Todo comenzó en la pasada edición del Festival de cine de Cannes. La premiere mundial de Carol, sexto largometraje del exquisito Todd Haynes, era saludada con rendición absoluta de crítica y público. La plasticidad sutil de la película, así como la hondura de su guión y las interpretaciones sobresalientes de Cate Blanchett y Rooney Mara, sus dos protagonistas, fueron alabadas sin paliativos y colocó al film de Haynes entre los estrenos más esperados de la temporada.
Carol adapta al cine El precio de la sal, novela de Patricia Highsmith considerada la primera ficción homosexual sin final trágico. Aunque en la década de los cincuenta tuvo problemas para ser editada y finalmente se publicó bajo seudónimo, la obra de Highsmith tuvo gran éxito y repercusión en la comunidad lésbica. Sólo allá por 1989 la escritora texana reconoció públicamente la autoría de esta penetrante historia de amor entre dos mujeres de tintes autobiográficos.
Sin embargo, este panorama de bendiciones artísticas y aplausos ha venido acompañado de un mar de fondo de prejuicios LGTB que está salpicando inevitablemente la promoción de Carol.
Esos tiempos de visón en que una mujer madura no necesitaba vestirse en Punto Roma
Poco antes de recalar en Cannes, la revista Variety publicó una entrevista en la que Cate Blanchett afirmaba que había tenido «muchas relaciones con mujeres», y de inmediato todos los medios se pusieron a hacer conjeturas sobre su verdadera orientación sexual.
«El entrevistador me preguntó si había tenido relaciones con mujeres. Yo respondí que muchas veces, pero que si lo que quería era saber si había tenido relaciones sexuales con mujeres, la respuesta era «no». Evidentemente esa aclaración desapareció de la entrevista publicada.»
Con estas palabras Blanchett empañó de manera radical el ánimo morboso que se palpaba en la rueda de prensa posterior a la proyección del film de Todd Haynes en el Festival de Cannes y aquel día quedó zanjado ese interés amarillista.
Una vez solventada mediáticamente la trascendente duda de si Cate Blanchett comía carne o pescado en la vida real, la promoción de Carol ha seguido deparando diferentes muestras de prejuicios periodísticos con respecto a su temática LGTB. Investir la labor de las actrices de Haynes de una trascendencia social absurda por el mero hecho de que sus papeles sean las de dos lesbianas ha sido uno de ellos.
Frente a ésto, la actriz australiana, cada vez más harta, tuvo una reflexión contundente.
«El problema de interpretar un personaje como el que hago en Carol es que los demás tienden a observar tu trabajo como una representación de todas las personas con su misma orientación sexual. Se te confiere una responsabilidad de portavoz de ese sector LGTB equivocada. Cuando en las películas sea común la diversidad de parejas del mismo sexo se le quitará ese erróneo peso representativo al actor.»
Pero lo mejor aún estaba por llegar. En una reciente rueda de prensa un periodista tuvo la desacertada idea de ensalzar el film de Todd Haynes comentando que lo que le encantaba del mismo era que «siendo una historia de amor entre dos mujeres, no se visionaba de un modo lésbico sino que se «sentía» muy heterosexual.»
Suponemos que ya quemada por tanta gilipollez encadenada a lo largo de las numerosas entrevistas padecidas, la Blanchett cortó de inmediato al lerdo interrogador y soltó un tajante: «Se «siente» normal.»
Ignoramos qué otras muestras de desfachatez tendrán que encarar Cate Blanchett y Rooney Mara a lo largo de los meses de promoción que todavía han de pasar con vistas a unas futuras candidaturas a los Oscar, pero parace claro que en todo nuevo encuentro con la prensa continuará existiendo ese trasfondo de morbo y prejuicio LGTB.
«Acabo de interpretar a una periodista en La verdad y nadie me ha preguntado si he estudiado Periodismo para hacer el papel. Cuando haces de una mujer que tiene una aventura con un hombre a ningún periodista se le ocurre preguntarte si has tenido muchos amantes en tu vida….entonces, ¿por qué cuando asumes un rol LGTB en una película la gente empieza a cuestionar tu orientación sexual?», ha indicado Blanchett con toda la razón.
Ciertamente existen muchas partes del mundo en las que se ha evolucionado no sólo en la conquista de igualdad de derechos LGTB, sino también en una asunción social generalizada de la diversidad sexual y de identidad. Sin embargo no muy lejos de esa superficie de respeto y convivencia en libertad, subsiste el prejuicio hacia quien se aparta de lo mayoritario. Ese sentimiento de suspicacia hacia la diferencia a veces se traduce en violencia y otras muchas en apuntes maliosos que salen a relucir en circunstancias cotidianas.
Y sí. También dentro de la comunidad LGTB se dan muestras de ese morbo taimado del mundo hetero cuando la orientación sexual de alguien está «bajo sospecha». Resulta indiferente que el objeto de tal curiosidad se centre en un actor («se nota a leguas que es maricón») o en un chico que «está tan bueno que le tiene que dar a todo». De la misma manera que criticamos la anormalidad con la que muchos heterosexuales ven realmente a quienes no lo son, sería positivo hacer un ejercicio de auto crítica y desterrar igualmente en nosotros prejuicios que sigan alimentando la exclusión LGTB.
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