La Asociación Americana y Mundial de Loqueros Psicólogos se frota las manos en vistas a la caja que harán con la avalancha de maricas traumatizadas tras ver la nueva película de Disney, Maléfica. Y es que la producción con más autobombo del año de la factoría ya ha llegado a los cines y a piratebay, queridas amigas. Y nosotras, que ya la hemos visto, en vez de hacerte una crítica (que también) te vamos a contar de qué va para que veas que tampoco te pierdes nada si prefieres quedarte en casa viendo el Sálvame o Hay Una Cosa Que Te Quiero Chupar Decir.
Si no quieres odiarnos más de lo que nos odias,
DEJA DE LEER
porque vienen (muchos) spoilers
Érase una vez, hace mucho mucho tiempo…
En un mundo lleno de locas y despechadas con el corazón roto por capullos que no les volvieron a llamar después de aquel polvazo día especial, y donde lo más parecido al Príncipe Azul que puedes encontrar es un Papá Pitufo del Bearbie, Disney abandona por fin la idea del Amor Verdadero, como ya hizo en la oda a la homosexualidad de Frozen, para darnos un buen collejón y, demostrarnos que el verdadero amor, reside en la amistad.
Lo primero que hay que aclarar es que Maléfica está bien para verla un sábado por la noche cuando no tienes plan para emborracharte como la perra que eres pero no es, ni por asomo, la mejor película de Disney. Y que si puedes verla en VOS muchísimo mejor, porque el doblaje es infumable.
La historia nos cuenta cómo, en un país dividido por antiguas guerras y odios (y sin referéndums) entre el Reino de los Humanos y el de las Hadas, Maléfica es la Reina de este último donde cohabita con multitud de seres extraños sacados de todas las películas con animación 3D (desde Alicia y El Señor de los Anillos hasta Avatar) en un paraíso de cascadas, flores, paz y armonía. Hay que tener cojones para llamar Maléfica a un hada buena.
Maléfica, que tiene alas de pajarraca (como alguna de la Redacción), pintas de travesti, orejas picudas y pómulos de bloggera de moda, se enamora locamente a primera vista (como también alguna de la Redacción cada fin de semana) de un niño pobre con el que comienzan a crecer juntos y se juran Amor Verdadero, mediante encuentros secretos a la luz de la luna. Sin embargo, con el paso del tiempo, Stefan, que así se llama el niño pobre, va desapareciendo, víctima de la codicia de los hombres, y pasa a ocupar puestos en la corte real.
Aquí termina la parte más coñazo de la película, en la que habrás aprovechado para meterle mano al maromo que te acompaña o, en el caso de que fueras SOLA, zamparte todo el bol de palomitas (y eso que no llegan a poner la canción de Lana del Rey).
Tras una batalla entre Humanos y Hadas (aunque la única que lucha es Maléfica y cuatro árboles secos), en la que el Rey cae herido por un elefante, se pone precio a la cabeza de Maléfica nombrando sucesor a quien consiga acabar con ella. Stefan, al más puro estilo Urdangarín, engaña a nuestra amiga para matarla, durmiéndola con drogaína una pócima, pero en un atisbo de compasión o, más bien, de falta de valor, le corta las alas para llevarlas ante la corte como prueba, y a la vez seguir dejando con vida a la Reina de las hadas.
Cuando Maléfica se despierta, rota de dolor por la traición (y porque le habían amputado las alas, cojones), se vuelve redactora de Estoy Bailando mala, muy mala, y convierte el mundo de las hadas en un reino oscuro y siniestro rodeado de un muro de espinas.
Maléfica haciéndose un Gandalf
Aquí viene la parte que todas las fanáticas de Disney os sabéis de memoria en que nace Aurora y Maléfica le lanza una maldición gitana, haciendo que la Princesa se vaya al campo con las tres hadas Umbridge Flora, Fauna y Primavera, que son un horror de señoras, para que la protejan. Es que las mataba (no me detenga, @policia).
Mientras las inútiles de sus “tías” campan por ahí, Maléfica se encarga de cuidar a la pava de Aurora en secreto con la intención de llegar a cumplir su maldición inicialmente, aunque luego se vuelve tierna e intenta quitarle el encantamiento. Por aquí también aparece el Príncipe Felipe al más puro estilo One Direction, y Letizia Aurora se queda loquita por darle un meneo, pero no por sus huesos. El cuento sigue su curso habitual con la Princesa cumpliendo 16 años y descubriendo todo el pastel, hasta que llega al Castillo, se pincha (como las de tu gym) y se duerme. Aquí el Rey ya se ha vuelto loca y habla solo, y esas cosas de las manías persecutorias.
Una vez Aurora ya está dormida, Maléfica se cuela esa misma noche en el castillo (que ni 100 años ni hostias) con Felipe para que le de el beso de amor a la Princesa, y que, evidentemente no funciona. Presa de la desesperanza, a lágrima viva y moco tendido, Maléfica le promete a la Aurora dormida que mientras ella viva nadie le hará daño hasta que se resuelva la maldición, dándole un beso en la frente de despedida que resulta ser, el beso de Amor Verdadero que la despierta. (Oooooooh!)
¿Eres una bruja mala o una bruja buena?
Luego viene una batallita en que Maléfica se vuelve Lara Croft (con leggins de cuero y todo), recupera las alas (que no se han podrido después de los años), y se pega unos vuelos para amortizar la versión en 3D de la película en los que, finalmente, se carga al malo malísimo del rey Stefan. Lástima que no mueran Flora, Fauna y Primavera también.
La película termina con los reinos de Humanos y Hadas unificados bajo la figura de Aurora, con la frasecita de “La historia no es como te la habían contado” (¿En serio?, ¡no me jodas!) y tu preguntándote si todo un año de Disney dando el coñazo ha sido solo para esto.
PD. La petarda que lo escribe no es ni crítica de cine ni se lo cree, sencillamente le gusta quejarse.














