• Portugal se alza ganadora del Festival de Eurovision 2017 que arrasa en el voto del jurado y el voto popular.
  • Salvador Sobral, eso sí, no pudo evitar un ataque de chovinismo al recoger el premio: “la música no son fuegos artificiales”.

El gallo de Manel Navarro, el culo del espontáneo ucraniano con bandera australiana, el guiño del israelí o el esperpento croata. Está claro que Eurovisión 2017 nos ha dejado momentos que pasan (para bien o para mal) a la historia del festival. Aunque evidentemente lo más recordado será la victoria de Salvador Sobral con Amar Pelos Dois, no solo porque es la primera vez que Portugal gana Eurovisión sino porque el premio se lo llevó la canción menos “eurovisiva” de las 42 (sorry, Rusia) que participaron en el festival.

Aunque, también te digo, que Finlandia o Lituania (que no llegaron a la final) también llevaban canciones que se podían considerar poco eurovisivas.

Sea como sea, Salvador arrasó. Y aunque sé que os gusta repetir el mantra (que él mismo perpetuó al ir a recoger el premio) de que por fin Europa premia a la “música de verdad” y no a los “fuegos artificiales” siento tener que ser yo el que venga a llevaros la contraria. Portugal no ganó porque la canción fuera bonita, Portugal ganó por el mismo motivo por el que ganó Conchita Wurst o por el mismo motivo por el que Italia (la gran favorita) acabó sexta: la puesta en escena.

Momento exacto en el que supimos que Conchita iba a ganar

Hace varios años alguien en la Unión Europea de Radiodifusión se dio cuenta de que, en el siglo XXI, Eurovisión no podía seguir siendo el espectáculo visualmente estático que llevaba décadas siendo. Las retransmisiones en directo, de cualquier tipo de evento, cada vez eran más espectaculares. Los videoclips cada vez parecen más pequeñas películas y el Festival de Eurovisión tenía que adaptarse a lo que el público buscaba en una retransmisión de este tipo. Se acabó lo de que lo único que diferencie a los países sea la ropa que llevan los cantntes: Eurovisión se ha convertido en un espectáculo. Bueno, Eurovisión se ha convertido en EL ESPECTÁCULO. Por algo las semanas previas al festival el escenario se convierte en una suerte de feria de muestras en la que profesionales del audiovisual de toda Europa van a comprobar la última tecnología televisiva (y por lo que desde EE.UU. le tienen echado el ojo desde hace tiempo).

Eso ha hecho que aflore lo mejor y lo peor que hemos visto en el Festival en mucho tiempo. La limitación de 3 minutos por canción ha hecho que algunos quieran llamar la atención a base de enseñar lecheras pechugonas y que otros lo intenten alejándose lo máximo posible del “circo”. Confetti, llamaradas, pianos que arden, nieve, agua, hologramas, cascadas de fuego… Eurovisión lo tiene todo para que los países presenten canciones que, muchas veces, no tienen nada salvo esos “fuegos artificiales”.

Y entonces llega Loreen, que tuvo los santos cojones de cantar un tema dance como Euphoria a oscuras, con un bailarín que le acompañó media canción y con una coreografía a lo samurái. Y arrasó.

Decir que Salvador Sobral triunfó anoche porque su canción era la más bonita, la que más conectaba con el público, y obviar el trabajo de realización y puesta en escena que tenía Amar Pelos Dois demuestra que el que dice eso o bien no tiene mucha idea de lo que es Eurovisión o bien ha sido invadido por un ataque de hipsteria. Si en Eurovisión realmente ganara la “mejor” canción (y por mejor me refiero aquí a la más popular), Francesco Gabbani habría arrasado como lo hizo Loreen que por algo acumula más de cien millones de reproducciones en Youtube. Pero Gabbani se plantó en el escenario con una puesta en escena sosa, muy colorida pero muy deslucida, que confiaba únicamente en el carisma del italiano y la gracia del mono que bailaba. No recreó nada del videoclip, que era su punto fuerte; había cuatro coristas que no pintaban nada (¿por qué no se vistieron todos de monos?) y los visuales eran un espanto. Sin contar, evidentemente, que Occidentali’s Karma funciona mucho mejor con los 30 segundos del segundo estribillo que tuvieron que cortar (lo que dejó a la canción con una absurda estructura repetitiva y aburrida).

Si realmente Salvador ha ganado porque su canción es la mejor ¿por qué no fue favorito para ganarla hasta que la presentó en la semifinal del pasado martes? Pues por lo mismo por lo que nadie pensaba que Conchita Wurst ganaría el Festival hasta que la vimos en la misma semifinal y nos dimos cuenta de lo que teníamos delante. Porque el trabajo que se hace durante meses para preparar cada puesta en escena a veces consigue que una canción que pasa relativamente desapercibida crezca hasta límites insospechados.

Portugal no tenía fuegos artificiales, no tenía bailarines, ni confetti, ni lecheras tetonas, ni pianos ardientes, ni ventiladores. Pero eso no implica que su actuación no estuviera perfectamente ideada por parte de los productores de Eurovisión para conseguir contar una historia y emocionar al espectador más allá de lo bonita o no que les pareciera la canción. La iluminación del recinto, el hecho de que fuera el único que cantó colocado entre el público, los tiros de cámara, las linternas de los móviles del público (que encendían porque les llegaba una notificación de la app de Eurovisión, no fue inspiración divina)… Todo estaba pensado para que Amar Pelos Dois brillara como brilló. La realización convirtió la canción en una suerte de canción Disney que emocionó a Europa como cualquier otra actuación de Sobral con el mismo tema no había conseguido.

Y no olvidemos que llevamos desde que Salvador ganó la preselección portuguesa conociendo detalles de su vida y de su estado de salud, lo que ha hecho que muchos pensaran si Sobral se estaba presentando a Eurovisión o a La Voz.

A mí me parece fenomenal que haya ganado Portugal. La canción no la escucharé a menudo pero me parece muy bonita y muy digna. Pero que alguien le diga a Salvador Sobral que ha ganado Eurovisión, no un Nobel. Presentarse a un festival de Eurovisión, ganar (con ayuda de la realización y la puesta en escena que te convirtió en favorito de la noche a la mañana) y recoger el premio diciendo que “la música no son fuegos artificialeste hace un flaco favor a ti, le hace un flaco favor a Eurovisión y le hace un flaco favor, justamente, a la música. Estás utilizando un evento audiovisual con una audiencia de más de dos cientos millones de personas para conseguir el objetivo que quieras conseguir, y cuando ganas no se te ocurre otra cosa que mearte en la cara de los demás participantes que se han mostrado tremendamente cariñosos y respetuosos contigo diciéndoles que tú has ganado porque lo tuyo es música de verdad y no te ha hecho falta tirar de violinistas en patines para llamar la atención.

Y no sólo eso, sino que con su actitud chovinista ha mandado a tomar por saco el trabajo de todo el equipo de Eurovisión (productores, cámaras, diseñadores, realizadores…) que llevan meses preparándolo todo para que su canción destaque sobre las demás.

En la rueda de prensa posterior la actitud de Sobral no ha sido mucho mejor. Cuando le han preguntado por lo que quería decir con la frase de los “fuegos artificiales” o sobre si tras su victoria y la de Jamala cree que las cosas están cambiando musicalmente en el Festival, ha podido arreglarlo un poco diciendo que ojalá esto demuestre que la gente empieza a estar cansada de las canciones fast food que te lanzan desde la radioformula y te obligan a que te gusten. Cosa que yo apoyo totalmente. Pero luego la ha cagado al decir que nunca quiso poner trozos en inglés porque “dicen que eso da más votos, pero a mí los votos me daban igual.

Está claro que a Salvador y su hermana el Festival de Eurovisión les importa un pimiento. Es más, seguro que antes de participar en él eran dos cuñados de manual que se hartaban de decir que “todo es política” o que “siempre se votan entre vecinos” y por eso “ganan los mismos“. Y lo peor para mí no es que se mantengan (al menos él) en esa actitud de estar por encima de todos los demás porque “yo he ganado con una canción de verdad, no como lo vuestro que era todo una puta mierda”; sino que la mantengan después de participar en ello. Es como ir al Sónar, llevarte un violín y decir que vas a tocar a Mozart porque la música electrónica es una mierda y ahora vais a saber lo que es la música de verdad; o presentarte a un premio literario, ganarlo y decir que coño, claro que he ganado, si soy el único aquí que sabe escribir. Acabas de ganar el festival al que te presentas voluntariamente (salvo que seas Manel Navarro), qué mínimo que ser un poquito agradecido y bajarte de tu nube de condescendencia cultural.

Si tan seguro estaba de que su preciosérrima canción estaba por encima de todo, tal vez debería haber actuado en un eterno fundido en negro. Convertimos Eurovisión en un concurso de radio, y a ver qué tal te va entonces sin que la gente vea tus gestos, tu forma de interpretar, sin los vítores del público y sin su complicidad contigo, sin la iluminación exacta, sin el plano perfecto y sin tu historia sobre cómo estás ahí cantando a pesar de que en cualquier momento podrías morir.

A lo mejor todo eso no quema, pero no dejan de ser otro tipo de fuegos artificiales.

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