¿Dos horas de Jeremy Irons? Uf, eso parece demasiado incluso para sus fans (que supongo que tendrá). El actor inglés se ha ganado su estatua en el museo de cera de la actuación en base a una carrera llena de inexpresividades donde, a su innegable presencia física, hay que añadirle un talento para estar en el momento preciso y en el lugar adecuado. Todo esto le ha valido para participar en producciones memorables, desde la recordada serie de televisión Retorno a Brideshead, hasta largometrajes como La Misión, Inseparables, Herida o La Casa de los Espíritus. Además, no para de trabajar. Hace tan solo dos meses lo veíamos en una flojita producción inglesa titulada El hombre que conocía el infinito, dirigida por Matt Brown. (Busca en el historial de Estoy Bailando, perraca, que de esta peli ya hemos hablado).

Sin embargo, en esta nueva película Irons no es tan omnipresente, algo de agradecer, y el director Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso) ha sabido colocarlo bien, como una lujosa y cara antigüedad, que da empaque y prestancia a esta correcta película desarrollada en el Reino Unido, hablada en inglés pero de producción y convicción netamente italianas, lo cual le da un toque realmente interesante y novedoso.

Ed Phoerum (Jeremy Irons) es un casi anciano profesor universitario de física que se lía con una alumna treinta y cinco años menor que él, Amy Ryan (Olga Kurylenko). Su romance, por ridículo que parezca, va viento en popa. Un día el profesor desaparece, sin embargo, Amy sigue recibiendo mensajes, regalos y vídeos por parte de él. ¿Qué pasa aquí?

Es precisamente la actriz Olga Kurylenko (Quantum of solance) la que lleva el peso de la película. Su buena interpretación de Amy Ryan, la alumna enamorada, vertebra todo el filme y, aunque el personaje está al borde de parecernos antipático (buen recurso, puesto que, un carácter más… blandengue hubiera hecho que nos aburriéramos de ella), en realidad su interpretación, junto con la dirección con nervio, es de lo más provechoso de este largometraje.

A medio camino entre la novela El mundo de Sofía, de Jostein Garder y la película Cosas que nunca te dije, fenomenal ópera prima, no superada, de Isabel Coixet, el largometraje se convierte, hacia su mitad, en una trama detectivesca donde Amy tratará de averiguar quién demonios le sigue enviando mensajes y regalos, algo que no la dejará seguir con su vida. Eso sí, como todo melodrama romántico que se precie, los protagonistas se mueven en un mundo de lujo: hoteles de cinco estrellas, restaurantes carísimos, ropas de los más prestigiosos modistos, tienen trabajos guays y hasta poseen una bellísima isla italiana para ellos dos solos.

En fin, aunque la trama, a veces, pueda resultarnos increíble, la verdad es que la película se deja ver con agrado, se nota la mano de Tornatore, y es curioso cómo el nombre del compositor de la banda sonora, el prestigioso Ennio Maricone Morricone, está al mismo tamaño que los nombres del director y los protagonistas, como un aliciente más para ver la película, y no es para menos, pues su score es bueno, justo y está bien empleado.
FICHA
La corrispondenza. (Italia, 2016).
DIRECCiÓN Y GUIÓN: Giuseppe Tornatore.
REPARTO: Jeremy Irons, Olga Kurylenko, Simon Johns.









