Si Alfred Hitchcock levantara la cabeza, además de darnos una gran alegría -dejando a un lado la zombieficación del mito- probablemente se emocionaría al comprobar que su legado, el legado de la familia Bates y su motel, sigue vivo.
Eso o mandaría a la hoguera a todo el equipo de Bates Motel.
Pero yo me decanto más por lo primero. Hitchcock, además de ser un auténtico maestro creando suspense, era muy consciente del medio en que se movía y de la necesidad de llegar al público de la forma más efectiva posible. Y en una época en que la ficción televisiva está alcanzando niveles de calidad apabullante, no me cabe la menor duda de que sería un férreo defensor de Bates Motel, la nueva serie de la cadena A&E que está arrasando en E.E.U.U.
Todos conocemos ya la historia de Psicosis. Y si no la conoces, maricón, ponte a ver la película. Pero ponte la original, la de Hitchcock, no el remake que hizo Gus Van Sant copiando la original plano a plano y que era para expulsarlo del planeta con una cámara para que grabe las estrellas hasta que se quede sin oxígeno.
Inspirado por la historia real de Ed Gein, Hitchcock facturó su película más exitosa hasta la fecha. Y es que aunque hoy en día el público es mucho menos influenciable, en el momento de su estreno la cinta causó auténtico terror en la audiencia.
Pero aunque la película era bastante explícita (para la época) y todo quedaba más o menos claro, la relación de Norman Bates con su madre siempre ha sido un misterio.
Y ése es el misterio que, en teoría, desvelará la serie.
Planteada como una precuela actual de la película, Bates Motel te volverá muy loco desde el principio. Y no sólo porque Norman Bates lleve un iPhone; sino porque la serie se sumerge muy rápido en una espiral de giros de guión que te harán aplaudir como si estuvieras en un concierto de Madonna.
Tranquilo, no te voy a soltar ningún spoiler, pero te puedo asegurar que la serie es un auténtico must-see.
Norma Bates (Vera Farmiga, a la que veremos dentro de poco en la terrorífica The Conjuring) y su hijo Norman (Freddie Highmore, el Charlie de la Fábrica de Chocolate de Burton) compran un antiguo motel de carretera y se mudan a él para empezar de cero tras la misteriosa muerte del padre del chico. Pero aunque el deseo de Norma de poder ser feliz junto a su hijo es muy fuerte, las cosas comenzarán a torcerse muy pronto.

¿Te imaginas lo que pasaría si la redacción en pleno de esta web nos mudáramos a Chueca? Iríamos todo el rato por la calle pensando «¡Éstos son más maricas que nosotros!«. Pues eso es justamente lo que les ocurre a Norma y a Norman. Pero no en plan marica, en plan «¡Éstos están más locos que nosotros!«. Y es que parece que se hayan ido a vivir, directamente, a una versión contemporánea de Twin Peaks. Aquí no hay lechuzas que hablan, ni gigantes que aparecen en sueños. Pero muy pronto queda claro que todo el mundo tiene algo que ocultar. Y lo que hace grande a la serie es que esos secretos, aunque bastante previsibles, son cada vez más brutales y más horripilantes.
La factura técnica de la serie es absolutamente impecable. Con una realización cuidada al detalle que logra mantener la tensión (muy al estilo Hitchcock). Además tanto la música como la fotografía consiguen imprimir a toda la serie una curiosa sensación que se mueve entre lo incómodo y lo terrorífico. Pero lo que más destaca es el diseño de producción y de personajes, con un constante déjà vu a los años 60 (fecha en la que se rodó la película) que la convierten en un producto muy especial.

Además el hecho de que esté ambientada en la actualidad le confiere cierta sensación de desasosiego que funciona a la perfección. Además de poder jugar con los gadgets del momento (¿Qué es eso de alumbrarte con una linterna? ¡Usa el flash del móvil!) la extraña relación entre Norman y su madre se vuelve aún más perturbadora. ¿Quién se imagina a un hijo queriendo a su madre de la forma en que quiere Norman a Norma en pleno Siglo XXI?
A pesar de ser una apuesta de un canal pequeño como es A&E, la serie está funcionando de maravilla en Estados Unidos tanto entre el público (consiguió reunir a 3 millones de espectadores en su estreno) como entre la crítica. Y es que, al igual que pasa con The Following, parece que los creativos de televisión han decidido dejar de buscar el sustituto de LOST (curiosamente Bates Motel está producida -entre otros- por Carlton Cuse, productor de LOST)y crear series rebuscadas que exigen gran atención al espectador y se están decantando por productos de visionado fácil y entretenido, con realización cada vez más cinematográfica sin bajar los estándares de calidad. Series extremadamente entretenidas, con guiones trabajados pero con trabas sencillas y que te mantienen enganchado al televisor. Aunque haya cosas que chirríen a nivel argumental o diálogos un poco flojos, lo cierto es que con sólo tres capítulos la serie ha conseguido convertirse en una experiencia tremendamente disfrutable que querrás seguir viendo para descubrir qué otras locuras (y, te lo juro, están MUY locos) se les habrán ocurrido a los guionistas.
httpvh://youtu.be/Nkn5aEadrX4
Y si encima tienes a dos actores como Vera Farmiga (interpretando a una Norma Bates que se mueve entre la mujer sufridora y la zorra calculadora, pasando de vez en cuando por la psicópata en ciernes) y Freddie Highmore (su Norman Bates se está convirtiendo en un personaje absolutamente enigmático y casi terrorífico), y un elenco de secundarios la mar de solvente como Mike Vogel o Nestor Carbonell; el resultado es un auténtico festival.

Por ahora la serie no tiene fecha de estreno en España pero ¿desde cuándo ha sido eso un problema?
httpvh://youtu.be/QV1rHEwudJQ










