Rihanna se ha convertido, por méritos propios, no sólo en una de las cantantes pop más exitosas de la actualidad sino que también ha conseguido ser abanderada de un nuevo movimiento musical que está surgiendo estos años: el follepop.
Bueno, voy a tener que buscarle un nombre mejor. Pero más o menos lo que está haciendo Rihanna (al menos con este disco) es convertir el pop en un folletín novelesco. Sí, no es la primera que lo hace. A todas les gusta contar sus miserias y rajar de sus exnovios en sus canciones, pero pocas tienen la jeta de hacer lo que ha hecho Rihanna.
«Unapologetic» podría ser perfectamente una novela venezolana llamada «La Impenitente», «La que no se arrepiente de nada» o cualquier título grandilocuente para hablar de una mujer que nunca pide perdón por nada.
Y ahí ya tenemos un problema: Rihanna no ha hecho nada para tener que pedirnos perdón así que ¿a qué viene ese título?
La vida personal de la cantante de Barbados es de sobra conocida: su relación con Chris Brown, los maltratos físicos a los que fue sometida, sus idas y venidas con su maltratador y la reconciliación final. Y aunque debería importarnos tres pepinos con quién se acuesta o se deja de acostar, es imposible escuhar «Unapologetic» sin pensar constantemente que lo que está haciendo Rihanna es decir que no piensa pedirte perdón por volver a amar al hombre que le dejó la cara hecha un Cristo.
Lo cual es, de por sí, una incoherencia.
Si crees que no es de mi incumbencia con quién te acuestas ¿por qué me haces un disco en el que sólo me hablas de eso?
Debes estar flipando ahora por el hecho de que esta crítica haya empezado con toda esa retahíla sin haberte hablado aún de la parte musical del álbum, pero es que es tremendamente difícil obviar algo cuando ella te está pidiendo canción a canción que lo tengas en cuenta.

«Unapologetic» es un batiburrillo de productores, estilos y sonidos con un claro problema de coherencia. Parece que cansada del sonido que el exitazo de «Only Girl (In The World)» imprimió a sus dos últimos discos, ahora Rihanna tira por volver a las raíces más R&B pero con un toque personal y algo transgesor que, en general, no funciona del todo mal.
Aunque lo cierto es que hay más de uno (y dos) temas que son totalmente prescindibles. «Fresh Off The Runway» es uno de los peores inicios de disco que he oído nunca. En vez de un Parental Advisory en la portada del disco tendría que venir pegado un sobre de Espidifén. Una canción aburrida, cacofónica, de esas que tanto le gusta hacer a Beyoncé cuando se vuelve loca. Lo divertido (aunque no te lo creas) es que está co-escrita y co-producida por David Guetta. CUIDADO.
Pero «Fresh Off The Runway» no es la única canción que no acaba de convencer a pesar de tener ciertas cualidades musicales que vale la pena tener en cuenta. «Jump» (co-producida por los Stargate) sigue los mismo pasos, aunque esta vez el toque a-rave-elesco funciona algo mejor. De «Numb», el rap que canta junto a Eminem, poco tenemos que decir. Salvo que será uno de los culpables de tener la sensación de que todo el trabajo musical del disco se basa en loops incansables de frases, estribillos o estrofas musicales que acaban taladrándote la cabeza.

Muchos son los que están comparando este disco con «Rated R», aunque en lo único que realmente se parecen es en el cambio de sonido del pop/dance más amable a un R&B más oscuro (con una clara influencia rock en el «Rated R»). Temas como «What Now» o «Stay» son los que evocan a esa Rihanna más frágil, más madura y más centrada. Pero en general el disco no funciona tan bien como «Rated R» porque salvo el querer dejar claro que le da completamente igual lo que digan de ella, Rihanna no parece saber bien bien qué ofrecer musicalmente. «Diamonds», el single que rompió con el estilo musical de los últimos dos álbums, es también culpable de esa idea que se ha establecido de que Rihanna vuelve a ser la Rihanna seria y centrada.
Pero ni de coña: está loquis.
Varios tracks son absolutamente olvidables (a ver quién canta «Pour It Up» dentro de un mes o quién aguanta despierto con «Get It Over With») y hay un par de rarezas que es difícil clasificar: el tema reggae que parece convertirse en tradición de la casa («No Love Allowed») y un dúo con Chris Brown que tira por el R&B clásico con rollito noventero que podría haber cantado perfectamente Whitney Houston o alguna negra random de aquellas que invadieron los charts en su momento.
Precisamente es «Nobody Business» el tema que más me gusta del disco (llámame clasicón) a pesar de lo irritante que resulta escucharla a ella y a Chris Brown repetir constantemente lo de que a quién le importa lo que yo haga, aunque me encargue de estar todo el disco haciendo referencias a que si tu amor me tiró al suelo, que si me duele estar contigo pero me encanta, que si échame un polvo aunque luego me pegues un puñetazo (esto no lo dice explícitamente pero viene a ser la tónica general de las letras del disco).
Lo peor del disco es hacer que el «Right Now» de David Guetta parezca una buena canción. O al menos una canción menos torturante.
En cualquier caso, «Unapologetic» no es del todo un mal disco, pero es un disco poco «amable». Los estilos musicales se mezclan entre sí y el R&B chungo le pega una patada muy dolorosa al pop que predominaba en los últimos trabajos de la cantante. Además la producción de alguna de las canciones es tan rebuscadamente sórdida que a veces da la sensación de estar escuchando la banda sonora de un docu-reality chungo sobre los bajos fondos de esos que emiten en Xplora a las 3:00 de la mañana, pero con Rihanna cantando por encima.
Y no voy a terminar esta crítica sin cagarme directamente en «Love Without Tragedy / Mother Mary». Hacía mucho que no escuchaba una canción más ridícula (y eso que de vez en cuando me pongo el «Americano» de Lady Gaga). Es sonrojante no sólo por el absurdo cambio de ritmo en mitad de la canción (la primera parte merecía algo mejor, la verdad) o porque dure 7 minutazos; es sonrojante porque es el ejemplo perfecto de ese rollito de «El amor es tragedia y para querer mucho tienes que sufrir como he sufrido yo y no me culpes ni me juzgues pero por favor Jesusito de mi vida perdóname aunque en el título del disco digo que no voy a pedir perdón porque no me arrepiento de nada».
Eso tiene un nombre, y se llama bipolaridad. Y al final eso es lo que es «Unapologetic«: un disco bipolar cuyo folletín lírico (que parece sacado de una mala novela de Danielle Steele) hace que los pocos momentos de brillantez musical y melódica que hay esparcidos por las canciones queden totalmente eclipsados.
Para el próximo, Rihanna, haz el favor de aclararte. Tómate un descanso, que no hace falta que saques un disco por año, y saca un disco completo, estructurado y bien trabajado.
Por favor te lo pido.
¿RECONOCES AL CHICO DEL VÍDEO?









