La semana pasada un caso de discriminación homofóbica agitó tanto a la socidad portuguesa que provocó la comparecencia en el parlamento del mismísimo ministro de defensa, así como la dimisión del jefe del Estado Mayor del Ejército. Una noticia que no sólo sorprende por la rápida actuación de las autoridades militares y más aun con este resultado. En la Península Ibérica, al menos de este lado del Miño, no estamos muy acostumbrados a ver cómo una discriminación de este tipo es tomada tan en serio y que además tenga consecuencias: ya sabéis que asumir responsabilidades no es algo muy propio de nuestra casta política.

El Colégio Militar de Lisboa es una escuela pública que depende, como su nombre indica, del Ejército portugués. Se trata, en principio, de una escuela como cualquier otra, en la que se puede estudiar educación primaria y secundaria, con la diferencia de los alumnos estudian, además, instrucción militar, equitación y esgrima.

Fue fundado en 1803 para proporcionar educación a los hijos de los oficiales de los regimientos. Todavía conserva un cierto carácter clasista (en él siguen estudiando hijos de militares, de políticos y de algunos funcionarios), aunque después de una profunda reforma (en la que se buscaba, entre otras cosas, abrirse a la sociedad un poco más) el alumnado es más variado y ahora es un centro de enseñanza mixta en el que un tercio de los inscritos son de sexo femenino.
Como os decíamos más arriba, la semana pasada se destapó en prensa la discriminación que sufren los alumnos no heterosexuales del centro. Todo empezó con la publicación de un reportaje en el Observador sobre la vida en el Colégio Militar, en el que comparaban el día a día de los alumnos con estar encerrados en la casa de Gran Hermano. También se comentaba que, a pesar de los intentos de modernizar la escuela, quedaban algunos tabúes, entre ellos el de la homosexualidad.

En la entrevista, el director intenta justificarse primero diciendo que hasta hace poco éste era un motivo de expulsión directa del ejército portugués, para luego enredarse en una historia sin pies ni cabeza de que los alumnos carecen de intimidad (sobre todo los que estudian en régimen de internado) «para poder vivir como hermanos que son» y que en ese contexto «es bueno que no haya relaciones afectivas«.

Al final, aunque insistió en que el centro no expulsa a nadie por su orientación sexual, son los propios alumnos los que se ocultan o se excluyen. Es decir, después de dar vueltas terminó diciendo que aunque nadie lo dice expresamente, lo mejor es que no hagan su homosexualidad pública y visible y que eso es algo que aprenden ellos solitos, dado el clima del colegio.
Portugal es uno de los pocos países del mundo en el que la discriminación por orientación sexual está expresamente prohibida en la Constitución, y desués de estas declaraciones el ministro de defensa pidió explicaciones a los máximos responsables de la institución. No sólo eso, lo hizo además dejando claro que el Ministro de Defensa no admite este tipo de comportamiento, siguiendo las leyes y la Constitución portuguesas. ¿Os imagináis algo así en España? Pues nosotros tampoco.

En el parlamento, el Bloco de Esquerdas pidió la dimisión del responsable de la institución educativa y efectivamente, el pasado viernes el jefe del Estado Mayor del Ejército presentó su carta de dimisión, y esta ya ha sido admitida por el ministro de defensa y por el presidente de la República.
Otro ejemplo (y son muchos) de cómo en muchos aspectos Portugal es un país socialmente más avanzado y más europeo de lo que a veces nos creemos en España
¡Ay!, Portugal; ¿por qué te quiero tanto?
youtube.com/watch?v=1nTDhQ-fCJk
Fuente | Dezanove









