¿Te acuerdas de cuándo soltabas un taco y tu madre te tiraba una zapatilla? Pues seguramente el niño que protagoniza esta historia habría preferido un zapatazo en plena cabeza al castigo que su madre le impuso por ser un poquito homófobo.
Si hace unos días estabas haciendo tu compra semanal en el Walmart de Rock Hill, en Carolina del Sur (quién sabe chica, que tú viajas mucho), probablemente te sorprendieras al ver pasear por los pasillos a un niño con la cabeza mal rapada, una peluca medio pegada en la frente y la palabra «BAD» escrita en la nuca; vestido con un tutú, botas de mujer y mucha pedrería. No, no había empezado el apocalipsis zombie en mitad de una clase de ballet para travestis: el niño estaba siendo castigado por haber soltado insultos homófobos en el colegio.
La madre explicó a la policía (porque claro, cuando la gente vio la estampa llamaron a la policía) que el chaval de 10 años (un poco joven para ser realmente homófobo, pero no para pararle los pies) no paraba de insultar a sus compañeros de la escuela de forma homófoba, y como el castigo físico no había servido de nada, decidió hacerle pasar un poco (bastante) de vergüenza.

El portavoz de la policía, Mark Bollinger, explicó que los agentes informaron a la mujer de que su forma de educar al niño estaba causando cierto revuelo porque el castigo público en Carolina del Sur es muy inusual; así que decidieron llamar a los servicios sociales por si acaso. Pero al final, aunque la decisión de la mujer les pareciera un pelín radical, no le acusaron de nada y ella y el niño se fueron a casa tranquilamente. Bueno, el niño no se fue tranquilamente, evidentemente.
Resulta que lo de raparle la cabeza a los niños para castigarles públicamente es algo que se está poniendo de moda en varias zonas de Estados Unidos. En Georgia hay incluso un barbero, Russell Fredrick, que ofrece gratis tres días a la semana el «Especial Benjamin Button» para que los padres castiguen de una forma bastante original a los niños que van de adultos por la vida. ¿Y qué les hace en el pelo? Pues, básicamente, raparlos para que parezcan abueletes:

Dice Fredrick, el barbero psicópata, que como hoy en día el castigo físico no es aceptable como lo era hace unos años, los padres tienen que buscar otras formas de educar a los niños; que luego el crío hace una locura y todos dirán que «los problemas empezaron en casa«.
Por cierto, el niño de la foto, al que castigaron por su mala conducta, acabó el curso con honores.

Visto el resultado de esta táctica (que tan bien le funcionó a Britney Spears -ella siempre lo hizo todo antes-), vamos a ir a comprar una máquina para rapar más de una cabeza.
Fuente | Washington Post











