¿Qué veis en esta foto? ¿En serio no veis nada más que un tigre y una cabra? Bueno, nosotros tampoco, pero así estamos de miopes maricones perdidos. Amigas, esto es muy serio: para algunos, esta foto representa un ataque a los valores más sagrados de la famila tradicional y natural. Así de fuerte. Ya sabéis lo frágil que es la llamada familia «natural«, sobre todo en países como Rusia, en los que hay que protegerla tanto.
Seguramente conocéis ya la historia de Amur y Timur. Son amigos y compañeros y residentes en un zoo de Vladivostok, aunque ahora ya no se hablan. Amur es el tigre y Timur la cabra (un macho cabrío,en realidad) que iba a ser su deliciosa comida. Porque los tigres, queridos niños, no comen cereales cubiertos de azúcar, comen carne. El caso es que, por lo visto, los tigres no comen animales que no demuestran miedo a ser devorados, por eso el comportamiento de la cabra desconcertó a Amur y no se la comió. A partir de ahi empezó una preciosa amistad entre los dos que fascinó a toda Rusia.
Pero siempre hay alguien que quiere pensar más que los demás, y ya de paso aguarnos la fiesta. Donde todos vemos dos animalitos cuquis, Alexei Krestianov, un abogado de Novosibirsk (la tercera metrópolis del país) vio propaganda gay. Muy fuerte, dos animales machos, ahí todo el día sin hacerse sangre ni nada, conviviendo el uno con otro y siendo tan amigos… ¡inconcedible!

«La historia de Amur y Timur muestra de forma positiva la cohabitación no tradicional de dos animales machos. Es una intrusión en la vida privada de los ciudadanos menores de edad y propaganda homosexual encubierta»
También añadió que la historia pueda alterar la formación de los menores, «causándoles confusión sobre su identidad sexual» y «despertando su interés en relaciones sexuales no tradicionales».

Ya lo sabéis. La identidad heterosexual es tan frágil que basta ver una cabra y un tigre (que ni siquiera tienen relaciones sexuales entre ellos) para que tú te cuestiones tener relaciones con personas de tu mismo sexo y te pases al lado oscuro.
Ahora Amur y Timur duermen separados, pues al tigre no le hizo gracia una broma de la cabra y la lanzó volando, literalmente, de un zarpazo. Que nosotros sepamos, el pobre Timur está sano y salvo, aunque quizás un poco atontado del golpe que se dio al caer.

Así que nuestro querido Krestianov puede descansar tranquilo. De todos modos, estamos de acuerdo en una cosa, amiga abogada: esto no es natural; pero no porque dé lugar a que la gente se vuelva marica. No es natural que los tigres y las cabras vivan y jueguen juntos, para empezar. No son amigos. Los tigres comen cabras y, además, ¿dónde se ha visto que una cabra acose a un tigre corneándolo? Contranatura de toda la vida, así de claro. Pero a los rusos les da igual, y ellos, a lo suyo. La vida sexual de millones de sus ciudadanos les molesta porque les parece contraria a la naturaleza, pero una cabra y un tigre con un comportamiento totalmente antinatural les fascinó y los tuvo enamorados.
Fuente | Moscow Times









