¡¡Madre del amor hermoso!! ¡¡Que a la bollera de Justin Bieber nos lo han cambiado!!
Que ya no es ese niñito odioso que cantaba canciones a Jesús nuestro señor (ahora Jesús también es nuestro señor queridos, que dicen por ahí que si nos comemos un rabo pensando en él NO es pecado). Desde ahora Justin va a ser Don Justin Bieber. O mejor dicho, Justin va a ser ese niñato que nos la va a poner bien dura cuando nos cante eso de «Baby, baby, baby, uh, uh!!«.
«Gayperman» Bieber en su último concierto nos muestra como tocarnos al verlo
¿Os acordáis del cuerpecillo tipo «tirillas» del pequeño Just? Una tabla de planchar tenía más músculos que él. Pero claro cariñas, recordad que él era un niño, un teen que aún iba a catequesis los domingos. Ahora la cosa ha cambiado. Ahora Don Justin se va de putas. Y tranquilos que no estamos llamando ramera a nuestra querida Selena Gómez. Como mucho la llamaríamos juguete roto ¡Reina! ¡Y Guapa! Es que se dice, se comenta, se Youtubea, que Justin comparte presuntamente afición con «El Orteguita«, el hijo díscolo de Ortega Cano; el que que frecuenta esas míticas «Casas de Lucecitas«. Pero nuestro Justin tiene más poderío ya que él las contrata y se las lleva a su habitación tras dar sus macroconciertos. Y claro, si te vas de putas tienes que tener un cuerpo diez. O por lo menos quitarte esa escualidez infantiloide.
Ahora Justin tiene músculos y se machaca en el gimnasio (para que nosotros nos la machaquemos con él). Mirad como ha aparecido en uno de sus últimos conciertos que ha dado en Australia. Tiene un rollito muy Belami. Y ya sabemos que los niñatos belamiteros os ponen a pesar de que los osazos empotradores están en alza y aquí en la redacción más aún… Pero un dulce como éste, no le amarga a nadie. Además sus múltiples tatuajes le dan ese plus que le quita su acentuado rubio de camomila del Mercadona.
¿Natural? ¿Ciclado? ¿Silicona?
Tras un exhaustivo análisis del cuerpo de Bieber por los miembros de la redacción, hemos llegado a la siguiente conclusión: El nuevo cuerpo de Justin se merece nuestra admiración y tocamientos a pesar de la gran desproporción que se evidencia entre cuerpo y cabeza. Algunos de nuestros redactores pensaron en regalarle por Navidad un Jes Extender para que se la alargara. Pero hablábamos de la cabeza real, no de la que lleva entre las piernas (de esta aún no tenemos noticias, en cuanto tengamos sabéis que os lo contamos).

















