No. Esta noticia no es ninguna broma. Aunque salió publicada hace unos días, la hemos descubierto ahora y no salimos de nuestro asombro. Resulta que un funcionario del SEPE atendió a un profesor homosexual que acudió a buscar trabajo y anotó que la dirección del mismo era «Plaza Marica». El individuo argumentó que se había confundido puesto que quería poner «Plaza América» y oye, un baile de letras lo tiene cualquiera… sino fuera claro, porque el profesor no vivía en ninguna «Plaza América». El buen hombre denunció y, obviamente, los jueces no tragaron con el argumento del funcionario.

En su momento, el autor de la gracieta fue condenado a la ridícula multa de 112 euros y a indemnizar al afectado con la maravillosa cantidad de 90 lereles. Pero ahora resulta que la Audiencia Provincial de Cáceres, aplicando la reforma del Código Penal, absuelve de dichos pagos al trabajador público. Es decir, al funcionario, no es que sea chapero. O al menos, no tenemos constancia de ello.
Según la Audiencia, «en la medida en que se ha despenalizado la conducta por la que se le condena, debe absolverse al imputado» así que la broma le ha salido gratis. Todo esto mientras ahora los políticos se pelean por presentar leyes integrales sobre transexualidad o planes para combatir los delitos de odio. Y mientras ellos se dedican a salir en la foto, la realidad es ésta. Que un funcionario en ejercicio de sus funciones insulte a un ciudadano por su orientación nos parece reprobable, sancionable y sobre todo, triste.
Y no, que no venga nadie diciendo que llamar a un homosexual «mariquita» no es para tanto porque sí lo es. Maricones más grandes que nosotros, ninguno, pero cuando las palabras se utilizan para humillar, vejar y discriminar, no debemos dar ni un paso atrás, que es precisamente, lo que se ha hecho.
Fuente |El País









