«Una buena película en su mayor parte que falla estrepitosamente en el personaje principal»
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El cine argentino, como el de cualquier otro lado, tiene sus pros y sus contras. En su favor hay que señalar un ingenio inaudito para contar originales historias fuera de lo común; en su contra, su exceso de megalomanía.
De eso peca esta El ciudadano ilustre, film dirigido por Gastón Duprat y Mariano Cohn (El hombre de al lado), impecable en su planteamiento y desarrollo pero que falla estrepitosamente en el personaje principal (interpretado de manera rutinaria por Óscar Martínez), un tipo que se piensa tan por encima de todo el mundo que ni chiquita una mosca puede hacerle daño, tan fuerte que nada le puede tocar.

Como no podía ser de otra manera, el escritor argentino Daniel Mantovani (Martínez), de sesenta y siete años, gana el Premio Nobel de Literatura. Premio que no rechaza pero, eso sí, da su discursito perdonavidas de marras (veremos qué hace el señorito Bob Dylan, porque ése tampoco lo va a rechazar). De entre las muchas invitaciones que recibe este millonario y antipático personaje (que vive a todo lujo en una casa de Barcelona) para que dé conferencias por todo el mundo, se topa con una cartita de su pueblo, Salas, una localidad de Lincoln (Buenos Aires, Argentina) que no llega a los 250 habitantes y a la que hace cuarenta años que no vuelve. En esa misiva, el alcalde le explica que quiere concederle las llaves del pueblo y nombrarlo hijo pródigo de Salas. Mantovani decide aceptar la invitación e ir solo.
Como decimos, los directores hacen un gran alarde de buen hacer cinematográfico en la mayor parte de la exposición de este largometraje, acentuando la contradicción entre el cínico y finolis personaje y la tosca forma de vida de la gente del pueblo. Como si fuera una película de Frank Capra, o un filme de Juan Antonio Bardem, el largo se desarrolla aumentando los momentos de tensión y de falta de conexión entre ambas partes, tensión que será progresiva e insoportable, en un ejercicio de bien medida contención.

El escritor Mantovani, con sus aires de superioridad, da clases supuestamente magistrales, ejerce de jurado inmisericorde en un concurso de pintura, pasea por Salas con aires de grandeza, se acuesta con una chica cuarenta años más joven (Belén Chavanne) a la que trata como un fardo… Todo esto choca con la brutal doble moralidad de las gentes del pueblo, las cuales, al no ser atendidas las múltiples ofertas de agasajo o peticiones de ayuda económica, reaccionan de manera diversa y desprevenida contra el escritor.

«Fuera de las ciudades no hay salvación», que diría el escritor español Juan Benet, y este otro escritor, Daniel Mantovani, va a saber muy pronto cuál es el precio de su arrogancia y el de volver al yermo páramo desolado del que huyó cuando era joven y al que, pensaba, regresaba como triunfador. Hay que hacer notar que el actor principal, Óscar Martínez, por lo general bastante bueno, aquí no acaba de cuajar, siendo los actores secundarios los auténticos protagonistas, como la soberbia e inquietante interpretación de un enorme Dady Brieva, que es que se come a todo el mundo.

El filme acierta, como hemos visto en otras películas argentinas de este año (Capitán Koblick por ejemplo, o la de próximo estreno Esteros, de Pappo Curotto), en desarrollar su trama en el rural argentino, pero un rural realmente inhóspito y hosco, donde mandan los caciques del pueblo, los hombres se entregan al vicio y las mujeres viven encerradas en casa. Sin embargo, el perfil contradictorio del personaje principal (va de auténtico y traiciona sus ideales a la primera ocasión, y no creo que esto sea buscado), la manía de poner a prueba constantemente al espectador y un decepcionante e incomprensible final (que no deja lugar a la necesaria catarsis que la historia pide a gritos) da al traste con ésta, sin embargo, buena película en su mayor parte.
FICHA
EL CIUDADANO ILUSTRE
(Argentina-España, 2016)
➡ Dirigida por: Gastón Duprat y Mariano Cohn.
➡ Reparto: Andrea Frigerio, Belén Chavanne, Óscar Martínez, Dady Brieva.










