Un chico muy mono se muda con su novia a un caserón. El gato se niega a entrar (gato que por cierto, se pasa toda la película maullando sin que nadie le haga caso), y a partir de entonces comienzan a suceder los fenómenos extraños. Unos fenómenos muy gays, porque sí, amiga. Lo has adivinado por el título ¿verdad? Se trata de una versión gay de Poltergeist. ¡Qué lista eres!
Si en la peli de Tobe Hooper las sillas de la cocina se movían solas, en esta versión marica… los fantasmas planchan la ropa. En la peli heterosexual se nos ponían los pelos de punta cuando se abría el armario, y en esta, los armarios son de Ikea y se montan solos. Bueno, solos no. Resulta que la casa está encantada por el espíritu de unos fantasmas maricones homosexuales que murieron en una explosión en un bar de ambiente, así que se pasan el día dibujando pollas penes en las paredes, viéndole el culo al prota y bailando el Rasputín de Boney M. ¿A que mola?
Pues no. A pesar de lo delirante del argumento y de que la premisa es todo lo alocada que nos gusta a nosotros, la película es un despropósito. Mira que nos gusta el cine malo y nos reímos mucho con films que otros tirarían a la basura. Incluso, como ya sabes, nos parece que Perdona bonita pero Lucas me quería a mi es una obra maestra. Pero esto es un bodrio de proporciones cósmicas como 4.0. Igual es porque es francesa. Bueno, no sólo por eso. Es que el director carece del sentido del ritmo. Y de la estética. Y del buen gusto en general. Además los chistes son absurdos y en definitiva, no tenemos nada bueno que decir de ella. No sirve ni para verla con los amiguetes. Así que no pierdas el tiempo con esta basura y ponte a ver cosas más cuquis como las que recomendamos en nuestra sección classic. Pero por si te quedas con las ganas, te dejamos con el tráiler de esta cosa tan infecta:











