- La película de Oliver Schmidtz se queda en telefilm de sobremesa.
¿Cómo hacer una película de negros sudafricanos sin negros sudafricanos? Tranquila, nena, que el director de Guardián y Verdugo, Oliver Schmidtz, te lo va a explicar punto por punto y, por si no te has enterado, te lo repetirá las veces que haga falta.

Como todas sabemos en Sudáfrica los nativos las pasaron putas cuando los conquistadores británicos, holandeses y de no sé de dónde más, la colonizaron para luego instaurar el tristemente famoso Apartheid. En este caldo de cultivo, Guardián y Verdugo cuenta la historia de Leon Labuschagne (Garion Dowds), un señorito blanquito, rubito y de ojos azules que, para librarse de la mili, acepta un trabajo como guardián en una cárcel. Labuschagne llevó a la horca a cientos de personas de raza negra. Solo en 1987, presenció 164 ejecuciones. Todo un récord.

Leon Labuschagne pegaba a su mujer, desatendía a su hija, se emborrachaba con frecuencia y fue acusado de cometer vejaciones contra los prisioneros. Un día que andaba con la veta mala conducía su coche cuando casi choca contra un microbús donde viajaba un equipo de fútbol. Sin más ni más, Labuschagne la emprende a tiros con ellos y mata a siete.
El asesino es encarcelado y llevado a juicio. Su familia contrata a un famoso abogado criminalista inglés, John Weber (Steve Coogan) para que lo defienda ante la (no tan) feroz fiscal, Kathleen Murray (Andrea Riseborough). El abogado tiene los huevos de negar las evidencias y demostrar que Leon Labuschagne no es un asesino, sino víctima del sistema penal sudafricano.

Y eso, apenas se ve una persona que no sea blanca. Esto es como esos partidos del Real Madrid, que por la radio parece que no juegan contra nadie porque nunca jamás se nombra al equipo contrario. A pesar de la masacre contada, ni una sola vez se menciona a los siete asesinados y la película no hace sino mostrarnos la desgracia de ese pobre chico blanquito funcionario de prisiones.
El filme es previsible y laxo, con imágenes de cara a la galería, a ratos aburrido, a pesar de que las imágenes de las ejecuciones están bien dirigidas y hielan la sangre. Es una lástima que el director, Oliver Schmidtz , haya transitado por la senda de lo acomodaticio y lo formal en este auténtico atentado contra el arte de contar una historia.
FICHA:
Shepherds and Butchers. (Estados Unidos, 2016)
DIRECCIÓN: Oliver Schmidtz
INTÉRPRETES: Andrea Riseborough, Garion Dowds y Steve Coogan.









