Gracias al soplo de uno de mis amores platónicos he descubierto este artículo de The Daily Beast que me ha cabreado mucho y a la vez me ha cabreado aún más. Porque no hay otra forma de reaccionar a esta noticia que no sea el cabreo más absoluto.
Según la Kaiser Family Foundation, entre 1997 y 2004 en América Estados Unidos MariCarmen se vivió un pico histórico de gente haciéndose la prueba del VIH. Pero desde entonces ese ratio de gente no ha mejorado, de hecho ha ido bajando poco a poco. El motivo, como señala Sally Kohn en su artículo, puede ser la falta de anonimato en los resultados.
En 1997 eran 27 los estados que crearon un registro de nombres de todas aquellas personas que daban positivo en el test. A pesar de la oposición de todos los grupos de lucha contra el VIH, esa medida se ha ido implementando cada vez en más estados hasta que se ha convertido en una medida adoptada por todo el gobierno federal. Sí amiga: si eres seropositivo en EE.UU. estás fichado.
Lo que no deja de ser por un lado irónico (como señala la propia Kohn, el país tiene un registro federal de seropositivos pero no de personas con armas) y por otro lado indignante, porque esa medida manda a tomar por culo la confidencialidad de tu salud. Pero… al gobierno le da igual.
Según los gobiernos de cada estado, este registro se justifica como una medida de «vigilancia del VIH«. Porque evidentemente, como señala la propia Kohn, una enfermedad que ya tiene pocos estigmas necesita tener muchos más:
Soy consciente de que se trata de un término común al hablar de enfermedades infecciosas (por ejemplo, la tuberculosis, que también tiene un registro obligatorio del nombre del paciente y está sometida a la «vigilancia» federal); pero en el contexto de una infección históricamente estigmatizada y que aún tiene un ratio de pruebas y diagnósticos muy bajo, esa práctica y esa terminología son simplemente terroríficas.«
Varios grupos, como la ACLU, han demostrado por medio de diferentes estudios que la obligación de anotar en un registro los nombres de todas las personas que dan positivo en un test de VIH es contraproducente tanto en la lucha contra la enfermedad en la de conseguir que todo el mundo se haga la prueba: «Un estudio descubrió que un 60% de las personas que se hacían el test de forma anónima no lo habrían hecho si su nombre hubiera sido desvelado a las autoridades sanitarias.» Pero por otro lado un estudio llevado a cabo por el Departamento de Salud Pública Nacional demostró que en el área de Nueva York este registro no supuso un descenso en las pruebas de VIH y además ayudó a monitorizar la expansión de la epidemia.
Aún así son muchas (por no decir todas) las organizaciones que se muestran contrarias a esta medida. Y con razón. Desde la National Minority AIDS Council hasta la Gay Men’s Health Crisis; incluyendo a varias asociaciones por los derechos humanos, la ACT-UP, la ACLU y la Oficina del SIDA del departamento de Salud Pública de San Francisco. Según varios de estos grupos es contraproducente recopilar los nombres de las personas positivas sin ofrecerles opciones de tratamiento (sobre todo a aquellos que no tienen seguro médico).
Lo preocupante (por si no resulta poco preocupante ya) es que la práctica de crear un registro de personas seropositivas está siendo estudiada por la UNAIDS (el porgrama contra el Sida de las Naciones Unidas) para implementarla de manera global.
Lo más preocupante es hacer una búsqueda rápida en Google y encontrar en ese pozo de sabiduría que es Yahoo Answers a gente pidiendo no sólo la existencia de ese registro, sino exigiendo leyes que criminalicen a la gente seropositiva:
Aunque un registro sería maravilloso para los no infectados que quieran seguir no infectados, en los Estados Unidos simplemente no se puede hacer. Es todo en pro de la «corrección política». Nadie quiere herir los sentimientos de los demás.«
Que digo yo que en lugar de gastar recursos en señalar (aún más) a las personas seropositivas, podrían gastarse los millones en campañas de concienciación, prevención y anti-discriminación. Que serían mucho más efectivas para, por ejemplo, que la imbécil que escribió esa respuesta sepa un poquito más sobre el tema y deje de tocar los huevos con su serofobia.














