A cuadros, en estado catatónico y a su vez emitiendo graznidos de espanto nos hemos quedado todos en la redacción al conocer la portada del nuevo álbum de Fangoria al que hemos rebautizado desde ya como Cuadrocromía. Nos ha costado hablar de ella un par de días del disgusto que nos hemos llevado. Gracias a los chicos de la López Ibor por su ayuda urgente.
Si la portada, realizada por el daltónico fotógrafo Juan Gatti, es preludio de lo que nos espera podemos echarnos a temblar o teorizar sobre lo que puede estar pasando:
Opción A:
Se han quedado sin presupuesto y han cogido la primera foto que les ha pitado y Paint por aquí, un cortar un difuminar y un alehop!
Se han quedado sin presupuesto y han cogido la primera foto que les ha pitado y Paint por aquí, un cortar un difuminar y un alehop!
Opción B:
La persona encargada de la portada tiene más morro que ellos y les está tomando el pelo vendiéndoles algo que en teoría es muy moderno, mediterráneo y rompedor (un saludo desde aquí a Nuria Rossell y Bogatell).
La persona encargada de la portada tiene más morro que ellos y les está tomando el pelo vendiéndoles algo que en teoría es muy moderno, mediterráneo y rompedor (un saludo desde aquí a Nuria Rossell y Bogatell).
Opción C:
Alaska y Nacho en su versión más criptica han llenado la portada de detalles que se pasan por alto pero que tienen un mensaje muy profundo. ¿Qué nos querrán decir con ese enorme obelisco de fondo que además pica hacia la izquierda en una mala corrección de la perspectiva por parte del fotógrafo? Seguramente que nos lo metamos por dónde nos quepa. ¡El obelisco y nuestra crítica!
Pero como somos de lengua viperina y descocada no queríamos pasar la ocasión para recordarle a uno de nuestros grupos de mierda favoritos que somos muy de seguirlos y de auparlos como si no hubiera mañana, pero que una imagen vale más que mil palabras y ésta, nos ha dejado con la mosca muerta detrás de la oreja.








