Si hay un motivo para dejar de ver Sálvame (sí, sólo se nos ocurre uno) ése es Paz Padilla.
Y no sólo porque cuesta más entenderla cuando habla que a un profesor de griego comiendo polvorones o por la poca delicadeza que tiene metiendo el dedo en la llaga de los colaboradores cuando el director de turno le dice que insista en algo (que las lágrimas y los cabreos dan audiencia), si no por el poco respeto que tiene hacia… Bueno, hacia cualquiera.
Ella dirá que es humor, y los que están sentados en las mesas se parten el culo de risa cada vez que la del Nueveserocinco se ríe en la cara de alguno de los artistas invitados al programa, pero lo cierto es que Padilla ha demostrado una y otra vez que ella no distingue entre el personaje y el «artista». Y pongo lo de «artista» entre comillas porque ya sabemos que es ella la que decide cuándo a un artista hay que tomárselo en serio y cuándo no.
Puede que te indigne si te digo que yo, personalmente, estoy un poco hasta el mismísimo de ver cómo la Padilla ridiculiza y boicotea a gente como Yurena o La Pelopony; pero luego no hace lo mismo con otros intérpretes que pasan por el plató. Y aunque puedo estar de acuerdo contigo en que algunos de estos artistas se han ganado parte del cachondeo generalizado con ellos al participar en el circo que es Sálvame; te diré amiga que hay algo que debería ser sagrado y es el respeto a su trabajo.
Es decir: te puedes reír de y con La Pelopony cuando se sienta y explica que si se acostó o no con Antonio Tejado; puedes reírte de y con Yurena cuando explica cosas sobre Paco Porras y compañía. Del mismo modo que te reirías de y con David Bustamente o Pablo Alborán si se sientan a dar una entrevista en la que cuentan cuatro chorradas íntimas. Pero cuando el artista se levanta del sillón y se pone a trabajar, se le debe un respeto. Nos guste más o nos guste menos.
Y no sólo al artista, también a los que les acompañan.
Paz Padilla boicoteó a conciencia (seguramente alentada por la dirección del programa) la actuación de La Pelopony el otro día en Sálvame Diario mientras presentaba Amor Superficial. Y aunque es cierto que la propia Pelopony da juego para bromear y cachondearse, es lamentable ver cómo la Padilla se mete en mitad de la actuación a tirarle del pelo a las bailarinas; bailarinas que no sólo están haciendo su trabajo (y algunas tienen más de diez años de carrera) si no que no han participado del circo de Sálvame.
Ahora nos gustaría saber qué pensaría Paz Padilla si yo, en mitad de una obra de teatro suya, me levanto de la butaca y me subo al escenario a molestarla. Eh, ella es la primera que no sólo participa en Sálvame si no que lo presenta y ha provocado algunos de los momentos más cochambrosos del programa. ¿Significa eso que tengo carta blanca, como parece que la tiene ella, para molestar a los demás cuando están trabajando?









