuos que pueden pasar de uno a otro. Es decir: si cuela.
Eso lleva a que muchos hombres gays renieguen de la pluma porque si pueden «pasar por» heteros no experimentarán homofobia; pero también lleva a que los que no pueden/quieren «pasar por» heteros se impliquen más en la lucha contra la discriminación porque es algo que han vivido de primera mano. «No es algo nuevo, pero ciertamente es más visible por las aplicaciones tipo Grindr y otras webs de contactos en las que la gente puede venderse. La tendencia de muchos hombres gays a utilizar lenguaje hiper-masculino es un síntoma.»
¿Cuántas veces te ha entrado alguien por Grindr con un «ey, tío» o un «qué pasa, chulo»?
«Es interesante» explica López «porque los medios al prinicipio sólo retrataban a los hombres gays como esa especie de caricatura hiper-afeminada. Los hombres gays de los 70 comenzaron a rebelarse contra eso y de ahí viene todo el movimiento del culturismo. Ahí se inició la tendencia de los 70 de hombres rudos con barbas y montones de pelo. Todos llevaban franela, botas de trabajo… Ese estilo fue una decisión muy intencional de hiper-masculinizar a la comunidad gay, como forma de lucha contra los medios dirigidos por heterosexuales. Hoy en día parece que cada vez más gente está luchando, pero contra ellos mismos.»
Fuente | San Diego Gay & Lesbian News















