La Iglesia es amor, como nos han dicho desde pequeños. Quizás por eso parece ser que hay sacerdotes portugueses que tienen tanto amor para dar, tantas cosas que contar, tanta vida por vivir, que se han decidido a poner su grano de arena a las maltrechas relaciones transfrontereizas galaicoportuguesas. Cruzan la frontera y vienen a Galicia a follar como conejos dar lo mejor de sí mismos y a unir fluidos corporales relaciones con los gallegos.

En una carta dirigida al obispo de Oporto y que publicó el diario portugués Correio da Manhã, el párroco Roberto Sousa denunció que varios de sus compañeros follan más que nosotros no son todo lo castos y puros que se supone que tienen que ser : «Sacerdotes que los martes bien temprano por la mañana se reunen en un gimnasio para tener encuentros homosexuales» o que «cuando tienen libre los domingos por la tarde y los lunes se dirigen a Vigo (Galicia) a los bares y saunas gays de la ciudad» . El escándalo es mucho mayor, porque también se habla de curas (suponemos heterosexuales) que pagan coches y otros regalos caros a sus amantes en España, además de abortos.

La prensa portuguesa recogía este fin de semana noticias como esta: «Los bares gays de Vigo registran muchos clientes lusos», algo que por lo que no les darán un Pulitzer precisamente y que nos podían haber preguntado para ahorrar tiempo. En ciudades como Vigo siempre hemos visto muchos portugueses los fines de semana y sabemos que acuden a los bares de ambiente. Por cierto que nos encanta el detalle de preguntarle al dueño de una discoteca si sabe si sus clientes son sacerdotes o no.

Todo esto sale en medio de un escandalo que ya viene de antiguo. El padre Sousa lleva ya un tiempo destapando escándalos de la Iglesia católica portuguesa, inclyendo abusos a menores en la archidiócesis de Braga y desde entonces es algo así como una mezcla de superhéroe con sotana y enfant terrible del clero portugués.

Aparentemente, es muy querido por sus feligreses, pero, muy significativamente, fue apartado de su antigua parroquia y ahora no tiene destino. Mientras tanto, como os podéis imaginar, el obispado dice que todo son habladurías y que lo que quiere este señor es chantajearles. Como siempre, la Iglesia ejerciendo su corporativismo y tapando sus escándalos en vez de reconocerlos y afrontarlos.

A nosotros nos encanta que la campaña de promoción turística «Galicia, ¿me guardas el secreto?» haya funcionado tan bien y que los curas portugueses se lo hayan tomado tan al pie de la letra. Ahora ya sabemos que cuando queramos decirle a uno al oído lo de «Eu quero ser tua, oh-oh-ooh» como Suzy, lo tendremos mucho más fácil de lo que pensábamos y solo tendremos que acercarnos al centro de la perversión ciudad.

Ya estamos montando el equipo especial de investigación en la redacción para recorrer los locales maricas de Vigo para ampliar este reportaje.

Fuente | Dezanove









