• La más que probable prohibición de Uber en Londres podría hacer que los gais londinenses lo tengan más complicado para practicar chemsex.
  • Por si aún no sabes de qué te hablamos, chemsex = follar en grupo estando muy drogado.

Entre tanto ruido de las noticias nacionales quizás no os habéis enterado. Pero Sadiq Khan, el alcalde de Londres, ha informado a Uber que no podrán ofrecer sus servicios en la capital, causando mucho revuelo por los Twitter de aquí (que es donde vivo yo). De entre todas las consecuencias de la probable retirada de licencia de Uber (puestos de trabajo, menos competencia, más presión para la mejora de condiciones laborales y ética empresarial…) hay una que nos ha chocado: James Warton (periodista y escritor cuyo libro “Something for the Weekend” habla del fin de semana, drogarse y follar) dice que esa prohibición va a afectar (mucho) al chemsex.

Conoceréis el chemsex entre otras cosas porque hemos hablado muchas veces de él en esta web, pero quizás no conocéis la escala en la que esto ocurre en esta ciudad. En Londres la gente (los gais también) se droga mucho, folla mucho, y cuando sale y se droga no se va a casa sin encender la app para acabar en un domicilio de visita pastoral. Esto es por muchas razones: no es que no se ligue en los bares (se hace) pero la escapada a las saunas por ejemplo es difícil cuando prácticamente han cerrado todas. Y ¿qué mejor opción que irse cómodamente a hotel y domicilio en un medio de transporte barato?

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Recordad, de nuevo, que esto es Londres, una ciudad donde moverse de un barrio a otro te suele llevar media hora como mínimo en transporte público, y donde los taxis normales (Black Cabs) se niegan a acercarte a algo que esté más lejos de la zona 1-2. Total, que las 7 de la mañana es un río revuelto de Ubers yendo de norte a sur, de este a oeste, de este a más este, con una diversidad de homosexuales drogados intentando aparentar normalidad (o no), y los Grindrs y los Scruffs moviendo miles de mensajes y centenares de fotos de rabo y de culo.

Fotograma del documental “Chemsex”

La ventaja de Uber (no, no olvido las polémicas y oscuras prácticas en las que ha estado metido) es que con tanta monitorización de GPS y tanta vigilancia a sus conductores ha acabado siendo un medio que se percibe más seguro para las minorías (mujeres, personas de raza no blanca, y gente LGTB+), y otra curiosa consecuencia es que hay camellos que se meten a Uber para que nadie sospeche de sus movimientos con el coche vendiendo sustancias.

¿Qué ocurrirá cuando o si se ilegaliza Uber? ¿Se volverán a abrir bares de follar, o el transporte público se convertirá en un circo muy divertido?

Personalmente ójala se regularice el servicio con mejores condiciones para sus trabajadores, ajuste de precios si es necesario y ventajas para todos; que si uno vive en el sur de Londres o vuelve de allí un domingo por la mañana el viaje puede durar tanto como una película de Roland Emmerich.

Y finalmente, recordad: en esta web no somos nadie para decir cómo viváis vuestra vida, pero queremos que estéis informados. Y no será que no os hemos repetido una y otra vez que la combinación de drogas + sexo + mañana sin haber dormido es una receta estupenda para coleccionar ITS.

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