Os voy a contar una de esas historias que van a hacer que te caigas de la silla de risa y te preguntes cómo puede haber gente tan… tan… así, en el mundo.
Viajemos a Denver, Colorado; una ciudad muy bonita y en la que hace un frío de cojones hasta en agosto. O eso me han dicho. En Denver hay una pastelería, Azucar Bakery, que hace unos pasteles monísimos y ricos, ricos. Eso también me lo han dicho.
Un buen día por la mañana un señor entra en la pastelería y dice que quiere que le hagan una tarta personalizada, como las de los programas de Divinity. El hombre tomó asiento y mientras le servían algunas tartas de muestra para que eligiera el sabor, sacó su iPad y empezó a enseñarles imágenes de cómo quería que fuera, más o menos el pastel.
¿Y qué era lo que quería el hombre? Pues algo tipo esto:
Exacto:
Bueno, ésa sería nuestra reacción si nos piden ese pastel. Pero no la de los empleados de Azucar Bakery, porque según explica Marjorie Silva, la dueña de la pastelería, están acostumbrados a hacer tartas religiosas así que para ellos fue como si a ti te piden que te agaches a por el jabón: el pan nuestro de cada día.
Así que muy amablemente, porque el hombre era un solete, le dijeron «¡Claro que sí hombre! ¡Te hacemos un pastel con forma de Biblia y no llamaremos al psiquiátrico!«. Pero el hombre tenía otra petición que a los empleados no les hizo tanta gracia. El señor se sacó el rabo un papel del bolsillo y les enseñó lo que quería escrito sobre la tarta: «Quería que escribiéramos «Dios odia…» y un montón de cosas radicales sobre los gays«, explica Lindsay Lohan.
Lindsay se quedó a cuadros, y más aún cuando el hombre le impidió hacer una copia del mensaje. Aunque Marjorie, la dueña, recuerda que había palabras tan bonitas como «Detestables, desgracia, homosexualidad y pecadores«.
Ante tal tesitura ¿qué hicieron las pasteleras? Pues fueron más educadas que los dueños de otros establecimientos en los que no han querido servir a clientes gays y le dijeron al hombre que ellas le cocinaban el pastel en forma de Biblia y lo que hiciera falta, pero que si quería ese mensaje escrito en la tarta le iban a vender una bolsa con decoraciones y le explicarían cómo hacerlo para escribir esas cosas él mismo. «Evidentemente no tendría el acabado profesional que le daría yo, pero me destrozaría que de esta pastelería saliera un pastel con un mensaje tan lleno de odio escrito por mis propias manos«, explica la dueña.
El hombre, por lo visto, consiguió lo que quería, porque tal y como le dijeron que no iban a escribirle lo que pedía les recomendó que hablaran con su abogado sobre el tema. Y se piró. Horas más tarde volvió a aparecer por la tienda y preguntó si ya habían hablado con un abogado.
«Estoy ocupada» respondió Marjorie «tengo un negocio que dirigir«.
Pero el hombre no se fue y hasta empezó a discutir (sin gritar, toda una muestra de educación) sobre el pastel. La pelea fue tan loca que otros clientes pensaban que Marjorie se estaba negando a hacer un pastel para una boda gay, así que les tuvo que explicar lo que pasaba y el hombre finalmente se fue.
¡PERO VOLVIÓ!
Porque este tipo de gente es como tirar un mojón al mar: por mucha fuerza con la que lo lances, la marea lo arrastra de nuevo a la orilla. Marjorie empezó a asustarse porque no entendía qué coño quería el energúmeno de turno y llamó a su hermano para que le ayudara a echarlo. Al final el «caballero» se largó, gritando un: «¡Tendrás noticias mías!«
Y las tuvieron. En forma de carta de las autoridades explicándole que habían recibido una queja por discriminación en su establecimiento y le pedían su versión de lo ocurrido. Marjorie contestó explicando que en ningún momento se negó a atender al cliente, sólo a escribir el texto y explica que lo que el hombre quería en el pastel era:
«Un libro abierto con las palabras «Dios odia la homosexualidad» y una señal de prohibición sobre dos hombres cogidos de la mano. También quería una escritura y el logo de los Cazafantasmas. (…) Me gustaría aclarar que nunca nos negamos a ofrecerle servicio. Sólo nos negamos a escribir y dibujar lo que para nosotros nos parecía discriminatorio contra los gays. De la misma manera que no haríamos un pastel discriminatorio contra los Cristianos, no haremos uno que discrimine a los gays.«
Marjorie explica que se siente tremendamente confusa por todo lo ocurrido y que no está segura de haber hecho algo ilegal, pero sí algo que le parecía correcto. Además está convencida de que el hombre no apareció allí por casualidad. ¿Te acuerdas de aquella noticia que te contamos hace unos meses hablando de una pastelera hetera (y cristiana) que fue condenada por no querer hacer un pastel para una boda lésbica? Seguro que mientras leías esta noticia te ha venido a a la mente.
Pues resulta que Marjorie, la dueña de Azucar Bakery, había dado una pequeña charla sobre el tema en un mercadillo. Y da la casualidad de que Masterpiece Cakeshop, la pastelería condenada por discriminación, también es de Colorado.
Marjorie sospecha que, desde ese momento, el hombre estuvo ahí erre que erre pensando en cómo joderle la vida a la pobre pastelera: «Seguramente vio la furgoneta rosa de la tienda y a las chicas trabajando aquí y pensó que podía acosarnos.«
Las autoridades han solicitado a Marjorie una última carta y tomarán una decisión en los próximos 30 días.
Me gustaría decirte que te explicaremos lo que pasa (cuando lo expliquen otros, claro, porque yo no conozco a Marjorie). Pero no te prometo nada porque tengo la memoria de Dory y probablemente para cuando esto se solucione yo ya no me acuerde ni de que escribo en esta web.
Pero sí que me acordaré de aplaudir a Marjorie por negarse a discriminar a nadie. Sea de la orientación que sea y tenga las creencias que tenga. ¡BRAVA!





















