Ayer saltó la noticia en todos los medios: los hermanos Wachoski ahora son las hermanas Wachowski. Después de que Lana anunciara que era transexual hace años, ahora es su hermana Lilly (antes conocida como Andy) la que ha tenido que hacer pública su nueva identidad.
Y no nos gusta. Porque ella, en realidad, no quería.
No, no te estoy haciendo un chiste a lo Martes y 13. No nos gusta que Lilly Wachowski haya «salido del armario» como mujer transgénero en plena transición de género porque no ha sido ella la que ha decidido el cuándo y el cómo.
En un comunicado publicado en el Windy City Times (una publicación LGTB de Chicago) Lilly explica por qué ha decidido dar el paso hacia la luz pública en este momento. «IMPACTANTE CAMBIO DE SEXO: ¡¡LOS HERMANOS WACHOWSKI AHORA SON HERMANAS!! Ahí está el titular que llevo un año esperando. Hasta ahora con temor y desesperación. La ‘noticia’ casi se publica un par de veces. Y cada vez iba precedida por un terrorífico mail de mi agente: los periodistas no paraban de preguntar por la historia sobre ‘La transición de género de Andy Wachowski’ que estaban a punto de publicar.«
No deja de ser curioso que Lilly viviera con temor que apareciera ese titular antes de lo que ella hubiera querido, porque al final ha sido justamente el titular que la mayoría de medios han elegido para explicar la noticia. Los Hermanos Wachowski… ¡Ahora son hermanas! Y sí, es verdad que es llamativo, que no es falso y que no tiene por qué ser ofensivo. Pero ¿no es curioso que al final lo que ella temía se acabara haciendo realidad?
En el comunicado Lilly explica que durante mucho tiempo le estuvo dando vueltas a la idea de hacer una incendiaria declaración pública cargada de opiniones políticas, señalando lo peligroso que es sacar a una persona trans del armario. Incluso pensaba ironizar contando la historia de que su padre se había inyectado sangre de mantis religiosa en los testículos antes de concebirles para «producir una especie de súper mujeres, surgidas del infierno para conseguir la dominación femeninia del mundo.«
Pero al final Lilly no ha podido elegir cómo quería explicar que era transgénero. De hecho ni siquiera ha podido elegir si quería explicarlo o no. Un día, estando en su casa, un reportero del Daily Mail apareció en su puerta diciéndole que su periódico (que el periodista insistía en aclarar que no era un tabloide de chismorreos) quería entrevistarla para que explicara su historia porque era «muy inspiradora«.
Cuando el periodista le dejó su tarjeta y se fue, Lilly recordó una historia publicada en el Daily Mail unos años atrás. Era la historia de Lucy Meadows, una mujer transgénero que era profesora de un instituto en Reino Unido. El periódico (recordemos, no es un tabloide) publicó la historia diciendo que Lucy era una mala influencia para los niños diciendo que «no sólo está atrapado en el cuerpo equivocado, también está en el trabajo equivocado.» Meses después de esa noticia, Lucy se suicidó. (En ese caso, por cierto, la policía culpó a la prensa de la muerte de Lucy y el periódico despidió al columnista que había escrito la noticia. 2013. No hace tanto tiempo.)
Así que aunque Lilly sabía que en algún momento tendría que hacer pública su transexualidad, al final ha tenido que elegir este momento no porque fuera el que ella prefería si no porque la otra opción era esperar y que algún medio de comunciación lo difundiera. Una foto, una declaración, incluso un rumor; era todo lo que un periódico necesitaba para presentarle al gran público una historia que para Lilly no es sencilla. Ni para ella ni para ninguna persona transgénero.
Aunque hemos recorrido un largo camino desde El Silencio de los Corderos, aún se nos continúa demonizando y vilipendiando en los medios, en los que se nos retrata como depredadores potenciales para poder prohibirnos utilizar un maldito lavabo. Las llamadas «leyes de los lavabos» que no paran de surgir por todo el país no mantienen seguros a los niños: obligan a las personas trans a utilizar baños en los que pueden ser apaleadas o asesinadas. No somos los cazadores, somos la presa.«
Lilly reconoce que es una de las afortunadas, que tiene una familia que le apoya y los medios para que los mejores doctores y terapeutas le ayuden durante el proceso. Pero no olvida que hay muchas otras personas trans que no tienen ese privilegio y acaban muriendo, ya sea en tratamientos poco recomendables o asesinadas.
Sí, soy transgénero. Y sí, he hecho la transición. Mis amigos y mi familia lo saben. Casi todo el mundo en el trabajo lo sabe también. A todo el mundo le parece bien. Sí, gracias a mi fabulosa hermana ya lo han hecho antes; pero también es que son magníficas personas. Sin el amor y el apoyo de mi esposa, mis amigos y mi familia no estaría donde estoy hoy.
Pero esas palabras, «trasngénero» y «transición» se me hacen difíciles porque las dos han perdido su complejidad ahora que el gran público las ha asimilado. Se pierden muchísimos matices sobre el espacio y el tiempo. Ser transgénero es algo que se acepta desde hace mucho como parte existente de los dogmáticos términos de hombre o mujer. Y «transicionar» implica una sensación de inmediatez, un antes y un después de un término a otro. Pero la realidad, mi realidad, es que he estado haciendo esta transición y la seguiré haciendo durante el resto de mi vida; a través del infinito que existe entre el hombre y la mujer como el infinito que existe entre el cero y el uno binarios. Tenemos que elevar este diálogo más allá de la simplicidad de lo binario. Lo binario es un ídolo de barro.«
Lilly termina su comunicado explicando que si todo el proceso que ha estado viviendo y que vive ahora no fuera lo suficientemente complicado está luchando, además, por entender las teorías queer: «Intento entender las teorías queer y las teorías de género pero es una auténtica lucha, igual que es una lucha entender mi propia identidad.» En su despacho, explica, hay una cita de José Muñoz que un amigo le regaló y que de vez en cuando observa «intentando descifrar su significado«, quedándose su mente fija en la última frase:
La teoría queer trata, esencialmente, de rechazar el aquí y el ahora e insistir en la potencialidad de un nuevo mundo.«
Por eso Lilly se despide diciendo que intentará seguir siendo optimista y añade su hombro a la lucha para «ser un ejemplo de la potencialidad de ese otro mundo.«
La salida del «armario» de Lilly Wachowski ha hecho que muchas asociaciones LGTB de todo el mundo hayan reaccionado casi de inmediato. Algunas, como la GLAAD, celebran que Lilly «sea capaz de vivir como su auténtico ser«. Pero también critican a los medios porque «no debería haber sido obligada a hacer pública su identidad transgénero antes de que estuviera lista para hacerlo. Los periodistas deben aprender que es inaceptable hacer pública a una persona transgénero, del mismo modo que es inaceptable sacar del armario a una persona que es gay, lesbiana o bisexual.«
Sacar a alguien del armario, ya sea publicando una noticia que lo hace directamente o presionando a esa persona para que lo haga ella misma, es una de las cosas más hirientes que un medio de comunicación puede hacer. Una auténtica intromisión en la vida privada de alguien.
El problema, y ahí está el debate, es si se puede comparar el caso de Lilly con el de, por ejemplo, un político o una personalidad pública que de cara a la galería aprueba leyes o actitudes homófobas y discriminatorias pero en privado es homosexual. ¿Se puede (o se debe) responder a esos ataques a las personas LGTB haciendo pública la intimidad del atacante? Eso si realmente sirve para algo, porque ya ha habido casos en los que un político homófobo ha sido pillado en una relación homosexual y ha acabado dándole la vuelta a la historia para vender un momento de flaqueza y una «corrección» de su vida gracias a la ayuda de Dios.
Además sacar a alguien del armario, por mucho que nos parezca que se lo merece, no deja de ser una táctica dañina para el propio colectivo: acabamos utilizando como arma algo que nosotros mismos reivindicamos que no se utilice como arma. Eso sin contar que ya hay personas cuya homosexualidad es pública que no tienen problema en asociarse y trabajar mano a mano con otros que legislan contra el colectivo.
Yo, personalmente, voy a evitar hacerlo. Otra vez. Porque sí, soy consciente de que en el pasado he hecho justo lo que Lilly Wachowski critica en su comunicado. Por suerte las personas aprendemos y evolucionamos (o al menos eso deberíamos hacer todo). Soy consciente al menos de una vez, creo que la única, en la que publiqué en esta página una noticia sobre la identidad de género de una persona pública que no lo hizo público (no la busques, porque ya no está).
En ese momento no conocía la realidad de las personas trans como la conozco ahora, y por eso ahora ni siquiera me plantearía publicar una noticia como aquella. Pero lo hice. No me siento orgulloso y si por algún casual esa persona lee esta noticia, le pido disculpas.
















