Cuando Stephen Habberstad, un hombre de Minnesotta, se casó hace un porrón de años con su mujer ya sabía que era gay. Pero tenía miedo de decirlo por las consecuencias familiares que eso podía traerle. Es una historia que ya conocemos y que hemos visto mil veces a lo largo de los años: hombres maduros que salen del armario después de haber estado casado y tenido hijos porque nunca encontraron el valor de hacerlo antes.
En 2002 Stephen se separó de su mujer, Kimberly, pero no fue hasta 2004 cuando le dijo que era gay. Siempre había sido gay, pero tenía miedo. En 2007 Kimberly solicitó el divorcio y como parte de la indemnización Stephen tuvo que darle gran parte de las acciones de la empresa familiar de los Habberstad, un banco.
Lo que Stephen esperaba ocurrió: su mujer y su familia le dieron la espalda. Lo que Stephen no esperaba también ocurrió: le despidieron de su trabajo en la empresa familiar aduciendo «motivos financieros». Pero ahora un juez del condado de Steele ha condenado a la familia por discriminar a Stephen y considera probado que le despidieron por ser gay.
Cuando Stephen perdió el control mayoritario de las acciones de la empresa, su mujer se alió con la hermana de él para echarle de la empresa. Según el juez Joseph Bueltel, está demostrado que «muchos de los motivos de Kimberly relacionados con este caso se basan en su resentimiento y odio hacia el hecho de que Stephen Habberstad sea gay» y también considera que Stephen fue muy inocente al esperar que su hermana le protegiera durante el divorcio y en la junta de la empresa; cuando en realidad lo que la tía zorra hizo fue aliarse con su ex-cuñada para echar a Stephen.
La hermana, de hecho, llegó a enviar un e-mail a los hijos de Stephen diciéndoles que «vuestro padre ha vivido una mentira durante muchos años y ahora la ha dejado caer sobre las vidas de esta familia, causando mucho dolor.» Un cielo de persona.
Entre las muchas pruebas que la familia presentó en el juicio para defenderse había informes económicos, horarios de trabajo y declaraciones sobre el bajo rendimiento laboral de Stpehen; pero el juez Bueltel considera que todo eso sólo han sido «intentos banales para ocultar la verdad«. Y la verdad, basada en hechos y en testimonios (un testigo aseguró haber oído a una tía de Stephen decir que «tiene que espabilarse, volver al armario y ponerse a trabajar«), es que la familia de Stephen le discriminó por ser gay y conspiró para echarle de su trabajo. Aún así el abogado de la familia Habberstad, en una muestra de cinismo brutal, ha declarado que los familiares están totalmente de acuerdo con Stephen cuando dice que no se debe discriminar a nadie por ser gay o por cualquier otra razón, «y no lo hicieron.»
Bueltel ha condenado a la empresa familiar, Country Bankers Inc., a pagar a Stephen 798.733 dólares en concepto de nóminas atrasadas, 25.000 dólares por daños y perjuicios y al menos 100.000 dólares al año durante 21 años (su expectativa de vida). A eso hay que sumarle un 2.5% anual por la inflación. En total, casi 3.500.000 de dólares; lo que se considera la mayor indemnización que una empresa de Minnesotta paga a un único individuo por discriminarle en base a su orientación sexual.
Eso sí, aunque Stephen se muestra satisfecho y está contento porque esta decisión implica que «podré continuar con mi vida«, el dinero le llegará poco a poco porque el juez considera que no es necesario arruinar a la empresa. Y ha preferido que le paguen dinero y no le devuelvan acciones para evitar que Stephen se vengue de sus familiares.
Pero Stephen no está para venganzas, lo único que quiere es dejarlo todo atrás y disfrutar de su nueva vida en Florida: «Aún estoy intentando superar todo esto. No tuvo nada que ver con cómo se dirigía la empresa. Me despidieron por ser gay, y eso está mal.» Sobre su hermana, Stephen aún no se cree lo que le ha hecho pasar: «No sabía que mi hermana albergaba esos sentimientos. Me entristece mucho. Soy la misma persona que era hace 25 años.»
Fuente | StarTribune













