Tres estudiantes de la Universidade de Santiago de Compostela han sido encausados por desórdenes públicos y se ha pedido para ellos una condena de cinco meses de cárcel. ¿El motivo?: entrar en un aula con banderas arcoíris para protestar por la homofobia de un profesor. Sí, habéis leído bien: cinco meses de prisión. Y mientras, dicho profesor, sigue ejercendo la docencia tan tranquilo.
Hay personas que pasan por la universidad, pero la cultura no pasa por ellas. Lo peor es cuando ese tipo de personas son, además, docentes y dicen en sus clases cosas como que «la sociedad está enferma y engañada por la homosexualidad, es un tema sobre el que no se puede opinar», «los homosexuales carecen de hombría y no pueden educar» o «la homosexualidad es contagiosa«. Si ya es grave que estas cosas se digan en una institución científica, imaginad si las dice el profesor de Didáctica y Profesión Docente en la facultad de Magisterio de la Universidade de Santiago de Compostela, una de las universidades más antiguas y prestigiosas de España. Lógicamente, estos hechos se convirtieron en un escándalo que trascendió más allá del ámbito universitario galaico.

Los alumnos de este docente, llamado Domingo Neira, ya denunciaron esas actitudes homófobas, tanto del profesor como del manual que utilizaba, y la universidad abrió la correspondiente investigación. Mientras, el profesor seguía concediendo entrevistas a los medios donde se mantenía en su postura sin el más mínimo pudor o arrepentimiento tras haber asociado homosexualidad con pederastia entre otras muchas declaraciones intolerables en alguien con su cargo y que desde la Xunta consideraron inadmisibles.

En realidad, lo que hizo la USC fue tapar la mierda discretamente apartar al profesor durante unos pocos meses. Volvió en el curso siguiente, eso sí, ocupándose de otra asignatura y después de retirar sus libros de la bibliografía recomendada.
Ante la gravedad de la actitud del profesor, a muchos no les pareció bien este castigo tan suave, y hubo mucho malestar durante el curso. Algunos alumnos esperaron al final de una de sus clases para entrar con banderas arcoíris y protestar contra la decisión de mantener al profesor en un puesto docente. Esta vez, la respuesta de la universidad fue presentar una denuncia por coacciones contra algunos de estos estudiantes, una denuncia presentada por la Vicedecana de la Facultad de Educación y por la Secretaría Xeral de la Universidad.

Esta denuncia es una medida totalmente desproporcionada (creemos que dificilmente se puede hablar de delito de coacciones, ni siquiera de escrache, viendo las fotos, y que además los propios mecanismos disciplinarios de la USC hubieran sido suficientes si de verdad consideraban que estos alumnos merecían algún tipo de castigo) y nos hace pensar que lamentablemente, la universidad prefiere adoptar una postura corporativista y mantener y arropar a este mal docente que difunde estos mensajes de odio, en lugar de plantearse una revisión crítica del tipo de formación que está dando a sus alumnos.
En cualquier universidad occidental de prestigio, actitudes como las de ese profesor serían castigadas con la expulsión definitiva de la docencia, como han pedido algunas asociaciones. Las tres personas encausadas tachan abiertamente, y con razón, de cómplices a la propia directiva de la USC.

Fuente | Praza pública









