Hace bastantes años recuerdo estar en una fiesta de la empresa en la que trabajaba y que empezara a sonar una canción que no conocía. Pero me puse a bailarla porque estábamos borrachos y nos apetecía bailar.  Estaba yo ahí tranquilamente pasándolo bien sin prestarle atención a la letra cuando de repente me di cuenta de que todo el mundo coreaba “Puto con total tranquilidad. Yo empecé a sentirme un poco incómodo, pero no le di importancia porque a lo mejor lo estaba entendiendo mal; por muy borracho que fuera, me sorprendía que mis compañeros de trabajo no tuvieran ningún problema en cantar algo así y no podía evitar pensar si lo cantarían con la misma alegría si la canción dijera “negrata” o “puta“.

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Lo peor (no lo sabía yo) vino en el estribillo, cuando cada vez que gritaban “¡Matarile al maricón!” (porque lo gritaban, como si les fuera la vida en ello) me señalaban a mí. Y lo reconozco: llegué a sentir cierto temor. Porque con cada “matarile al maricón” sus gritos eran mayores y más dedos me señalaban. Y recuerdo mi expresión de tranquilidad forzada porque no entendía qué coño estaba pasando (recuerda, era la primera vez que escuchaba esa canción), no sabía si lo estaba entendiendo bien y tenía a unas doscientas personas coreándolo en mi jeta como locos; con una mezcla de cachondeo y mala hostia en sus caras, lo que sumado al alcohol podría haber llevado a una situación que, por suerte, no llegó nunca.

Sé que ninguno de mis compañeros pretendía darme matarile y que en realidad fue más una broma que otra cosa. Pero es una muestra de que por más que el propio grupo se haya cansado de repetir que el “puto” y el “maricón” hacen referencia a las personas cobardes y no a los homosexuales, es difícil que en mitad de una fiesta la gente se quede con ese mensaje. Lo que se escucha es “maricón“, y al que identifican es al “maricón“. Es como si yo hago una canción que diga “matemos al negro” y luego me escandalizo porque la gente no entiende que me refiero a los empresarios que te pagan con dinero negro, que lo que mi libertad de expresión pretende hacer es concienciar a la gente para luchar contra el fraude fiscal.

Es absurdo, sí. Igual de absurdo que pretender que cuando dices “Matarile al maricón” la gente entienda que la canción les anima a luchar por sus valores y no a matar al maricón. Y más teniendo en cuenta que el “maricón” como insulto se utiliza precisamente en ese sentido, en el del cobarde, el poca cosa, el que nadie quiere ser cuando cantan lo de “maricón el que no bote“.

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Imagínate que entre toda esa turba de gente borracha en la fiesta de mi empresa coreando la canción hay un imbécil que se toma la letra en serio y como ve que todo el mundo está jaleando lo de “Matarile al maricón” piensa que oye, que a nadie le habría parecido mal pegarme un puñetazo.

O (ya que estoy) voy a pillármela con papel de fumar. Imagínate que una noche yo voy por la calle con mi novio y me cruzo con un grupo de chavales que vuelven de fiesta borrachos como cubas y al vernos empiezan a gritarnos “¡Matarile al maricón!” porque acaban de escuchar la canción en una discoteca y les parece gracioso. A mi novio y a mí nos darían un susto de cojones y dependiendo de cómo fuera la broma acabaríamos en comisaría poniendo una denuncia por amenazas (supongo que comprenderás que si esa situación ocurriera no me voy a parar a preguntarles si están expresándose libremente coreando una creación artística o me están amenazando). Y será una denuncia por amenazas si tenemos suerte y, de nuevo, a ninguno se le va la olla y entiende (ya sea por el alcohol o por su falta de intelecto) que si Molotov canta que me pueden partir la cara, me pueden partir la cara.

Te in-Teresa
Insultos hómofobos contra el alcalde de Terrassa

Sí, ya lo sé: el “maricón” de la canción se refiere al cobarde y no al homosexual. Pero de nuevo: el negro es negro y el maricón es maricón.

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El otro día durante los conciertos programados durante las Fiestas de San Cayetano y San Lorenzo en el barrio madrileño de Lavapiés se lió parda cuando en una playlist de las que sonaban entre actuación y actuación sonó a toda pastilla el “Puto” de Molotov. Y se lió parda porque, precisamente, las fiestas están dedicadas este año a luchar contra el machismo y la homofobia.

Desde el Observatorio Madrileño Contra la Homofobia pusieron el hecho en conocimiento del concejal del distrito, Jorge García Castaño, después de que muchas de las personas que estaban en la fiesta les hicieran llegar sus quejas. El concejal se comprometió a ponerse en contacto con los encargados de la carpa en la que sonó la canción, exigirles una explicación y el compromiso de que no volverían a poner la canción. Y por ahora no ha vuelto a sonar. Lo cual es totalmente lógico: no puedes dedicar tus fiestas a la lucha contra el machismo y la homofobia y luego poner una canción que corea “Matarile al maricón” u otra en la que se dice “Si sigues con esa actitud voy a violarte, hey; así que no te pongas alzadita, yo sé que a ti te gusta porque estás sudadita.” (Sí, eso es una letra real de una canción de reggaeton).

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Pero a pesar de que lo que García Castaño hizo fue hablar con los responsables de la música del evento y pedir que seanespecialmente sensibles con las canciones que suenan“; desde el periódico ABC le acusan de “prohibir” la canción; lo que ha llevado a muchos en redes sociales a quejarse por lo que consideran un acto de censura. Censura que el propio grupo Molotov dijo que se autoaplicaría en un concierto hace unos años en Pamplona (aunque no lo hizo) y que sí les llevó a cambiar la letra de la canción en varios conciertos en Estados Unidos cuando desde la GLAAD expresaron su queja por la letra de la canción.

Yo no puedo evitar pensar en aquel gag de Martes y 13 y el infame “mi marido me pega“. En aquel momento el gag resultó un éxito y se ha ido recordando durante años como uno de los momentos más graciosos del dúo. Pero hoy en día es inevitable verlo y sentir una mezcla de vergüenza e impotencia. Los propios humoristas han declarado que se avergüenzan tremendamente de ese chiste, a pesar de que cuando se hizo la sensibilidad de la sociedad contra la violencia de género no era la misma que en la actualidad.

Cierto es que cualquiera con dos dedos de frente sabe que cuando Molotov canta “¡Matarile al maricón!” no te están diciendo que mates a un maricón, que no pasa nada. Pero eso no hace que el mensaje que envía la canción sea aceptable. También es cierto que cualquiera con dos dedos de frente puede ver lo inapropiado de que la canción sonara en esas fiestas, pero para algunos (como el periodista Antonio Maestre) es peor pedir que no se vuelva a poner que el hecho de que sonara. Probablemente porque ellos no han estado en una fiesta rodeados de borrachos (conocidos y desconocidos) gritándote como enajenados que te van a dar matarile.

Pero ya sabes cómo va esto: tiene que venir el hombre blanco heterosexual a decirte con qué te puedes ofender y con qué no. ¡Es una canción! ¡Qué más da! ¡Libertad artística! ¡Libertad de expresión!

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No voy a ser yo el que aplauda la censura. No creo que prohibir canciones como ésa sea una solución para nada, pero sí creo que cuando pones música en un evento (¡sorpresa! ¡soy DJ!) tienes que tener en cuenta dónde estás y quién está escuchando esa música. Es como cuando una travesti hace un show en mitad de un Orgullo y se olvida de que no está en el oscuro escenario de una discoteca a las 3 de la mañana. Que hablar de mamadas, pollas y culos penetrados no es apropiado a las 5 de la tarde con niños delante. “¿Qué hacemos con Átame de Almodóvar?” se pregunta Maestre en su Twitter. Fácil: no ponerla en un acto público como unas fiestas dedicadas a la lucha contra el machismo y la homofobia.

Te in-Teresa
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Así que Antonio Maestre, si lees esto: a mí me parece muy bien que defiendas la libertad de expresión y voy a estar contigo en eso. Pero esa canción no debió haber sonado ahí y no debería sonar en actos públicos como ése. Por muy artística que sea, el mensaje que envía es un mensaje violento que muchos pueden interpretar como que está bien darme matarile. La libertad de expresión funciona en los dos sentidos, y del mismo modo que te digo que Molotov tiene derecho a cantar lo que le dé la real gana también te digo que yo tengo derecho a sentirme ofendido y quejarme si esa canción suena en una carpa municipal.

Y si eso te molesta tienes un problema. Problema que se solucionaría si algún día vivieras la misma situación que viví yo en esa fiesta de empresa. Pero al hombre blanco heterosexual nadie pretende darle matarile. Qué curioso.

Que conste que no tengo ninguna intención de llamar a nadie homófobo. Ni a Maestre, ni a los Molotov, ni a la panda de borrachos que se lo pasaron tan bien en aquella fiesta de empresa. Pero como he dicho ya mil veces en esta web: la homofobia no es una opinión. No está amparada por la libertad de expresión. Del mismo modo que uno no puede hacer apología del terrorismo o del nazismo; del mismo modo que todos condenarían (¡y condenan!) a un cantante que hablara de darle matarile a los negros, a los judíos, a los pelirrojos o a las mujeres, lo lógico es pensar que también condenarían una canción como el “Puto” de Molotov. Pero no.

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Por desgracia la homofobia no siempre se percibe como tal, precisamente porque mucha gente se niega a aceptar que de forma inconsciente están siendo homófobos. De igual modo que cuando Martes y 13 se reían de las mujeres maltratadas no eran conscientes de que lo que estaban haciendo era deleznable. El que escribió la canción probablemente no es homófobo, pero el mensaje que envió con ella es un mensaje homófobo (no sólo por el “matarile“, sino por utilizar la comparación de “maricón” con “cobarde“). El que puso la canción en la fiesta probablemente no es homófobo, pero dio espacio a la homofobia al darle al play.  Antonio Maestre seguramente no es homófobo, pero está intentando colar un mensaje de homofobia como “libertad de expresión” (y no hace falta que te recuerde quién más suele utilizar ese argumento).

Nadie es homófobo, amiga. Pero el “Matarile al maricón” sigue ahí. Y ahí debe seguir. Pero no como una divertida canción que suene en fiestas municipales sino como un error que no debería volver a repetirse.

Hay algo mucho más poderoso que la censura: la condena. Yo no le voy a decir a nadie lo que puede o no puede cantar (aunque si hilamos muy fino, hay varias leyes en este país que me protegen de amenazas como un “matarile al maricón” y ¿por qué no voy a interpretarlo así?); pero sí voy a condenar que se escriban y se difundan canciones con ese mensaje. Del mismo modo que lo hago cuando se trata de un mensaje racista o de un mensaje machista. Sería fantástico pensar que vamos a poner el mismo empeño en condenar eso que en defender la libertad de expresión; pero ¿a quién queremos engañar?

Hace dos meses le dieron matarile a 50 personas en una discoteca Orlando. Qué desgracia. Qué barbarie. Qué titulares más grandes aparecieron en primera plana. Hasta que vieron que el matarile se lo habían dado a 50 maricones precisamente por ser maricones. Ni cobardes, ni afeminados, ni gente que no defendía sus principios. MARICONES.

Ya nadie se acuerda de ellos.

  • Raf Martini

    aunque si hilamos muy fino, hay varias leyes en este país que me protegen de amenazas como un “matarile al maricón”

    Pues no hay que hilar tan fino… Son las mismas que se esgrimen contra los conciertos de Soziedad Alkoholika, Fermín Muguruza, Los Chikos del Maíz o Pablo Hásel. He de admitir que no me he parado a mirar lo que dice el ABC sobre las cancelaciones o peticiones de cancelaciones de esos conciertos (generalmente por parte del PP -¿hace falta que lo aclare?), pero creo que no se habla de libertad de expresión.

    • Raf Martini

      ¡Ay! Me dejo a César Strawberry y su twitter.

      • Hidroboy

        A lo que me refería es que sí hay leyes que protegen contra los delitos de odio y un “Matarile al maricón” es un delito de odio. Da igual cómo se interprete, da igual que el “maricón” sea una metáfora. Incita a la violencia. Si me lo dicen por la calle, lo puedo denunciar. Ayer muchos en Twitter esgrimían la Constitución como marco en el que se regula lo que es libertad y lo que no, pero es que esa frase es un delito. Como le dijo Barbijaputa a Maestre, esa canción incita a matar maricones ¿pero como lo están cantando ya es menos grave?

        Evidentemente es una obra artística, hay libertad, pero eso no implica que no haya consecuencias. Ellos pueden cantar lo que quieran, yo puedo denunciar lo que me parezca denunciable (no me refiero a poner una denuncia).

        En el ABC con respecto a este tema han sido muy sutiles, han dejado caer la idea de la censura pero no han hablado de ella como tal salvo al usar el verbo “prohibir”. El concejal ha aclarado que no ha habido prohibiciones, que respeta la libertad artística pero hay que tener cierta sensibilidad al programar la música en espectáculos así. Y ya está, realmente la noticia no está ahí. La noticia está en el hecho de que una canción como ésa sigue sonando en fiestas populares en pleno 2016 y muchos no quieren hablar de eso porque les deja en evidencia.

        • Raf Martini

          Te entiendo. Lo que quería expresar es que no hace falta rizar el rizo demasiado para tipificar ese verso como delito de odio porque se hace continuamente con otros artistas que a la derecha molestan. Si Molotov en vez de “maricón” dijera “español” (¡¡o “Borbón”!!), seguro que hablaban en el ABC de censura y de prohibir de muy diferente forma y menos sutil. Vamos, que es lo de siempre: si Ahora Madrid (o cualquier candidatura alternativa ciudadana de izquierdas) pide sensibilidad a la hora de pinchar “matarile al maricón”, ya están prohibiendo, dirán en el ABC; si Ahora Madrid no dice nada y la canción versase sobre la masacre colonial española y los abusos conquistadores (que las hay a patadas), ya están permitiendo, dirán el el ABC.

          • Hidroboy

            Ah claro, eso por supuesto. Mira la que se lió con los titiriteros y ahí la intención de la obra era mucho más clara que la letra de esta canción.

    • Risingson

      No estoy nada de acuerdo en que tenga que ver esto con Muguruza o Strawberry, porque en estos casos siempre pienso en lo mismo: quién es el débil. En este caso, el maricón. En el caso Def Con Dos, pues los que no siguen el discurso oficial. Claro que a esto puedes soltar la mentira de que “tachar de homofobia es el discurso oficial” como hacen hazteoir y sus filiales.

      A todo esto, no podía parar de pensar en “matar jipis en las Cíes” de Sinirstro Total, una canción cuyo valor es el surrealismo violento y psicopático que convierte a la violencia en algo absurdo y que muchos punkis tomaban como excusa para dar collejas a los hippies (hay anécdotas de directos divertidas al respecto)

  • Llevo toda la vida escuchando esta canción en las verbenas de pueblo y, aunque el verso es claro, el mensaje es verdad que no lo es tanto y hay gente que lo confunde. A mí lo único que me parece injustificable es que se siga pinchando. ¡Hay que renovar repertorio, por Dios! Y que la vuelvan a pinchar en plan remember dentro de unos años cuando no haya peligro de malentendidos.