Cada vez que Fangoria saca un disco, se lía parda. Es nuestra Civil War, sacamos las metralletas y empezamos a acribillarnos unos a otros porque a mí me ha gustado, a ti no, a él le gustaba más cuando trabajaban con Carlos Jean, a nosotros nos parece que es lo mismo de siempre, a vosotros os parece que han evolucionado y a ellos les da igual porque van a vender lo mismo.
He de reconocer que yo soy de los que se quejan, de los que hace unos años se morían por escuchar algo nuevo y compraban todas las ediciones de cada disco y no se perdía ningún concierto. Hasta que dejaron de trabajar con Jean y empezaron a perder el norte cuando se embarcaron en El Extraño Viaje y añadieron las guitarras, el glam y los sonidos más industriales. Pero mi problema con ellos no era sólo de producción, eran unas canciones que cada vez sonaban más enrevesadas melódicamente y unas letras que parecían patrocinadas por un sector de la RAE que quería recuperar el uso de palabras extrañas y sicalípticas (sí, soy consciente de que esa palabra ahí no pega, pero tú ya me entiendes).
Por eso tenía poco interés en este nuevo disco. Porque si ya estaba yo poco receptivo, cuando en Cuatricromía juntaron sus ganas de guitarra con los ritmos felices de Guille Milkiway me bajé del tren y empecé a tener la sensación de que por cada canción que me gustaba (pero no me emocionaba como lo hacían antes) había dos que eran puro relleno.
Y de repente llega este Canciones para robots románticos y mira, llámame raro, pero me he medio reconciliado con ellos. Y te voy a contar por qué.
1.- Disco Sally
Disco Sally era una señora muy mayor que siempre estaba metida en el Studio 54 y acabó muriendo bailando en la pista de la discoteca. Literalmente. Empezar un disco hablando, precisamente, de gente que muere bailando es todo un acierto; y eso que esta canción no es precisamente bailable. Disco Sally, la canción, es un drama de los que nos gustan; pero además es un drama bien hecho. La letra es un poco ida de olla, pero el mensaje queda claro; y, lo más importante, es que melódicamente es una delicia y la producción no entorpece la escucha. Y eso, viniendo de donde venimos, es mucho. Muchísimo.
8/10
2.- Geometría polisentimental
Desde el primer momento nos gustó a todos, básicamente porque es exactamente la misma canción que Dramas y Comedias. Y eso nos hizo temernos lo peor sobre todo el disco, porque Dramas y Comedias fue el preludio de un disco que a muchos nos pareció espantoso. Pero lo que hace que funcione es que a esa letra recargada y rebuscada (justificadamente) la acompañan unos sonidos divertidos, una melodía que engancha (el in crescendo del puente es maravilloso) y una clara intención de hacerte bailar. Una estructura clásicamente pop y mucho petardeo. Si comparas esto con algunos de los primeros temas de Fangoria parecen dos grupos diferentes, pero en el fondo sigue siendo lo mismo de siempre. Y eso, en realidad, no tiene por qué ser malo.
8/10
3.- Fiesta en el infierno
Cuando se anunció el disco los fans estaban como locos esperando que se confirmara que este tema estuviera en el tracklist, que lo habían escuchado en directo y querían una versión de estudio. Yo como hace mucho que no voy a verlos no tenía ni idea de qué era y pasaba de ver vídeos en Youtube de esos en los que no se oye nada y se ve menos (otro día hablamos de por qué os pasáis todo un concierto con el móvil en la mano en lugar de disfrutar del directo por el que habéis pagado). Es fácil saber por qué necesitabais esta canción. Porque os encanta un drama. Y esto es un dramón maravilloso a lo Me Odio Cuando Miento pero con esteroides. Lo mejor (de esta canción y de la primera mitad del disco) es que sin sonar extremadamente diferente tiene una personalidad propia, y no me refiero a que el discursito antes del estribillo (con homenaje a los Pet Shop Boys incluído) parezca algo original sino a la producción. Ese piano acompañando a la voz de Alaska durante las estrofas, el ligero coqueteo con el EDM en el puente, la exposión del estribillo. Estribillo que, por cierto, cumple a rajatabla todas las normas que hacen un gran estribillo y que, además, hará que te desgañites en los conciertos. Porque si algo queda claro escuchando el disco es que esto está pensado para que el público se vuelva loco en un directo. Y lo sabes.
9/10
4.- Iluminados
Bienvenidos al Electricistas 2016. Y ojo con Iluminados porque es de lo mejor que Fangoria ha hecho en mucho, mucho tiempo. Y además es el ejemplo perfecto de que melódicamente han dado un pasito atrás para recuperar la cordura (ponte Ecos del Ayer de Cuatricromía y dime que eso es normal) y han sabido actualizar su sonido sin pasarse de frenada (hola de nuevo, Cuatricromía). Antes os he hablado de un Me Odio Cuando Miento con esteroides y ahora estamos exactamente en el mismo caso: son los Fangoria de siempre, los que nos enamoraban, pero ahora suenan a festival de verano. No sólo es el hecho de que hayan conseguido que la canción vaya creciendo y creciendo hasta estallar tras un silencio y un middle-8 que es puro EDM orgásmico; es que el juego melódico que hacen entre la letra y la base, dándole más presencia a una cosa o a otra según les venga en gana hacen que sea un temazo.
10/10
5.- Manual de decoración para personas abandonadas
Si hay algo que me gusta mucho, muchísimo de esta canción no es que la letra sea divertida y tenga ese je ne sais quoi que hace años te hacía decir «esto sólo lo compone Nacho Canut«. Es que si la coges y la metes en Arquitectura Efímera no desentona. La voz de Alaska ha vuelto a ser la protagonista, y eso es básico para que el todo funcione porque es más fácil centrarte en lo que te está cantando y porque no te despistas ni te abrumas por una producción pasadísima de vueltas. Las estrofas son ligeras y coquetas, la melodía es muy juguetona y aunque el puente no encaja demasiado bien (no hace falta tanto subidón electrónico) y estribillo no tiene toda la fuerza que podría tener funciona perfectamente. Por cierto, será cosa mía, pero me alegro profundamente de que se hayan dejado de tanto glam rock y guitarreo a lo loco y esté ahí el piano, haciéndome feliz.
8/10
6.- Voluntad de resistir
Tengo un problema con esta canción. Cuando empecé a escuchar el disco me pareció una de las mejores canciones que tiene y que han hecho en mucho tiempo. La producción, la letra, el juego de voces en el estribillo y SOBRE TODO esa maravilla de puente/estrofa medio dubstep medio canción melódica. Era un 10. Un 20. Pero entonces leo una entrevista en la que relacionan Voluntad de resistir con su famoso «si te has hipotecado no le pidas al gobierno que venga a rescatarte«. Y de repente el mensaje que tanto me gustaba al principio me parece una puñetera mierda. No me voy a poner a hablar aquí sobre política o economía o lo poco acertado que me parece hacer ese comentario tan superficial y simplista sobre un tema como éste. Pero sí te diré que personalmente ya no puedo escuchar Voluntad de resistir sin cabrearme. Hasta que se me olvide la polémica y vuelva a entenderla como a mí me da la gana. Así que en vez de un 10 le voy a dar un 9. Pero yo quería darle un 10. La culpa es tuya, Alaska.
9/10
7.- La marisabidilla, el escorpión y la que quita la ilusión
Hay una regla no escrita que dice que las canciones de Fangoria que tienen un título largo y estrambótico o son maravillosas o son un desastre. Cómo solucionar problemas del corazón en condiciones atmosféricas adversas es, por ejemplo, una maravilla. Caprichos de un corazón estrafalario era un desastre. Interior de una nave espacial abandonada es una maravilla. La marisabidilla, el escorpión y la que quita la ilusión es un desastre. Para empezar, estoy un poco cansado de que en todos los discos de Fangoria tenga que haber una canción en la que se metan con los críticos, con la gente tóxica y con las tres aburridas de siempre. Ya quedó claro con Criticar por Criticar. Hay otras cosas de las que hablar y otras formas de dejar claro que a Canut y Alaska les da igual lo que opinen los demás. Aunque al final me acaba pasando un poco como con Mónica Naranjo, que se ponen tan pesados con esa actitud de «soy artista, estoy por encima de todo y de todos, soy maravilloso tal y como soy» que acabo por perder el interés en lo que sea que me tengan que decir. En cualquier caso, volvemos a lo que no me gusta de la última etapa de Fangoria: letra rebuscadísima, la melodía es aburrida (la métrica alargada y estirada), está sobreproducida…
4/10
8.- La nostalgia es una droga
Aunque no es la mejor canción del disco, al menos demuestra que se puede hacer lo de la canción anterior sin resultar aburrido. Un drama no tiene por qué sonar tan drama, no hace falta alargar las palabras para que la melodía funcione y se puede hacer una canción con estrofas intensas y un estribillo pegadizo. Esto es música pop: o enganchas a la gente o algo está fallando. Es curioso (y es algo personal, pero para algo esta crítica la estoy escribiendo yo) que cuando vuelven los sonidos guitarreros, la vertiente más glam-rock; cuando revisitan El Extraño Viaje quiero pasar de canción. Por suerte, como he dicho antes, el estribillo funciona y el middle-8 es resultón. Y la letra es una de esas paranoias que aprendimos a querer (pero nos hacen levantar un poquito la ceja).
6/10
9.- Mentiras de folletín
Antes de que el disco degenere (porque degenera, mucho) hay un último momento de alivio con esta canción. La estrofa vuelve a tener la métrica alargada pero el estribillo (con post-estribillo) es guay. La letra es la típica en la que Canut siente la imperiosa necesidad de demostrar algo que no hace falta que demuestre a esas alturas de la película. No le voy a dar muchas más vueltas porque tampoco hay mucho que comentar: está bien, pero tampoco mata.
6/10
10.- Delirios de un androide cardado
Vale ¿te acuerdas de lo que te he dicho de las canciones con títulos estrambóticos? Bueno, pues ésta es un desastre. Es un cuadro. Es la canción con la que seguramente abran los conciertos. No te voy a decir que la letra es para saltar por la ventana, no te voy a decir que la melodía es rara como un single de LVBNA, ni te voy a decir que cuando empezaron a producirla no sabían qué hacer y decidieron hacerlo todo. Nada tiene sentido, así que vamos a dejarlo. Es la canción que tiene que justificar esta temática de robots y amor que tiene el disco.
1/10
11.- La procesión va por dentro
Olvídate de que esto era un disco pop. Alaska y Nacho han decidido mandar el pop a tomar el fresco. Melódicamente no me desagrada, me podría hacer gracia si fuera una excepción y no fuera la misma canción que rellenaba Cuatricromía, Absolutamente o El Extraño Viaje. El drama cantado a lo Camilo Sesto funciona a veces, y otras veces no. Aquí funcionaría si no sonara a cuando Mónica Naranjo (ya le he mencionado varias veces, pero es que Fangoria y Mónica Naranjo tienen más en común -a nivel de personalidad, no estilístico- de lo que parece) quiso ser Marilyn Manson.
3/10
12.- Larga vida y prosperidad
Aquí ya puedes darle al stop, no hace falta que sigas sufriendo. Sólo hay una forma de definir esta canción: es la que ponen en mitad del concierto para que puedas ir al bar a pedirte una cerveza y no te sientas mal por perderte algo. (Aunque vale, el estribillo tiene cierta gracia).
2/10
13.- Sinestesia
Y cerramos el disco con algo guay. Una producción más electrónica y etérea que recuerda a los tiempos de Una Temporada en el Infierno con un ligero toque al new wave ochentero de gente como The Cure, una letra MUY Fangoria y un estribillo maravilloso. Es estimulante, es interesante; aunque en lugar de ser una vuelta a los orígenes me hace sentir que más bien un pequeño guiño a una etapa que ya han dejado atrás y que difícilmente volverá.
8/10
CONCLUSIÓN:
Si sumamos todo y hacemos la media, nos sale un 6,3. Y mira, me parece una nota más que justa para un disco irregular, que empieza con la promesa de que el dúo sigue hacia adelante pero acaba pecando de lo mismo que hizo que muchos dejáramos de prestarles atención. La primera mitad del disco justifica la reconciliación, pero la segunda mitad vuelve a pecar de unas melodías poco atractivas, una producción estridente que acaba agotando las neuronas y los mismos mensajes de siempre. Y lo de Delirios de un androide cardado debería considerarse un delito.
Nota aparte merece la campaña de promoción que están haciendo del disco. Fangoria nunca han sido un grupo mainstream aunque sus componentes lo sean y es una pena que dos personas con el talento innegable y ampliamente demostrado que tienen tanto Alaska como Nacho Canut tengan que recurrir a polémicas políticamente incorrectas para que la gente sepa que han sacado disco.
Por suerte para todos a Fangoria le queda cuerda para rato. Por desgracia (para todos) están en un punto en el que cada vez les importa menos gustar o no, y justificándose en el manido argumento de la marsabidilla, el escorpión y la que quita la ilusión van a seguir así.
Si me prometen que en el siguiente al menos la mitad del disco será tan guay como la primera mitad de este Canciones para robots románticos, compro.










