Fue el gran escándalo del verano del año pasado aunque los medios LGTB españoles pasaron muy de puntillas sobre el tema. Y eso que es algo lo suficientemente importante como para que todos estemos preocupados (y es algo que, además, seguro que le ha jodido la existencia a más de un conocido tuyo).
El FBI, la NSA y la policía de Nueva York irrumpían a lo loco en las oficinas que la web Rentboy.com tenía en Manhattan y detenían a su CEO, Jeffrey Hurant, y siete personas más acusándoles de un montón de cosas y cerrando la web porque, según decían, era un «burdel online«. Rentboy.com era una página en la que diferentes chicos ofrecían servicios de compañía, pero las autoridades estaban decididas a acusarles a todos de proxenetismo, de blanqueo de capitales y de cualquier cosa que se les ocurriera.
A pesar de las protestas por parte de muchos activistas LGTB (y no sólo LGTB), finalmente la fiscalía federal ha acusado formalmente a Jeffrey Hurant de proxenetismo. Los otros seis acusados, según parece, han llegado a un acuerdo con los fiscales. Además las autoridades han requisado todos los activos de Hurant y de la empresa (recordemos cómo Hurant tuvo que vender absolutamente todo para poder pagarse su defensa) y también han expresado su intención de retener permanentemente el dominio Rentboy.com.
El abogado de Hurant, Michael Tremonte, pretende plantar cara a todas las acusaciones y está decidido a que absuelvan a su cliente de todos los cargos cuando comience el juicio. Y es que según ha declarado, los cargos que el gobierno tiene contra Hurant son totalmente injustificados: «Dirigió su negocio de forma pública durante 20 años, y no tiene ningún sentido señalarle únicamente a él en un procedimiento criminal.«
Lo malo de esta acusación es que los cargos contra Hurant se han ampliado hasta límites (sí, lo voy a decir) absurdos. Según la fiscalía, Rentboy.com no verificaba la edad de los escorts que se registraban en la página (lo que llevó a que hubiera menores ofreciendo «servicios sexuales») y, además, acusan a Hurant de hacer negocios con una agencia de escorts de Florida a la que se acusó en su momento de «engañar» a jóvenes húngaros para obligarles a trabajar como esclavos sexuales.
La decisión, por supuesto, ha cabreado aún más a los activistas que protestaban a las puertas del juzgado de Brooklyn en el que se tomó la decisión. Bill Dobbs, uno de los que organizaron la protesta, lamenta que las autoridades federales carguen de forma tan desproporcionada mientras no parecen hacer nada por investigar la muerte de Eric Garner (un joven negro que murió asfixiado por la llave que un policía le hizo para inmovilizarle). De hecho esa misma protesta la publicó no hace mucho el New York Times en un editorial que se preguntaba si es inteligente que el gobierno gaste tiempo y dinero «convirtiendo a los gestores de la web en criminales, mientras crímenes mucho más serios como el tráfico de seres humanos o la explotación sexual, no se castigan«.
El Times, además, recordaba uno de los argumentos más utilizados por los activistas que defienden a Hurant, y es que la desaparición de Rentboy.com ha provocado que muchos trabajadores sexuales pierdan una «alternativa mucho más segura que pasear por la calle o confiar en chulos.«
Además los mismos activistas denuncian que el texto que redactó la fiscalía era «asquerosamente lascivo«, ya que incluyeron varios de los fetiches que algunos usuarios tenían en sus perfiles (como el uso de pañales, zapas, el spanking, cuero o los «deportes acuáticos») con el único motivo de escandalizar al gran jurado que finalmente ha decidido imputar a Hurant.
Habrá que ver si a alguien se le encienden las neuronas y todo esto queda en nada o si el futuro de Hurant sigue complicándose aún más.











