Te lo diré claro amiga: tu cuerpo es más inteligente que tú.
Que no es que sea muy difícil sobrepasarte en inteligencia, ya me entiendes, pero miles de años de evolución lo avalan y pretender engañarlo es tarea imposible. Es la máquina más perfecta sobre la faz de la tierra y está diseñada y lubricada engrasada para adaptarse a situaciones tan extremas que tus dramas parecen sacados de una película mala de Disney.

En la antigüedad nuestros antepasados no tenían las comidas garantizadas tal y como las tenemos ahora: si alguien quería comer, tenía que salir a cazar y probar suerte, o bien cultivar sus productos. No como ahora, mariloki.
¿Qué se te antoja un Cheeto? Pues te lo comes.
¿Que te viene el vómito del arrepentimiento? Pues vomitas y tan ideal todo.
El hecho de no tener comida siempre a disposición desarrolló en nuestro organismo la capacidad de disminuir el gasto calórico que necesita para vivir y conservar la energía. Es decir: nuestro organismo se vuelve más eficiente en el consumo que hace de la energía y trata de mantenerla y seguir almacenándola a toda costa. Sé que te acabas de quedar muerta, pero te lo resumo: tu cuerpo es un cuadro pero no es tonto y si dejas de comer le entran las angustias y se lo queda todo, grasas incluidas.

Lo primero que hace el mundo mariconil cuando ve que se acerca el verano y aquello no hay milagro que lo solvente es reducir de forma drástica el consumo de calorías.
La marica, en su lucha implacable contra las lorzas se apunta a toda dieta que se mueva. O si no se la inventa: la de la alcachofa, la del cucurucho (esta es muy de enviciarse viva), la del pomelo rojo, la de la proteína, la del pino puente… es decir a TODO. Incluso a aquellas que aconsejan reducciones por encima de las 1000 calorías diarias sin ni siquiera tener en cuenta el total del gasto calórico real del sujeto en cuestión, cosa que te puede poner en un riesgo muy mortal querida.
Y es que una marica en pleno drama estético es muy de darle un guantazo y quitarle la tontería forever vulnerable. Muy de sufrir como una madre. A todo esto, lo que está claro es que existen miles de dietas milagrosas y aparatos que prometen resultados sin casi esfuerzo pero sin embargo la obesidad es la gran epidemia de nuestro tiempo. ¿Algo falla no?

LECCIÓN 4:
¡DRAMA! HACER DIETA ENGORDA
Amigas, dejad de hacer las mamarrachas sufrir en vano:
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Las dietas bajas en calorías ralentizan tu metabolismo. Sí, incluso más que tu cerebro. Y lo hacen de tal forma que consiguen que tu cuerpo pierda la capacidad de quemar entre un 25% y un 30% del total de calorías. ¿Sabes a dónde va ese exceso, maricón? A
esas lorzas de mierda que rodean todo el perímetro de lo que un día llamaste cinturatu tejido adiposo, cari. -
Te hacen perder músculo, y esto sí que es un verdadero drama en potencia. Por que una marica sin músculo es como una cebra sin rayas, un elefante sin orejas o un gobierno sin un ir y venir de sobres. Tu organismo, como le estás diciendo de forma indirecta que
se busque la puta vida y que empiece a soltar todo ese sebo que te atormenta«hay escasez de alimento» busca otras formas de obtener energía para mantener intactos tus depósitos de grasa y se empieza a alimentar de tu tejido magro. Es decir, te consumes viva. Esto a largo plazo tiene consecuencias fatales, ya que tus músculos constituyen una verdadera máquina de quemar calorías, por lo que perderlos es también perder capacidad de gastar calorías. Imagina que estás a dieta y que llevas perdidos 10 kilos. Medimos tu composición corporal y con sorpresa descubrimos que has bajado grasa (4 kg) pero que también has perdido músculo (6kg) ¿Sabes que ocurrirá cuando dejes «la dieta»? Pues te lo digo rápido bonita: serás menos eficiente a la hora de quemar calorías debido a la pérdida de masa muscular, por lo tanto, recuperarás el peso que perdiste al recuperar tus hábitos y añadirás algún kilo extra. ¿Te suena el efecto rebote no? Pues ahí lo tienes, en bucle. -
Además, la restricción calórica, hace que tu cuerpo estimule la actividad de hormonas implicadas en el almacenamiento de las grasas y ralentiza la producción de otras implicadas en su pérdida. Tu cuerpo no quiere desprenderse de esos almacenes tan valiosos y organiza un
cónclavecomplot en toda regla para ver quien es más lista. -
Te sientes ansiosa, se incrementa tu apetito a niveles estratosféricos y el deseo de comer
pollas«todo lo que tienes prohibido«. Y no hay nada más deseable que todo lo que NO puedes comer. -
Como consecuencia de una dieta tan baja en calorías te quedas mustia, apática, se reduce tu (ya escasa) capacidad de concentración y de trabajo. Así que corres también el riesgo de que por fin te den la patada que te mereces en ese curro donde estás explotada viva.

Por lo tanto caris, podemos decir que hacer una dieta demasiado baja en calorías ENGORDA incluso más que no seguir una dieta a largo plazo.
Entonces… ¿qué puede hacer la marica moderna para no verse abocada a una espiral de tormento y autodestrucción? ¿qué pasos tiene que seguir? ¿Cual es el sendero de baldosas amarillas?
Pues no me quites ojo, guapa, que otro día te lo cuento.









