Con el Frente Nacional en plena campaña de pinkwashing conservador, Le Pen presenta un documento con propuestas de gobierno que se cargan los derechos de las parejas homosexuales así, a la francesa.

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Tengo un amigo tengo un amigo que su marido se queda mucho en casa que se casó hace tiempo con un francés y hace poco me decía que él no, porque es murciano y le da igual todo en la vida, pero el marido francés está histérico porque como gane la Le Pen se teme que les anulen el matrimonio. Yo le dije que no se preocupe, que estoy convencido de que a estas alturas de la vida nadie, ni Le Pen ni Trump ni Rajoy, se va a atrever a tocar el matrimonio igualitario.

Querido amigo si me estás leyendo: dile a tu marido que puede empezar a preocuparse.

Que Le Pen va de la mano de los homófobos y los retrógrados y los hijos de puta de la Manif Pour Tous no es ninguna sorpresa. Pero hasta ahora ella, que presumiblemente se disputará la presidencia del país con Macron (el candidato al que la derecha acusa de tener un “affaire” gay), no había dicho nada concreto sobre si tenía pensado cargarse o no el matrimonio igualitario que se aprobó en Francia en 2013 bajo el gobierno socialista de Hollande.

El Frente Nacional, el partido de Le Pen, lleva un tiempo intentando hacer algo que, curiosamente, es lo mismo que lleva tiempo intentando hacer el PP en España: una campaña de pinkwashing de tomo y lomo. El partido ha rebajado sus ataques al colectivo LGTB e incluso ha utilizado el terrorismo islámico para crear miedo entre el colectivo por la homofobia de los extremistas. Por supuesto también tienen su ristra de gays conservadores (a lo Maroto) que se están encargando de decir todas esas cosas que suelen decir Maroto, Llopart y compañía. No te las explico porque ya las conoces.

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La Le Pen, por ahora, no ha hablado claramente sobre el tema, pero sí ha metido en un documento de 144 páginas una referencia bastante inquietante sobre lo que pretende hacer. En el punto 87 del documento dice básicamente que quiere mantener la prohibición de la Gestación Subrogada (que, por cierto, es un jardín PRECIOSO) y reservar la PMA (Procréation Médicalement Assistée, técnicas de reproducción asistidas) únicamente para problemas de esterilidad.

Es decir: ni parejas de gays ni de lesbianas, ni mujeres solteras, podrán acceder a esos tratamientos para tener hijos. Se acabó: aquí los hijos los tienen sólo los heterosexuales (o un gay y una lesbiana, pero echando un kiki).

Justo después la propuesta de Le Pen es la de crear una “unión civil” mejorada, que reemplazará a la ley Taubira (nombre con el que se conoce a la ley del matrimonio igualitario) y lo hará sin efectos retroactivos. Porque Le Pen tampoco quiere meterse ahora en el berenjenal de decirle a los gays y lesbianas que ya se hayan casado que ahora sus matrimonios no son válidos, pero sí que pretende impedir que las parejas homosexuales se sigan casando.

Esto haría que Francia diera un paso atrás en la igualdad ante la ley y se plantara justo antes de 2013, cuando las parejas del mismo sexo tenían permitido formar una unión civil, pero no un matrimonio (aquí lo importante no era sólo el nombre, eran también los derechos y obligaciones del mismo). Lo que no queda claro es exactamente qué mejoras quiere añadir a las uniones civiles, aunque huele a movimiento desesperado por equipararlas al matrimonio pero sin llamarlo matrimonio.

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Y así los maricones y las lesbianas puedan pagar los mismos impuestos que los heterosexuales, pero no utilizar el mismo nombre para su “unión”. Cosa totalmente lógica y nada homófoba, claro.

La derecha, que ya sabes cómo son.

[divider]Fuente: Pink News[/divider]