Las sombras de las rejas son alargadas (como tus manos en cuanto te sueltan en un cuarto oscuro) y, en estos tiempos de «choriceos» políticos, bancarios y folclóricos en los que las hembras de Orange is the new black arrasan allá donde aterrizan televisivamente, puede decirse que la cárcel marca tendencia.
Quizás por ello la Fox ha dado carta blanca para que la célebres intrigas carcelarias y conspiratorias de Prison Break regresen a la pequeña pantalla en 2016 como miniserie de diez capítulos. El formato argumental será continuación de las tramas de la cuarta y, hasta ahora, última temporada del serial rematada en 2009 y al mismo regresarán sus dos protagonistas principales Wentworth Miller y Dominic Purcell.
Ignoramos los giros dramáticos que traerá consigo esta nueva entrega de Prison Break y cómo evolucionarán sus personajes (así sucede también con tu existencia de drama queen), pero lo que en absoluto nos resulta indiferente es la nueva percepción que tenemos de Wentworth Miller, nuestro muchachote tatuado favorito, tras haber salido públicamente del armario hace dos años después de encarcelarse en el closet como prevención del acoso mediático que temía sufrir durante los momentos álgidos de éxito de la serie.
In or Out? That´s the question
Fue en 2013 cuando Miller tomó la decisión de hacer pública una homosexualidad que a nuestro radar marica no se le había pasado por alto (no funciona igual con esos ligues ideales que luego resultan estar emparejados y muy enamorados de sus respectivos). Al declinar la invitación para asistir a un festival de cine en Rusia alegó ante los medios que lo hacía por estar en contra de la legislación anti gay de ese país y aprovechó para dar eco mundial a su orientación sexual.
Dando ese paso al frente Wentworth Miller dejó de caminar por esa cuerda floja de especulaciones maliciosas y miedos vergonzosos en la que se mantenía con el propósito de preservar la consabida imagen profesional hetero a la que todavía se aferran muchos jóvenes actores.
Es fácil criticar el «no outing» de la nueva generación de intérpretes y acusarles de no cumplir con la responsabilidad de servir de ejemplo para la normalización LGTB desde su posición de celebridades. Pero, siendo acertado este reproche que puede hacérseles a quienes se mantienen en su cárcel de apariencia heterosexual, también es de justicia otorgarles el mismo espacio de reflexión íntima e igual tempo de concienciación que a las personas anónimas.
Todo tiene su momento y cada uno lo encuentra a su debido tiempo (aprende para la próxima vez que sientas el impulso de bailar sin camiseta en el Fraggel). Por nuestra parte nos alegra que Miller haya sorteado temores, presiones de representantes y demás telarañas homofóbicas aún existentes en la industria audiovisual para dar voz a su yo verdadero. Así que, aunque te suene muy cañí….¡ole tus cojones, Wentworth!
Esperaremos con expectación la reentré de Prison Break. Sólo lamentamos que tu salida del armario no se haya producido antes para que de ese modo algún guionista hubiera incorporado a la serie diversiones carnales entre tu personaje y otros machos disponibles en presidio…
Más allá de cualquier broma, que actores como Wentworth Miller se sumen a otros que van demostrando, trabajo a trabajo, que la pertenencia a la comunidad LGTB en nada influye a la hora de explotar sus talentos artísticos, representa un importante avance en la lucha en pos de una igualdad de percepción del colectivo dentro de las sociedades machistas que desean aprisionarnos.














