Muchas explosiones y ruidos en una película aburrida y mal contada.
[divider]Culture Club | Cine y TV | Cine[/divider]
Tom Hanks está mayor y, a pesar de ello sigue haciendo películas de antihéroe, como si estuviera todavía en la veintena. Su cuerpo está más cosido que un estofado de brontosaurio y su pelo ha entrado en alerta roja, además, lo han metido en el cajón en el que ponen a todo actor que ha ingresado en la sesentena, y es darle un físico, es decir, ponerle un cuerpo, un pelo, una cara, un estilo de vestir y que no salga de ahí, igual que a actores como John Travolta, Jeremy Irons, Harrison Ford o músicos de las pintas del pianista de jazz Michael Camilo o Gene Simmons. Y por cierto, también sabemos que se tiñe el pelo y las cejas. Es usted un presumido, señor Hanks.

Como actor, Hanks hace tiempo que solo se embarca en proyectos millonarios de amigotes suyos, donde pueda ganar sin perder el bigote y en donde su solo nombre es suficiente para hacer que una peli sea millonaria. Y esto es lo que hace en Inferno, poniéndose en las manos, una vez más, de su colega Ron Howard, director, que adapta oooootro libro de Dan Brown. El filme es, como hemos dicho, una sucesión de escenas espectaculares sin sentido alguno y con una línea argumental más débil que el maullido de un gatito.

En Estoy Bailando nos distinguimos por no hacer spoilers pero, aunque quisiéramos hacerlos, en lo referente a esta película ¡no sabríamos cómo!, porque el argumento es tan enrevesado y está todo tan mal contado que es que apenas conseguimos sacar una idea a flote. La cosa, sin embargo (que no somos rubias y algo sí hemos sacado en claro), va de Robert Langdon (Hanks), que, sin saber por qué, se ve envuelto en una trama sobre la salvación del mundo por medio de un grupo de radicales bastante pirados, que pretende cargarse a media humanidad soltando por ahí un virus mortal. A partir de entonces se suceden una serie de disparates y una gran número de disparos y explosiones que pretenden, con mucho ruido y poco duende, hacernos creer que estamos ante un peliculón, cuando es cierto que los bostezos de todos nosotros se podían oír hasta en Florencia, que es donde está rodada parte de esta soporífera película. Y hasta ahí podemos leer, no porque no queramos contar más, sino porque no nos hemos enterado de la misa la mitad.

El largometraje cuenta con algunas caras conocidas, como la de nuestro querido Omar Sy, actor francés de los mejores que hay ahora, que está tan desaprovechado que da rabia y asco y al que no se le saca partido en ningún momento. Una pena.

La chica de la película, interpretada por Felicity Jones es, como mandan los cánones, treinta años menor que el protagonista y ni siquiera se aprovecha el posible romance que hay entre los dos. Y mira, oye, en realidad es un acierto, porque iba a quedar fatal. La química entre actriz y actor es nula, no solo porque su poco empaste se note a mil, sino porque es que Hanks está completamente fuera de sí y no hay manera de interactuar con él. Por cierto, Felicity no sale en pelotas. Qué raro.

Para terminar, este filme solo podemos recomendarlo a los muy fans de Hanks o de la saga Da Vinci, porque el resto del público se va a aburrir de lo lindo. No estamos en contra de las películas mayoritarias que te hacen pasar un buen rato, al contrario, creemos que el cine es entretenimiento sobre todo, pero es que esta cosa es un truño pero de los duros de roer. Advertidas quedáis, nenas.
FICHA TÉCNICA
Inferno. 2016. Estados Unidos
DIRECCIÓN: Ron Howard
REPARTO: Tom Hanks, Felicity Jones, Ben Foster, Irrfan Khan, Omar Sy.









