• La polémica del día en Twitter nos la ha servido una chica súper-feminista que está indignadísima porque los maricones utilicemos el femenino para hablar entre nosotros.

Hoy no está siendo un buen día para Saddy, también conocida como @temporarycarla. Así que la llamaré Carla, porque parece que para ella es importantísimo la forma en que te refieres a otras personas. Y no sé si se llama Carla, pero al fin y al cabo esto va de llamarse como a uno le dé la real gana así que: HOLA, CARLA.

Carla hoy debía tener el día cruzado y ha decidido preguntarse esto en Twitter:

¡Claro que no somos chicas, Carla! Tampoco queremos ser graciosos ni modernos. Pero bueno, hoy tenías el día de querer liarla en Twitter sin informarte de lo que hablas y eso es justo lo que has hecho. Podrías haber preguntado lo mismo de una forma menos ofendidita, pero has preferido darle un tono así como de drama decimonónico porque ¿para qué se inventó Twitter? ¡Para hablar sin tener ni idea!

Obviamente, a la pregunta de Carla le han salido muchas respuestas. La mayoría, como repite constantemente para darse la razón a si misma, de malvados hombres cis-gay.

A Carla, como te puedes imaginar, le están lloviendo palos por todas partes porque Carla no consigue entender que aunque yo a mis amigos les llame “nena” o “tía” no me considero una mujer. Ni me siento mujer. Ni quiero ser mujer. Ni uso a la mujer para reírme de ella. Ni siquiera uso el femenino para señalar que otro gay es femenino: conozco a tíos sin un ápice de pluma que usan el femenino. De hecho insinuar que un hombre cis-gay usa el femenino porque se siente mujer es algo un poquito machista y homófobo. Pero a ella le da igual que le expliquen eso porque ninguna feminista le ha llevado la contraria.

Bueno, sí se la han llevado.

¿Y qué ha respondido Carla, que empezó el día pidiendo que alguien le explicara algo? Pues lo que se responde en Twitter cuando te pillan con el carrito de los helados:

Cristina, por cierto, ha profundizado en la chorrada y lo ha explicado muy bien:

No ataques algo que no comprendes en absoluto, que no te atañe y que no te hace daño, porque la feminidad que se celebra aquí no tiene nada que ver contigo” es probablemente la mejor frase de toda la ristra de tweets que hemos encontrado en el hilo. Y es que Carla, por muy feminista que se considere, lleva todo el día mostrando una profunda ignorancia sobre la realidad del colectivo LGTB.

Ha habido muchos twitteros (entre los que me incluyo) que le han intentado explicarle a Carla lo que a todas luces no quiere entender. Todos sabemos que los hombres gais utilizamos palabras como “maricón” para referirnos unos a otros. “Maricón” siempre se ha utilizado como un insulto, como una forma de menospreciarnos. Y el colectivo gay un día decidió coger ese insulto y apropiarse de él para usarlo como marca de confianza, empoderarnos y que cuando un gilipollas nos llame “maricón” nosotros nos sintamos muy orgullosos de lo que somos. Es lo mismo, básicamente, que hicieron los negros con el término “nigger“: un insulto ofensivo se convirtió en una marca lingüística para mostrar confianza entre ellos; y en una palabra insultante si sale de la boca de un blanco.

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Con el uso del femenino por parte de los hombres cis-gay pasa lo mismo. El machismo proclama que lo femenino es inferior. Más débil, más flojo, menos válido. Por eso a los hombres gais históricamente se nos ha insultado haciendo uso de ese femenino. “Nenaza“, “reina“, “maricona“. Por cierto, Carla, te veo muy preocupada por el hecho de que entre nosotros nos llamemos “guapa“, pero muy poco por el hecho de que un machista homófobo feminice la palabra “maricón” para insultarnos.

Lo que hemos hecho nosotros (y no ha sido de un día para otro, es algo que lleva años de lucha y pedagogía) es apropiarnos de ese insulto, de ese machismo, darle la vuelta y utilizar los géneros a la hora de referirnos a nosotros mismos como nos da la gana.

No es querer ser ultra modernos. No es querer hacer la gracia. Y por supuesto no tenemos envidia de tu vagina. Los hombres gais, por lo general, entendemos que la homofobia proviene del mismo lugar que la discriminación a la mujer: el machismo. Y una forma de empoderarnos nosotros y de empoderar a la mujer, una forma de celebrar la feminidad como algo bueno y positivo, es precisamente referirnos a nosotros utilizando el género femenino. Porque no consideramos que decir “Eeeeeellaaaaaa” o “Nena” sea un insulto, sino simplemente una forma de mostrarnos confianza. De dejar claro que no nos avergüenza que alguien destaque nuestra feminidad. Y, por sorprendente que parezca, de proporcionarnos seguridad los unos a los otros.

Eres tú, Carla, la que cree que lo utilizamos para destacar nuestras características femeninas como si perpetuáramos el insulto; cuando la realidad es que nuestro uso del femenino poco tiene que ver con la expresión de género. Es, aunque no lo entiendas, una forma de reivindicar a través del lenguaje.

¿Y qué dice Carla de todo esto?

El gran problema de Carla es que ella no ha venido a Twitter a debatir ni a aprender. Ella ha venido aquí a sentar cátedra. Así que por más que le expliques cosas como la apropiación del insulto y su fuerza para empoderar a un colectivo, no va a entenderte y si te entiende y se da cuenta de que tienes razón se enroca en si misma. Como cuando le han insistido en que nada le impide coger el término “Feminazi“, darle la vuelta y despojarlo de su valor ofensivo.

Por cierto, Carla, a esas compas racializadas a las que mataban los Nazis no las mataban por ser mujeres. Las mataban por su raza. Por su naturaleza. Como hacían con otros colectivos entre los que (curiosamente se te ha olvidado) estaban los y las homosexuales:

A ver si tienes cojones de ir a decirlo eso a alguno de los gais y lesbianas supervivientes de un campo de concentración o a los represaliados durante el franquismo. Guapa. Reina.

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Carla demuestra que es incapaz de entender que aunque a los hombres cis-gay no se nos discrimine por ser hombres, sí se nos discrimina por ser gais. Lo que Carla no comprende y no quiere comprender vete tú a saber por qué, es que los hombres cis-gay también somos víctimas del machismo. No somos discriminados por nuestro género, pero sí por nuestra orientación sexual. Nadie va a negar que la mujer está oprimida y discriminada; pero es que la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad también. Y esto no es una competición.

Es cierto que en una sociedad patriarcal y binaria como la nuestra los hombres cis-gay o las mujeres cis-lesbianas podemos mantener nuestra sexualidad oculta (a pesar de que eso vulnera nuestros derechos humanos) para evitar la discriminación directa (pero seguiremos sufriendo la indirecta). Una mujer no puede ocultar que es mujer (salvo que seas Barbra en Yentl) y por desgracia eso la condenará a sufrir el machismo social sí o sí. Y si bien es cierto que hay muchas sociedades que denigran y discriminan a la mujer, por más que le doy vueltas no consigo pensar en ningún país que te condene a prisión o a muerte única y exclusivamente por ser mujer.

Sin embargo sí hay países en los que yo, hombre, puedo acabar quemado vivo o torturado en la plaza del pueblo si decido vivir mi naturaleza de forma abierta.

Imagen de la tortura pública a la que se sometió a dos hombres en Aceh sospechosos de ser homosexuales.

Todo el discurso (por absurdo que parezca) de Carla proviene de una idea errónea, tóxica y opresora de qué es el feminismo, qué es la identidad de género y qué es la expresión de género. Carla no consigue entender que yo puedo llamar “nena” a mi mejor amigo sin considerarle una mujer y estando muy orgulloso de mi masculinidad (que, por cierto, intento que sea lo menos tóxica posible). Porque Carla no concibe la idea de que ella, como mujer cis, no sea la más oprimida del mundo. La que más atención merece.

Carla es la única discriminada que se cree con derecho de decirle a otros grupos discriminados sobre qué y sobre qué no pueden ofenderse. Y por eso Carla en su Twitter ignora totalmente los comentarios negativos (incluso aunque vengan de mujeres feministas) y se centra solo en los que le dan la razón, les da Me Gusta, los retwittea y se da una palmadita en la espalda porque de 50.000 mensajes hay 40 que están de acuerdo con ella.

Por supuesto en Twitter le han dejado claro a Carla quién es realmente:

Y es que Clara, aunque ella misma no se lo crea, es una persona con una LGTBfobia bastante interiorizada, que ha asimilado los roles patriarcales de género (a pesar de que, se supone, quiere abolirlos) y no tolera que nadie se salga del camino marcado. Porque cree que al ser una mujer oprimida tiene derecho a oprimir a los demás y negar su realidad. Exactamente lo mismo que hacen las feministas radicales transexclusivistas (las TERF)

Queridas amigas:

Que la historia y la ignorancia de Carla os sirva para entender que la lucha contra el machismo no se va a ganar diciéndole a los demás qué pronombres pueden utilizar y qué pronombres no. Que la erradicación de la homofobia no vendrá por dejar de travestirnos, maquillarnos o hacer cosas que el machismo considera de mujeres. Que es estúpido y contraproducente dividir a dos colectivos oprimidos por el hombre heterosexual.

Y de paso que os sirva también para entender que antes de hablar sobre algo es importante estar informado. Que antes de criticar las costumbres sociales del colectivo LGTB debes saber de dónde vienen y qué sentido tienen (porque todo viene de algún sitio y sirve para algo).

Y para no hacer el imbécil en Twitter, que eso también es interesante para la sociedad en muchos aspectos.

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