Un thriller de corte clásico.
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Basado en el best seller del mismo título, publicado en 2015 y escrito por la británica Paula Hawkins, La chica del tren, dirigida por Tate Taylor, traslada la acción del Londres original al Nueva York de extrarradio. La razón la desconocemos, pero da lo mismo porque el filme es desigual como una papa y a ciertos pasajes de buen cine y de estupendo thriller le siguen escenas sin orden ni concierto donde todo lleva a lugares comunes y en donde los personajes transitan por ahí como pollas pollos sin cabeza.

La historia va de Rachel (Emily Blunt) que es alcohólica perdida y que se ha divorciado de Tom (Justin Theroux). Este rehízo su vida con la rubia y boba Anna (Rebecca Fergurson) con la que tiene un hijo. Rachel, la alcohólica, da el coñazo a la nueva pareja porque no puede olvidar a su exmarido y este la amenaza con pegarle una hostia tras otra. En una casa vecina, la voluptuosa Megan (Haley Bennet) se tira a su propio marido delante de todo Cristo bendito, ahí, en el balcón, como la cosa más normal del mundo. ¿Y cómo sabe eso Rachel, la alcohólica? Pues porque les ve todos los días desde el tren que la lleva a su trabajo en Manhattan. Un día, Megan, la voluptuosa, aparece muerta. ¿Qué tiene que ver eso con Rachel, la alcohólica? Ah, pues no te lo diremos.

La película es un enredo de mil demonios y nos da en la nariz que el problema de tan enrevesada trama tiene que ver más con la novela, que no hemos leído, que con el filme en sí, porque Tate Taylor, el director, ha hecho un largometraje clásico, en plan película de crímenes de los años cuarenta. De hecho, si ponemos a los hombres sombrero; a las señoras, faldas plisadas; eliminamos las, muchas, escenas de sexo y rodamos en blanco y negro, parecería una película de cine negro de Billy Wilder o uno de esos admirables filmes protagonizados por Humphrey Bogart.

Como ya hemos avanzado, La chica del tren es una película donde mandan las féminas y ellas hacen rodar la trama y todo se lo cocinan entre ellas. Los hombres están solo para iniciar un tema, actúan como catalizadores y enlaces e incluso se podríaprescindir de ellos. Sin embargo, una buena dosis de testosterona es necesaria para que esta historia no se eche a volar. Las mujeres son inteligentes y hacen todo el trabajo; los tíos, unos primitivos, aprovechados e inmaduros animalitos empotradores, pero… ellas se vuelven locas por sus huesos. Como nosotros cuando vemos a un macho empotrador. Y es que en el fondo, nos sentimos identificadas con ellas.

Hemos de destacar la labor de la protagonista, Emily Blunt, que al siempre difícil papel de alchólica y medio loca le añade una buena dosis de pasión y entrega en una de esas interpretaciones en la que uno se pregunta cómo hace la actriz para no llevarse el personaje a su casa después de rodar.

Para recapitular, este thriller criminal gustará a los fans del género tanto como al público convencional y, a pesar de sus deficiencias, hará pasar un buen rato en las dos horas que dura el metraje y eso, desde luego, es mucho.
FICHA:
The girl on the train. (Estados Unidos, 2016).
DIRECCIÓN: Tate Taylor.
REPARTO: Emily Blunt Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Justin Theroux, Luke Evans, Allison Janney, Édgar Ramírez, Lisa Kudrow.









