Mucho (muchísimo, ¡demasiao!) se ha polemizado sobre el STONEWALL de Emmerich. Desde que se publicó el primer trailer las voces críticas contra la película no han hecho más que crecer, acusando al director y al guionista de no ser fieles a la realidad y haber cisblanqueado (¡y olé!) la historia para darle el protagonismo de los disturbios a un hombre blanco con aspecto heterosexual.
Se ha organizado un boicot, se ha creado una petición online, se han escrito ríos de tinta sobre los malvados planes de Emmerich. Incluso ha habido alguna bocachancla acabada que ha acusado a Emmerich de haber perdido la perspectiva por culpa de las fiestas para jovencitos que organiza en su mansión.
Y todo esto, por supuesto, sin que nadie haya visto la película. Sí que la ha visto Jeremy Irvine, que fue corriendo a su Instagram a decir que podemos estar tranquilos, que la diversidad étnica y sexual está presente en la película y que no hay que olvidar que se trata de un relato novelizado de lo que ocurrió.
https://instagram.com/p/6DcxJynBzH/
Y también han aparecido autores (como Larry Kramer, el escritor de The Normal Heart) que no han defendido la película (porque no la han visto, recordemos) pero sí el derecho de Emmerich a contar la historia según su visión, teniendo en cuenta que los relatos sobre lo que ocurrió realmente en Stonewall no son exactos. Sí, parece haber consenso sobre quién hizo qué en cada momento, pero es lo que tienen los disturbios: entre pedradas y porrazos nadie se para a documentarlo de forma exacta.
A mí, personalmente, no me parecería bien que en la película se le diera al personaje de Danny más peso que el de mero espectador y comparsa de los personajes reales que sí estuvieron involucrados en el alzamiento de Stonewall (independientemente de lo que hicieran relamente o no); pero entiendo la decisión de meter en el barullo a un personaje como el de Danny, con el que es más fácil que la gran mayoría de espectadores se sientan identificados. No creo que la intención de guionista y director sea la de eliminar a las transexuales negras y latinas y hacer como que todo fue mérito del hombre blanco, sino más bien que los hombres blancos que vayan a verla (que probablemente sean de los de «100% fuera del ambiente» y de los de «El orgullo no me representa») sientan que en su comunidad hay gente muy diversa y al final todos remamos en la misma dirección.
Que, ya que estoy, he de decir algo que no será lo más popular del mundo pero que creo que es necesario: nadie va a negar que los hombres blancos cisgénero lo tenemos más fácil que el resto del espectro LGTBQWERTY; pero eso no significa que nuestra lucha no sea real o que nuestra aportación al colectivo sea menor. Y en toda esta campaña contra la película más de una vez me he caído redondo al suelo porque el tufo a cisfobia era demasiado para mis pulmones.
Dejando todo eso a un lado, los de marketing de la película acaban de cometer el error más grande que podían haber cometido: han cedido a la presión. No, no han rodado más escenas ni han modificado el montaje (que sepamos); pero sí han reorientado la campaña de promoción para darle espacio a la diversidad. Es decir, que a pesar de que desde el principio todos aseguraban que en la película aparece reflejada la realidad del Stonewall, con sus travestis, sus drag queens, sus transexuales y sus lesbianas y sus negras y sus latinas… Ahora sacan este póster:
Y yo empiezo a tener la sensación de que Emmerich está perdiendo el norte y ya no sabe qué vender. Primero parecía que la película era una precuela de RENT, con fotos promocionales en las que los personajes parecía que se iban a poner a berrear el No Day But Today en cualquier momento.
How we gonna paaaaaaaaay… LAST YEAR’S RENT!
Y ahora, con tanto rosa tanta sonrisa y tanta letra en cursiva parece que vamos a ver la secuela de A Wong Foo: una road movie en la que un grupo de gente de lo más diversa se monta en una caravana en la que todo son risas y alegría y canciones de Jefferson Airplane. Con latinas muy valientes, eso sí.
En cualquier caso, como llevamos todo un mes diciendo, vamos a tener que esperar a que la película se estrene para saber qué es realmente el Stonewall de Emmerich. Bueno, sabemos lo que es y sabemos que no es un musical, pero aún falta un poco para saber si la versión de Emmerich se merece que la apedreen o si por el contrario el proyecto más personal del director alemán resulta ser una gran película sobre la historia y los derechos del colectivo.
Lo que no quita que, evidentemente, veamos este trailer fanmade y nos caguemos de risa:














