Por supuesto. El cine, la sociedad (los maricones sobretodo), la arquitectura, la cultura, la propia naturaleza… todo tiene simbología fálica. Lo fálico mola, pequeñas criaturas. Y gracias a Dios a la ciencia que existen los penes y la forma fálica que sustituye a los penes en los momentos de lujuriosa soledad. Pues eso.
La sociedad nos ha inculcado que la hombría y la masculinidad de un hombre queda reforzada siempre que haga alarde de objetos o elementos a su alrededor que sean grandes. Puede venir siendo cualquier cosas. Si nos referimos concretamente al físico (además de marcar bulto, que es prueba irrefutable de pollón), unas manos grandes, nariz prominente, piernas largas y fuertes o pies de Yeti, confieren al macho un poder de atracción mayúsculo. Aunque luego sea una maricona loca.
¿Y en el cine? Es evidente que en el cine la simbología fálica se representa en elementos muy variados: pistolas, castillos, pipas de fumar, trenes, espadas, cigarros, cuchillos… Polla grande entre o no entre Burro grande ande o no ande. Los directores de cine pueden hacer más o menos uso de esta simbología fálica, de forma evidente o más sutil, pero siempre está presente, hasta en los pequeños detalles.
¿Te has enterado de algo o eres una cateta que solo sabe decir top y bottom? Cerda.
Muchas de las escenas que plantea el vídeo pueden estar cogidas con pinzas. Hay ejemplos muy evidentes y otros mucho más sutiles. Lo que es evidente es que desde los tiempos de Roma, Grecia o Egipto (e incluso antes) la forma fálica ha sido una constante. ¿Seremos todos maricones? ¿Es la sociedad falocentrista? Pues oye, maravilloso.
Fuente | eCartelera









