La vida del ajedrecista Bobby Fischer da para una novela… ¡y para su secuela! Como diría Woody Allen, su historia es como un estofado de cordero con suplemento vitamínico. Y es que el que aún es considerado el mayor jugador de ajedrez de todos los tiempos estaba como una regadera. Lo cual no nos parece extraño: cualquiera que se ejercite en una disciplina durante mil horas al día, comiendo mal, durmiendo poco y sin prácticamente hacer otra cosa, ha de volverse completamente neurótico.

Y, sí, Tobey Maguire (Spiderman), ese actor tan soso (que además, produce), demuestra que cuando quiere, puede hacer una actuación de notable alto como en esta ocasión. La vida de Fischer es llevada a la gran pantalla desde un punto de vista certero y sin irse por las de Villadiego: directo al grano pasando por alto sus avatares personales. Tan solo se da una semblanza de su infancia como niño prodigio para pasar pronto al Fischer veinteañero, en plenos años sesenta. Histriónico, caprichoso, vehemente, megalómano, atrapado por sus reacciones infantiles, Fischer es uno de esos genios al que mejor no poner nervioso, siendo un personaje atractivo y con chispa, como un Henry Higgins (My fair lady) u Otto Lidenbrock (Viaje al centro de la tierra), personajes irritables, que no pueden controlar su genio (doble) y llenos de manías que hacen más sacar una carcajada que una mueca de disgusto. Pues así era Bobby Fischer.

mear rabillo del ojo (sencillamente, no son el mismo tipo de hombre), pero su actuación llena la película (el actor sale en el 95% del metraje) y, a pesar de ello, se genera una gran simpatía tanto por el personaje como por el actor.

El largometraje describe, brillantemente, la llegada de Fischer al gran campeonato mundial de ajedrez que se celebró en Islandia en 1972 contra Boris Spassky, de la extinta URSS, en una partida que constó de varias partes y que se ha dado en llamar como «la mejor del mundo». Esta partida tuvo al globo terráqueo en vilo ya que además de contar con dos espectaculares jugadores, fue también utilizada por las grandes potencias estadounidenses y soviéticas pues, en plena Guerra Fría, aquello acabó siendo más que una partida de ajedrez.

A pesar de que la cámara, en su mayor parte, nos muestra a Spakssy y Fischer una frente a otro pensando meticulosamente sus jugadas, no aburre ni un solo momento, mostrándonos, además, cómo ambos jugadores fueron, en aquellos años setenta, más que simples ajedrecistas y, en el caso de Fischer, se le llegó a profesar una admiración y obsesión como a una estrella del rock llegando a ser considerado uno de los hombres más sexis de su época.
FICHA:
PAWN SACRIFICE (Estados Unidos, 2014).
DIRECTOR: Edvard Zwig
REPARTO: Tobey Maguire, Liev Schieber, Peter Sarsgaard









