A estas alturas de la película estarás pensando que ya está todo perdido. Que los fríos polares que nos azotan estos días tienen los días contados, que pronto llegará la primavera y que todo es un estrés mortal porque tú sigues con las mismas lorzas y con las mismas pocas ganas de cambiar tu cuerpo y todo lo que te atormenta que cuando terminó el verano.
Como ya te conocemos y sabemos que eres muy de drama instantáneo y que probablemente te hayas pasado mis últimas entradas por el arco del triunfo te aconsejo desde ya una revisión profunda de mis escritos (y de tu conciencia).
A otro tema.
Este fin de semana ha sido para mí muy de revelaciones y muy de ver la luz. Y no, no iba drogada. Pero quedé con una amiga de esas que hace mil años que no ves pero que faltan cinco segundos de reencuentro para la conexión total. Estuvimos hablando de todo lo que nos había pasado durante los últimos años y, entre drama y drama, me expuso una teoría muy moderna que me he pasado dos días elaborando en mi cabeza (soy de digestiones lentas) hasta llegar a la conclusión de que sí, que lo que me contó es muy de ley universal. Y quería compartirlo con vosotros. A ver si dentro de esas cabecitas locas se os mueve alguna tecla y sacamos algo de provecho, ¡pencas!

No os voy a explicar ahora los puntos claves de mi conversación por que os quedaríais sobadas en menos de lo que Mariah Carey graba un disco de mierda y hunde su carrera canta un gallo, pero sí deciros que tenemos que huir y dejar de focalizar nuestra atención y pensamientos en aquello que nos afecta de forma negativa en nuestra vida (léase crisis y demás dramas de la marica moderna) y alimentar aquellas cosas que queremos que nos pasen.
Al parecer todo se basa en vibraciones de la materia, algo así como los electrones chocando que tan bien cantaba nuestra querida Prohibida.

Esta ley tan universal de la que os hablo se basa en que si prestamos atención a aquello que nos atormenta (que por otra parte es una realidad que no podemos cambiar, que está ahí) estamos alimentando un bucle de sentimientos y vibraciones negativas. Pero ¿qué ocurre si pasamos en bicicleta y silbando rollo verano azul de aquello que no nos deja progresar, lo que nos tiene atrapados y lastrados? Pues que esas cosas acaban perdiendo fuerza y al final se diluyen hasta desaparecer. Y así es amigas, ya basta de seguir dando cancha a todas esas excusas que nos pones y que tú misma te pones y haz lo que tienes que hacer. ¿Qué quieres tener un cuerpazo de escándalo y triunfar como las locas allá por donde pases? Pues oye, piensa en ello, deséalo, pon tu mente y tu cuerpo a trabajar en ello.
¿Quieres ser delgada? Ponte a ello.
¿Quieres ser multimillonaria y vivir de rentas? Cáscate a un chulangano forrado de pasta.
¿Quieres tener la polla más grande? Lamentamos comentarte que para este caso no hay remedio, te jodes y aguantas con lo que Dios en su hijoputismo te ha dado.

Todo esto nenas viene porque todo está en el coco y porque nosotras mismas somos nuestra peores enemigas. Que muchas veces somos muy de ir directitas al muro y estamparnos de cara (repetidas veces) y encima hacernos las víctimas clamando al cielo: ¿qué he hecho yo para merecer esto?. Ya basta querida, las víctimas son lo más 1995 que puede haber y si sigues en este bucle mortal vas a acabar fatal, y fatal es peor que mal. Corta el rollo, deja de compadecerte y visualiza.
Y ahora, volviendo al tema.
LECCIÓN 3:
REVELACIONES ABSOLUTAS, REALIDADES Y OBJETIVOS PARA CONSEGUIR UN CUERPO 10
De un hombre esperamos que esté musculado, que tenga un cuerpo en forma de V, con una cintura lo más estrecha posible y unos hombros y pechotes potentes y desarrollados. De la mujer se espera que tenga grandes pechos, un culo prominente y unos labios seductores. Y de las mujeres no genéticas también.
Pero… ¿Y de un maricón?
Pues la cosa se complica un huevo si eres maricón, por que las maricas siempre vivimos al borde del precipicio para asegurarnos nuestra dosis diaria de drama. ¡Qué coño precipicio! Acantilado. Y con cocodrilos cocodrilos… abajo abriendo sus fauces esperando a que demos un mal paso de tacón para ser finiquitadas. Por que el mundo gayer es muy de extremos y muy de autoexigirse un potosí y al final quiere y pide todo lo que tiene un hombre pero multiplicado por mil. Al parecer, y según me ha contado una amiga mía que es bióloga marina (pero bióloga al fin y al cabo) estamos programados genéticamente para «desear» y por supuesto amar todas esas características tan hijoputescas y difíciles de conseguir en hombres y mujeres. Ya veis amigas, la evolución siempre de nuestra parte.

Así que no es de extrañar ver cada día a las maricas acudir en manada a sus centros de entrenamiento ideales, con sus bolsas ideales, sus amiguis ideales y sus conjuntos ideales. Y ahí estás tu. Inadaptada como siempre. Te has convertido en la oveja negra de esa gran manada mariconil y no sabes como regresar al sendero de luz e iluminación que desemboca en ese remanso de paz que es ser una marica perfecta. Ni eres guapa (aquí poco podemos hacer, ¡habla con tu cirujano!), ni tienes estilo (lee mis post sobre moda, ¡maricón!), ni eres simpática (habla con tu psiquiatra, ¡guapa!) ni tienes una vida social de escándalo. Pero seguro que has intentado millones de veces apuntarte a un gimnasio y acudir (que es lo más importante) pero siempre has fracasado en tu objetivo. ¿Qué ha pasado mientras dabas un paseo por ese camino entre entre tu determinación y tu objetivo? Que te distraes amiga, ¡que te distraes!
PRIMER PASO: ASUME LA REALIDAD. ¡GUA-PA!
Para poder cumplir un objetivo es necesario ser consciente primero de la PUTA realidad. Y todas sabemos que tus contactos con la realidad son puntuales, chungos y dispersos. Pues amiga, baja de la parra y céntrate por que si no calmas tus nervios no vamos a llegar a ninguna parte. Has de saber en qué punto dramático de tu vida te encuentras. ¿Estás todavía flagelándote por tu última ruptura mientras tu ex ya está chupando pollas como una loca más que recuperado? ¿Estás inmersa en una crisis de identidad mortal de necesidad? ¿Estás atrapada en un cuerpo que no te corresponde? Seguramente tienes un estilo de vida caótico, desordenado, rutinario, abocado a la batalla diaria de las mil gestiones, con poco tiempo libre a causa del trabajo y que te ha llevado a comer mal, ejercitarte poco y dormir menos. Y eso no hay marica ni cuerpo que lo resista. Sea como sea, lo importante es detectar qué está fallando y corregirlo. Una vez hemos detectado aquello que no nos gusta de nuestra figura (¡ya, amiga!, esta parte de asunción de la realidad puede ser muy torturante), hemos analizado las causas que lo provocan y avistamos las herramientas que podemos tomar para corregirlo hay que plantearse una meta: el Objetivo.

SEGUNDO PASO: EL OBJETIVO
Un buen objetivo ha de ser realista, tiene que estar basado en parámetros que podamos medir y debe estar definido en el tiempo. Si no sabes lo que es un parámetro coges el diccionario.
Por ejemplo, podemos ponernos un objetivo como «quiero adelgazar 10 kilos en 5 meses», donde el objetivo sería «adelgazar 10 kilos», el parámetro a controlar sería «el peso en kilos» y el tiempo sería «cinco meses». Pero más importante que todo eso es que sepamos lo que PODEMOS hacer y lo que NO podemos hacer. Por poner un caso drástico, una marica no puede pretender adelgazar veinte kilos en tan solo un mes por que, además de ser prácticamente imposible, pondría su salud en serio peligro. Es importante que nuestro objetivo sea realista por que para llegar hasta esa meta vamos a tener que dividir el camino en pequeñas etapas que nos van a servir como refuerzo de la motivación que nos llevó a plantearnos el objetivo. Si cumples la primera etapa vas a ver cambios, y luego vas a querer más y más y más y más y más (te quiero y quiero más) y así hasta el infinito. Por que a ambiciosas no nos gana nadie amigas. Pasa a menudo que como no podemos cumplir un objetivo que ya de base es imposible o poco realista nos desmotivamos a la primera de cambio, y lo peor ya no es que abandonemos nuestro objetivo si no que además se añade una frustración adicional que te lleva a un bucle muy mortal del que tan solo te puede sacar un par de guantazos a tiempo. Yo te los daría muy a gusto, pero es que me pillas un poco lejos chata.

TERCER PASO: ¡MUEVE EL CULO AMIGA!
¿Pero cómo puedo empezar a cambiar aquello que me disgusta? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Vamos a callarnos, bonita. Lo que está claro es que hay que moverse y actuar. Lo más difícil en cualquier cambio que desees hacer en tu vida es romper con los hábitos, independientemente de que éstos sean buenos o malos. Hazte un makeover querida, rompe con tu pasado y entierra a tu antiguo yo saludando a tu nuevo tú. Estoy segura de que en medio de toda esa vorágine diaria que tienes existe un hueco que puedas dedicarte a ti misma. Da igual que sea tan solo una hora, pero ese «momento» que sea tan solo tuyo y de nadie más. Diariamente hacemos muchas cosas que no queremos hacer pero nos vemos obligadas a ello; tenemos que ir a trabajar, hacer la compra, conducir, cocinar, aguantar a la pesada de tu amiga mientras te relata dramas de diversa índole… Pues haz que esa hora que te dedicas a ti mismo sea también, además de placentera,«obligatoria». Márcate una rutina semanal donde tenga cabida la práctica de algún ejercicio, lo que más te motive, y además, alimenta esa motivación informándote sobre el deporte y todos sus entresijos.

Es un consejo de amiga.
Solo así, habremos dado el primer paso hacia el MAKEOVER VITAL QUE TANTO NECESITAS.









