No me voy a andar con rodeos: JAMÁS, el nuevo single de Mónica Naranjo, es un despropósito. No hay por dónde cogerlo. Si esto era Lubna, apaga y vámonos.
Desde que se anunció el proyecto se han leído infinidad de barabaridades. La última, que salió justo antes de que se filtrara publicara el tema era que sonaba a Queen y que Jamás era el Bohemian Rhapsody de Mónica. Tal y como el que escribió eso le dio al intro, el espíritu de Freddy Mercury ha pasado a otro plano interdimensional para alejarse todo lo posible de nosotros.
Jamás no tiene sentido ninguno. Es el exceso por el exceso, incluso en sus momentos más intimistas es una canción excesiva, rimbombante y sin coherencia ninguna. Se podría decir que tras Tarántula, el Adagio y Madame Noir (tres títulos diferentes para lo mismo) lo que parece que será Lubna es una evolución lógica: un paso más en la mezcla de pop, rock y sinfonía. Pero para cualquiera que haya escuchado cosas como el S&M de Metallica o el trabajo de los hermanos Vonlichten en E.S. Posthumus esa afirmación es hasta hiriente.
(Y esto es de lo más comercial y cutre de E.S. Posthumus. Shame on you Mónica. SHAME ON YOU.)
Jamás no tiene melodía, son cinco minutos y medio de cacofonías a cada cual más histérica; como cuando Stephen Sondheim se ponía intenso y componía un tema para un musical que era imposible entender porque la música iba por un sitio y las setenta voces de los personajes iban por otro. Y al final la sensación es ésa: Mónica ha querido hacer un tema de musical recargadísimo e intenso y el resultado final es de función escolar de fin de curso. ¡Ponle una guitarra aquí! ¡Pon unos violines allá! ¡Y AQUÍ QUE SE CALLE TODO! ¡Y AHORA QUE SUBA EL VOLUMEN!

Suena muy bien, eso se lo voy a conceder. La producción y la mezcla de instrumentos, coro y la voz de Mónica funciona de maravilla. Pero ya está, un aplauso (y un Gelocatil) al que lo ha mezclado todo. El gran problema (a nivel estructural) de Jamás es que llega un momento en cada cosa va por su lado y cualquiera que no sea fan de Mónica Naranjo acaba pensando que se ha vuelto loca. Porque es a lo que suena, a locura; pero por desgracia no como efecto buscado, si no como locura entendida como intención de mezclar ópera, rock, pop, electrónica, coros y cualquier ruido que hubiera en el estudio. Ay, Mónica, que esto ya lo han hecho antes. Y lo han hecho bastante mejor.
Jamás está pensada para los fans, los que le perdonan y le aplauden todo. Los que con tal de escuchar algo nuevo van a dejar la objetividad a un lado y van a decir que es todo maravilloso y qué sólo ella puede hacer algo así. Y mira, en eso tienen razón: sólo ella es capaz de tener a todo el mundo 7 años esperando nuevo material y presentarse con esto. Que es un poco lo mismo que pasó con Europa, que al principio fue un WTF más grande que la vida misma pero luego acabó calando. Porque Europa, en su concepción final, era pop. Era el pop hecho barroquismo, pero era pop. Tenía una estructura clásica, una melodía que se podía reconocer, un estribillo de los mejores que ha interpretado la Naranjo. Jamás no tiene nada de eso. Y no estoy diciendo que el problema sea que no es pop: el problema de Jamás es que no es nada, no es ninguna de todas las cosas que quiere ser.
Para que un tema de este tipo funcione bien hay una premisa básica que se ha de respetar y es que la base musical cuente algo. Quítale la voz de Mónica y lo que tienes es un batiburrillo de guitarras, cuerdas y coro subiendo y bajando sin sentido ninguno, sin melodía, explotando cuando les apetece y callándose cuando les vuelve a apetecer. De nuevo: no hay melodía, hay trocitos de melodías que no encajan entre si. La poca coherencia que tiene (que no es lo mismo tener coherencia que repetir estrofas) se la debe a la voz de Mónica. Que tampoco sigue una melodía vocal. Así que tienes por un lado un fondo musical esquizofrénico que sube y baja y una voz esquizofrénica que sube y baja. Y el resultado, como todo lo que sube y baja sin avisar, marea. Me dijo una vez una amiga, no especialmente fan de la Naranjo, que lo que la hacía grande era que ella no canta, crea música con su voz. En este caso me niego a decir que lo que sale de la garganta de la Pantera de Figueras es música.
Y si nos ponemos a mirar la letra, es para echarse a llorar. Jamás habla sobre el dolor de perder un hijo. Un tema maravilloso para vender un disco. Pero a Mónica, por suerte lo de ser comercial le da bastante igual. Y digo por suerte porque en el caso de Tarántula fue su gran acierto pero en éste es una lacra. Ella sabe que va a vender igual, así que para qué preocuparse. Pero te decía que la letra es para echarse a llorar. Atrás quedó la Mónica de las bastas sutilezas del Minage o los metáforas exageradas y juguetonas de Tarántula: ha llegado la del «niño azul« como representación del niño que muere y va al cielo. Que será una idea muy bonita, pero a mí me dices niño azul y automáticamente pienso en Avatar y me da la vergüenza ajena.

A eso súmale que hay momentos en los que se pasa la métrica por las extensiones de La Pelopony. Apaga y vámonos.
Lo único realmente destacable es la interpretación de Mónica. La gran baza de una artista como la Naranjo es que escucharle hacer esos giros vocales y ese derroche de voz no te hace levantar la ceja porque sabes que en directo suena igual y que si suena así es porque lo puede hacer. Y en Jamás Mónica suena como pocas veces ha sonado antes: está perfecta. La intensidad en cada momento es la que tiene que ser, el juego sonoro en los pasajes en los que se desdobla es maravilloso y demuestra POR QUÉ tiene la legión de fans que tiene, por qué vende y por qué sus conciertos son experiencias únicas.
Pero, cómo no, se tiene que volver loca con los acentos y acabar pareciendo la Paz Padilla del «nueve sero cinco«.

En definitiva: Jamás es lo que los fans quieren de ella. Porque los fans quieren todo lo que ella haga, aunque cante una muñeira. Mónica Naranjo es grande. MUY grande. Pero Jamás, como single, es un patinazo artístico de aúpa. El hecho de que algo sea «épico» no lo convierte automáticamente en algo bueno. De hecho algo «épico» puede convertirse rápidamente en algo épicamente vergonzoso sin darte cuenta. Y vale que Jamás es sólo un extracto de Lubna (la canción 15 de 17), y que Lubna cuenta una historia (se supone) en la que este despropósito probablemente adquiera algún tipo de sentido. Pero viendo que hay canciones llamadas Mortem Leonard, Lasciateme qui, Holocausto o Balada desesperada… No creemos que la historia que nos cuente Lubna pueda ser asimilada sin una buena cantidad de drogas (legales) en sangre.
La única esperanza que me queda es que la etapa Lubna pase rápido y a Mónica le dé por hacer canciones épicas (no en su forma, sino en su trascendencia) de las que nos enamoraron de ella. Porque si esto es Lubna, para el coche que yo me bajo.

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