Como maricas malas de pro que somos, todos tenemos una mariliendre. Y vivimos nuestras vidas ajenos la mayor parte de las veces a sus dramas. Nosotros las tenemos ahí cuando vamos a salir de fiesta, o vamos de compras, o vamos al cine. No las tenemos ahí, evidentemente, cuando vamos a la sauna (¡¿TE IMAGINAS?!) o cuando vamos quedamos con un maromo vía Manhunt.
Muchos son los que se quejan de que ése término es ofensivo. Pero oye, a nosotros nos parecen ofensivas muchas otras cosas (como esto) y no nos quejamos, coño.
Pero también están las que son felices siendo mariliendres. Ellas en realidad lo pasan fatal, porque todos sus amigos o son gays o son otras mariliendres y sus agendas son un caos que siempre dependen de que su amigay esté libre o de que los amigays de sus amigas mariliendres estén ocupados para que ellas estén libres… Un drama.
UN DRAMA.
Ahora imagínate esto: si para ti ya es complicado quedar con todos los amigos un día (porque hay uno que se va de finde a Cuenca, otro que está desaparecido, otro que se ha echado novio para el finde…) pues que tu mariliendre consiga reunir a todos los amigays es directamente una MISIÓN IMPOSIBLE.
Toda esta introducción sobre El Drama Existencial de las Mariliendres (Isabel Coixet, España, 2015) te lo he soltado para que entiendas esto:
httpvh://youtu.be/9JoJ7J2bV5k
Efectivamente: Sonia Madoc ha sacado otra versión de su único éxito Yo Quiero Bailar.
Será que realmente el panorama musical está fatal y si no sacas un refrito de una canción que ya has remezclado 70 veces no vendes nada. Eso o que Sonia Madoc, por lo que sea, ha sido incapaz de tener otro tema que fuera conocido y tiene que seguir estirando el chicle que le da de comer. Si es que le da de comer, que lo dudamos.
En cualquier caso, lo que nos importa no es la nueva versión del tema sino el videoclip, dirigido por Salva Musté, que está genial. Y decimos que está genial porque aunque a primera vista puede parecer una propuesta sencilla (bien realizada, pero sencilla) en realidad es un ejemplo magnífico de lo que viene a ser el día a día de una mariliendre loquis total.

SEC.1.- FUNDIDO en NEGRO
Entran los títulos de crédito:
LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE SER UNA MARILIENDRE
Sonia hoy está contenta porque ha podido, tras muchos meses intentándolo, reunir a sus dos grupos de amigos marigays. Por un lado está su mejor amigo (el del insti) que hace mucho que no lo ve; y por otro su otro mejor amigo al que conoció anoche en un after. Han quedado en Montjuïc, porque a todos los chicos, misteriosamente, les pillaba de camino a alguna parte indeterminada.

Como los maricas somos como somos, en vez de sentarse en una terraza a beber cerveza (algo que nosotros no hacemos nunca ¿verdad?) deciden hacer lo que a todos nos encanta hacer en cualquier momento del día: corrernos. Por eso enchufan todos sus aplicaciones de Nike No-sé-qué para que salga luego en Facebook que han corrido muchos kilómetros y p’allá que van, a hacer footing.

Pero claro. Ya sabemos cómo son estas cosas. Tú, mariliendre amistosa, presentas a dos de tus amigays para que se lleven bien y porque te hace ilusión demostrar a los demás que tienes mucha vida social. Pero ellos, que son así de egoístas, sólo piensan en sí mismos y en el polvo que van a echar esa noche. Y ocurre lo inevitable:

Sonia prefiere no hacerse mala sangre y continúa la tarde de fiesta. Por eso van a hacer la tercera cosa que a los maricas más nos gusta hacer tras el footing y la cerveza: subirnos a unas escaleras mecánicas y probarnos un gorro, mientras nos desencajamos la mandíbula y señalamos con el dedo diciendo «Uuuaaaaaaaauuuuuuuu«. Classic.

Finalmente Sonia y sus amigays llegan a un mirador desde el que poder observar la ciudad. Y ya, porque a los 30 segundos te quieres ir porque no hay nada más que hacer. Pero eso no es problema para un gay. Porque mientras todo el mundo mira a la ciudad, tú te das la vuelta y enciendes el gaydar.

Harta de que no le hagan ni puñetero caso porque sus chicos no hacen más que pensar en sexo (pobrecita…) Sonia decide llevarse a sus maricas a una fuente para mojarles y bajarles el calentón. Lo que Sonia no entiende es que las maricas (sobretodo sus amigos) son impermeables. Porque el agua y el aceite se repelen cosa mala.

Tras comprobar que sus amigos tienen el super poder de la impermeabilidad, Sonia decide hacer un sortilegio que leyó en la SuperPop cuando era joven (ellos también lo leyeron, por eso le siguen el rollo) para invocar a los espíritus y conseguir protección y tinte de pelo gratis de por vida. Es un proceso mágico muy complicado. Cuidado. No lo intentéis en casa.


Hartos ya de la montaña, Sonia y las chicas se van a la playa. Por varios motivos: el primero porque rodar allí es gratis. El segundo porque queda bien en cámara. El tercero porque hay que refrescarse para salir por la noche (aunque sea invierno) y el tercero porque la tensión sexual entre el Javier Cámara Hipster y el otro es cada vez más insoportable y hay que cambiar de escenario a ver si así de un despiste se les pasa.


Finalmente ocurre lo que llevamos 2 minutos y medio de videoclip esperando: el beso gay. Aunque es un poco creepy porque lo único que vemos es al Javier Cámara Hipster abrir la boca como si fuera a cantar el I’m So Excited. Sonia, que es una gran mariliendre, es consciente de que ha perdido a sus dos mejores amigays pero ya tiene repuesto.


Hartos ya de tanta playa y tanta agua y tanta tontería, Sonia y sus amigos deciden lanzarse a la noche. Los dos que no han ligado no tenían ganas de salir pero Sonia les ha convencido haciendo lo que toda mariliendre hace de vez en cuando: enseñarles las tetas (eso no se ve en el vídeo, lo guardan para el Director’s Cut). Los otros dos, evidentemente, van. Porque quieren follar, pero para que no parezca que están desesperados acceden a quedar con los demás y hacerse los animales sociales un rato antes de largarse.


Una vez en la discoteca, el drama se desata.
Los dos que se habían liado en la playa desaparecen antes de que puedan pedirse el primer cubata. Eso enfurece a los otros dos, que deciden irse cada uno por su lado a dar una putivuelta.
Sonia, evidentemente, acaba sola y harta y enfadada y llorando mientras bebe de todas las copas que encuentra por el local (tengan dueño o no).

¿Y qué hace una mariliendre cuando se enfada mucho y decide darles una lección a sus amigos?
Efectivamente: perder la dignidad instantáneamente. Por eso ella, con sus diecisiete vodkas en el cuerpo y menos vergüenza que una artista que reedita por enésima vez la misma canción que la lanzó a la fama, se sube al pódium y la lía parda mientras el pobre Djay Thiago (buenorro donde los haya) hace como que baila para que no se note que está apretando el botón de pánico para que seguridad venga y se lleve a la energúmena.

FIN.









