2.- El exceso de friquismo
«En la Eurovisión del siglo XXI se trata, ante todo, de ser el más friqui, el más llamativo, el más anecdótico y no necesariamente el que mejor canta«.
No sabemos exactamente qué Festival ha estado viendo Alberto, pero no es el mismo que hemos visto nosotros. Es cierto que las propuestas de Loreen o Alexander Rybak eran llamativas, pero ¿Loreen cantó mal? ¿Rybak bailó, saltó y cantó mal? Yo diría que no.
Dato curioso: el festival no interesa a nadie pero este vídeo tiene casi 100.000.000 de reproducciones en Youtube.
La propia Emmelie de Forest en 2013 estuvo francamente bien, a pesar de hacerse un Remedios Amaya y cantar descalza:
Y lo único que hizo fue ofrecer una propuesta con toques celtas.
Y claro, 2016 y Jamala. 2017 y Salvador Sobral.
Lo que hace que una canción gane en Eurovisión no es el nivel de «friquismo» de su intérprete, si no una suma de factores que es evidente que el amigo Lardiés no controla. Porque esto es como si yo me pongo a hablar de fútbol y digo que el Madrid no gana porque le faltan delanteros: que a lo mejor acierto. Pero no hijo, no.
No hace falta vestirse como los monstruos de Lordi ni ser tan aburridos escénicamente como Amaia y Alfred Ell & Nikki. Lo que hace falta es una canción pegadiza, un poco de carisma, una puesta en escena y realización vistosa pero sin exageraciones y, sobre todo, poder defender el tema de forma digna.
Que no es lo mismo que cantar bien.
La muestra: Lena, ganadora en 2010. No hubo puesta en escena más sencilla, ella no estuvo especialmente acertada en la entonación. Pero estuvo simpática, carismática, divertida y además llevaba la canción más pegadiza de todas.
¿Que hay friquismo en el Festival? Claro que lo hay. Sólo hay que ver a Georgia en 2014 o las lecheras tetonas, o los cantos tiroleses con cañones. Y entendemos que los detractores os quedéis con esas cosas porque es la forma más fácil de atacar un festival que no deja de ser un reflejo de una parte de la sociedad y la cultura europea. De todas formas, siempre me ha hecho mucha gracia que los eurohaters se quejen del friquismo en Eurovisión cuando fue gracias a ellos que enviamos al Chikilicuatre.
Ah, que lo sepas Alberto, a la UER no le hizo ninguna gracia que España (miembro del Big Five, los países históricos del festival) enviara una propuesta como el Chiki-Chiki y lo entendieron como una muestra de que TVE no se tomaba en serio el festival. Ese año el festival tuvo unos 125 millones de espectadores. 125 millones de personas que vieron cómo en este país que tanto amas se tomaban a pitorreo el evento.










