Vamos a hablar de dos cosas que nos gustan: Noruega y los noruegos; y de dos cosas que no nos gustan: el fútbol y la homofobia.
El pasado fin de semana dos equipos de fornidos hombres noruegos jugaban un partido de fútbol de la primera división. El Baerum SK y el Sandnes Ulf estaban ahí chutando pelotas p’arriba y p’abajo (no me hagas explicarte cosas de fútbol que bastante tengo con escribir nombres nórdicos sin equivocarme) cuando un jugador, Simen Juklerod, insultó a otro llamándole «gay».
Y el árbitro, que pasaba por ahí y lo escuchó, le plantó una tarjeta roja en la cara y lo echó del campo. Podéis ver el vídeo (en el que no se oye nada pero es guay ver la cara del jugador cuando le echan) haciendo click aquí.
Hace un par de años, en otro partido de la liga noruega, un árbitro le sacó una tarjeta amarilla a un jugador por utilizar un insulto homófobo. Desde entonces los árbitros han debatido mucho sobre el tema y finalmente el jefe de todos ellos (un señor con un pito muy grande, imaginamos) les dio la orden de que si lo escuchaban claramente y no había duda de que se utilizaba como un insulto, debían penalizar al jugador inmediatamente con una tarjeta roja.
Y a nosotros nos parece más que bien. Nos parece maravilloso.
Juklerod (el jugador al que echaron) ha reconocido que sí, que «hubo un momento en el que no pensé y lo dije, sí. Por supuesto que fui un idiota. Pero creo que eso no es una tarjeta roja.«
Querido Juklerod: probablemente el castigo sea un poco exagerado, pero teniendo en cuenta que vosotros los futbolistas sois (vete tú a saber por qué) referentes y ejemplos para miles y miles de chavales de todo el mundo que crecen y se desarrollan con vosotros como héroes en los que mirarse, está bien que os quede claro (aunque sea a golpe de tarjeta) que la homofobia no es aceptable. Con suerte estas cosas os ayudarán a conseguir transmitir ese mensaje a los que os siguen.
Fuente | The Guardian













