Mira que hemos hablado de esta película. Que si cisblanqueamiento por aquí, que si declaraciones polémicas del director por allá, que si lanzo un cartel multiétnico para que no me critiquen… Y una vez estrenada, la crítica se cebó con ella. Pero con todo este jaleo, nosotros aún no la habíamos visto… HASTA AHORA.
Desde el anuncio del rodaje, muchos han querido que el film fuera la historia de los disturbios de Stonewall, y el principal culpable de esto es Emmerich al haberlo titulado así, pero resulta que la revuelta es sólo la excusa para contarnos la historia de Danny, el jovencito de provincias que llega a la gran ciudad huyendo de la homofobia de su entorno. Que durante su estancia allí tuviera lugar todo el follón con la policía es lo de menos, y ese es el problema de base: el director cuenta una historia y el público que va a la sala quiere ver otra, pero eso no la hace una mala película. Es una mala película porque está contada para tontos. Emmerich no deja que el espectador saque conclusiones ni que pueda inferir qué está pasando. Si sale alguien de la Mattachine Society inmediatamente hay un personaje que explica qué es. Si entran en el Stonewall, en la misma puerta hay otro personaje que explica la relación de los locales gays con la mafia… y así todo el rato. Como dijo un amigo mientras la veíamos, Stonewall es la historia del movimiento LGTB for dummies.

Y claro, así poco puede uno simpatizar con lo que está viendo. A pesar de su estética de telefilm (uno está esperando a que en cualquier momento aparezca Connie Selleca) los primero noventa minutos se dejan ver a pesar de que es todo muy dramático y ñoño a la vez. Los personajes son planos y las frases que dicen son risibles, pero lo aceptamos. Sin embargo, algo debió pasarle a Emmerich o al guionista o a todo el mundo en ese rodaje porque cuando llegamos a la parte de los disturbios es todo tan ridículo que lo único que puede hacer uno es reirse.
Respecto al «cisblanqueamiento» de la peli ¿queréis nuestra opinión? No es para tanto. En cuanto Danny llega a la ciudad hace amigos de negras, travestis y demás fauna del ambiente, sin embargo, es curioso el trato dado a Marsha P. Johnson, a quien algunos atribuyen el lanzamiento del primer ladrillo en el Stonewall, que ciertamente resulta bastante caricaturesco y con quien parece haberse tomado algunas licencias. Sin embargo, como hemos dicho, todo en la película da risa. Así que recomendamos su visionado sólo por dos razones: Por completismo, y para que vosotros mismos juzguéis si realmente las críticas que ha recibido son merecidas o no. Nosotros desde luego, nos quedamos con la versión de 1995.











