Hace ya varias semanas que pude verla y aún me sorprendo de vez en cuando recordando algunas de sus escenas y varias de las confesiones de sus cuatro protagonistas. Y probablemente sea así porque cuando me senté a ver I Hate New York, un documental grabado durante 10 años en la escena underground del Nueva York post 11-S por Gustavo Sánchez y que ha acabado siendo producido por los hermanos Bayona, no tenía muy claro qué era lo que iba a ver.

También recuerdo claramente que al acabar la proyección hablé con Gustavo y de entre todo el batiburrillo de ideas y sensaciones que me invadían en ese momento lo más evidente era que acabábamos de ver, literalmente, la vida misma. Pero la vida misma de cuatro personas trans que habían decidido vivir, sentir, sufrir, disfrutar, luchar, reír y llorar ocultándose a plena vista del mundo y de Nueva York (aunque, en cierta manera, el mundo y Nueva York acaban siendo lo mismo).

La fortaleza y glamour de Amanda Lepore, la sencillez reivindicativa de Sophia Lamar, el optimismo y poder de T De Long y la resiliente y creativa lucha de Chloe Dzubilo. Cuatro mujeres cuyas vidas están marcadas por su identidad, por su necesidad de expresarse, por su fuerza y, sobre todo, por la naturalidad con la que viven lo que para muchos no solo es desconocido sino algo a lo que casi le tienen miedo.

Sophia Lamar y Amanda Lepore

Gustavo Sánchez se fue a Nueva York con intención de descubrir si la mítica escena underground de la ciudad había sucumbido al duelo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ése fue el punto de partida de diez años de grabaciones hechas con una handycam y sin ningún artificio; decenas de entrevistas, miles de confesiones y 150 horas de metraje que, resumidas en algo más de una hora de documental, nos dejan mirar y escuchar las vidas de estas cuatro mujeres. Lo que empezó como una mirada a la escena underground derivó en un retrato colosal y preciso de todo lo que realmente implica ser libre. Y sí, es colosal, porque la forma en que Sánchez ha montado el documental (y la forma en que utiliza la música -que cuenta con nombres tan fantásticos como Arca, Ryuichi Sakamoto, Mr.K!, Alva Noto…-) es tan natural que aunque no percibes de forma evidente el paso de esa década de rodaje sí acabas sintiendo sobre ti mismo el peso de los años, las decisiones y las pérdidas. 75 minutos en los que caben 4 vidas totalmente fascinantes.

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Lo maravilloso de I Hate New York es que propone un ejercicio que no suele ser habitual cuando se retrata a la comunidad trans: escuchar. Son ellas las que explican su realidad, su vida, y Sánchez simplemente acompaña y retrata. No hay necesidad de sobre explicar cosas, no hay juicios, no hay nada más que ellas y su vida. Y justamente por eso, por la naturalidad con la que todo fluye, el documental llama a todo tipo de público y termina siendo (y he de decir que de forma bastante sorprendente) un torrente de optimismo. Amanda, T, Chloe y Sophia no han tenido vidas fáciles y Nueva York tampoco es que les haya ayudado demasiado.Todas tienen su historia, sus problemas, sus malos recuerdos… y aún así todas siguen adelante sin rendirse ni un solo momento. Porque son libres, pero lo son a pesar de todo. Decía la Agrado en Todo Sobre Mi Madre que “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma“, y eso es justo lo que las protagonistas del documental se han ganado ser: libres y auténticas.

Chloe Dzubilo

Y pesar de la dureza de algunos de los pasajes, a pesar de los recuerdos, de la discriminación, del VIH, de la incomprensión que estas cuatro heroínas (porque lo son) han sufrido a lo largo ya no de esa década sino de toda su vida; Sánchez consigue que vuelvas a tu vida real con ganas de más. Puede ser un más como el de Amanda, que aboga por vivir la vida “al máximo y no negarse nada a uno mismo“. Puede ser un más como el de Chloe que lucha sin descanso por los derechos de las personas VIH+ a través de su arte. O un más como el de Tara, que no para de aprender en ningún momento. O como el de Sophia, que aunque parece estar harta de la noche neoyorquina no puede dejarla porque sabe que puede ser un vehículo de expresión (artística, personal, identitaria…) espectacular.

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La tremenda humanidad de las cuatro protagonistas hace que entiendas perfectamente su relación de amor-odio con una ciudad que puede aplastarte o puede darte la oportunidad de hacer lo que jamás creíste que podrías hacer. De ser quién soñaste ser. Una ciudad tan grande en la que es fácil perderse y, a la vez, encontrarse. Una ciudad en la que Amanda, Tara, Sophia y Chloe consiguen ser ellas mismas, conocerse y, sobre todo, liberarse.

I Hate New York se estrenó hace unas semanas en el Festival de Málaga y hoy se proyectará en el D’A Film Festival de Barcelona. No sé en qué momento tendrás la oportunidad de sentarte a verlo, pero en cuanto se te cruce por delante sumérgete en él de cabeza.

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