Maricones, bienvenidos al día 1 D.C. (Después de Conchita).
Y es que lo que se vivió anoche en la final del Festival de Eurovisión celebrado en Copenhague fue un evento histórico a la altura de la caída del Muro de Berlín o la de Mari Amparo en Supermodelo. Conchita Wurst se alzó con el trofeo de ganadora y su tema, Rise Like A Phoenix, fue elegido como la mejor canción de este año en Eurovisión.
www.youtu.be/QRUIava4WRM
Mucho se está hablando hoy tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación sobre la victoria de Conchita. Que me he quedado bizca al ver que en informativos Telecinco hablaban del tema. Y lo más curioso de todo es que a pesar de la espectacular realización, del carisma de Conchita como cantante, de su perfecta interpretación y de la magnificencia del tema (una balada a lo John Barry típica de película Bond) sólo se habla de una cosa: LA BARBA.
Pero vamos a ir por partes, porque la Final dio para muchos comentarios (nuestro twitter anoche echaba humo), y como no me quiero liar os voy a lanzar unos teletipos a lo Europa Press comentando algunas cositas:
- Felicidades a los daneses por una de las galas más espectaculares a nivel técnico que hemos visto en muchos años, con una realización soberbia para cada uno de los shows. El escenario, que a priori no me convencía, acabó siendo el gran protagonista de la noche y los juegos de iluminación fueron absolutamente fantásticos.
- Eso no quita que a nivel de guión fuera una gala espantosa y que los interludios no tuvieran ni pizca de gracia o emoción. Desde el inicio, muy descafeinado para una final eurovisiva, hasta la actuación de Emelie de Forest cuando no tocaba (lo ideal es que ese show ABRA el espectáculo recordando a la gente por qué estamos en el país de turno). El momento Himno de la Alegría con escaleras fue un coñazo, el vídeo de los presentadores cantando no tuvo ni pizca de gracia (¿Un vídeo en una gala de música en directo?) y la niña del Eurojunior metida con calzador. ¡Cómo echamos de menos el humor autoparódico de los suecos el año pasado!
- Muy mal, señores de Eurovisión, por censurar los abucheos a Rusia metiendo aplausos en lata. Cierto es que se volvió muy incómodo comprobar como cada vez que alguien votaba a los hijos de Putin el público reaccionaba con indignación. Y aunque entendemos que eso responde a un factor político y no a un factor artístico, hay momentos en los que no se puede separar una cosa de la otra. Rusia es un país homófobo que ha promovido campañas en contra no sólo de los gays, si no también de la libertad artística y de expresión en el Festival. Y ustedes son los primeros que no deberían consentir eso. Además, qué coño: Rusia ni siquiera forma parte del Big Five ¿a qué viene tanto drama?
- TVE cada año se cubre de gloria y su retransmisión fue todo un despropósito. Desde un previo lamentable con invitados menos válidos que una moneda de chocolate (el gay que sólo sabía decir que Eurovisión es lo más -su titular resumiendo la noche fue «Eurovisión es el mayor espectáculo musical del mundo«- y Reyes del Amor que va de «erudita» de Eurovisión y sólo sabía quejarse por todo) hasta los comentarios de un Íñigo espectacularmente desacertado. No tradujo ni una sola broma, no paraba de hacer valoraciones personales, no aportó ni un dato interesante sobre los participantes y no paró de decir que Ruth Lorenzo era lo más. Eso no es un comentarista de Eurovisión, es un señor sin trabajo al que enchufan en esa cabina porque, en teoría, sabe de lo que habla. Pero no.
- Hablando de Reyes del Amor: los comentarios del programa posterior a la gala despreciando de forma brutal a Conchita, rozando la homofobia, dejaron claro de qué pie cojea esta señora. Y de qué pie cojea TVE, que no se cortaron sacando algunos tweets muy fuera de tono en pantalla.
- ¿Y qué coño significa eso de poner a los candidatos a representar a España este año como jurado profesional? ¿No hay ni un sólo puto crítico musical en este país o persona que conozca el festival y no esté loca del coño que pueda hacerlo?
- Felicidades a la española que dio los votos. No me voy a meter con tu acento inglés de Cuenca, porque hubo otros presentadores de otros países que eran para salir corriendo. Pero chica, un poco de sangre en las venas no te habría ido mal y dejar en ridículo a tu país porque te falla el prompter es de juzgado de guardia.
Y dicho esto, vamos a hablar de ella. De Conchita.
Muchos son los que se han indignado por el triunfo de Mrs. Wurst en Copenhague. Twitter fue un hervidero de comentarios homófobos y bastante desagradables (ahí, sacando toda la mierda que lleváis dentro) que cuentas como @masaenfurecida se dedicaron a retwittear una y otra vez. No sé si lo hicieron porque estaban de acuerdo con esos comentarios o como una forma de mostrar lo retrógrados que eran los autores de los tweets, pero el espectáculo fue muy lamentable.
Al final resultó que los que más critican el Festival por no ser un festival musical si no un show en el que prima la imagen y el «esperpento» fueron los que acabaron convirtiendo la noche precisamente en lo que criticaban. La eterna paradoja del eurohater: esto no me gusta pero lo veo y a la vez soy yo el que lo convierte en algo que no me gusta y lo único que sé hacer es quejarme por puro vicio y postureo.
Como el amigo del que os hablamos en un artículo hace un par de días sobre los motivos por los que SÍ ver Eurovisión. Que, por cierto, el festival de este año ha marcado un 35,2% de share con una media de 6.343.000 espectadores. Y luego no interesa a nadie, ¿eh?
La victoria de Conchita, aunque hubo algún momento en que casi casi empataba con los representantes holandeses, fue tremendamente merecida y apabullante. Tanto que cuando aún faltaban tres países por dar sus votos se proclamó ganadora matemáticamente. Y aunque muchos a los que, por un motivo u otro, no os gustaba la canción os escudéis en que ha ganado simplemente por llevar barba, lo cierto es que la actuación de Conchita cumplió paso por paso todos los requisitos no sólo para ganar si no para convertirse en historia del Festival de Eurovisión.
Lo siento pero tengo que decirlo: parecéis idiotas.
«La canción era una mierda«
Independientemente de los gustos personales de cada uno, Rise Like a Phoenix es una balada con tintes de película Bond que tenía todos los ingredientes necesarios para triunfar. Desde la instrumentación clásica hasta los giros melódicos propios de las mejores canciones Bond, sumándole una voz fantástica, una interpretación impecable y una letra maravillosa que habla de la autosuperación tras un amor destructivo (con un claro mensaje de aceptación y lucha)
Además la canción comparte más de una similitud con un tema que no hace mucho volvió loco a medio mundo: Skyfall de Adele.
www.youtu.be/7HKoqNJtMTQ
En ese momento, cuando Adele lanzó el tema principal de la última película Bond, medio mundo se puso de rodillas ante ella y alabó la modernización de un tipo de baladas que se habían diluido con el tiempo. Fue número 1 en ventas en todo el mundo y, de hecho, es la canción Bond más vendida de la historia. Ahora, como Rise Like A Phoenix no la canta Adele, resulta que ese tipo de canción es un horror; una mierda aburrida que no tiene ningún tipo de recorrido comercial ni artístico. Lo que demuestra, querida amiga, que tú consumes música por puros criterios de marketing y no por su valor artístico.
O peor, que te pensabas que Adele inventó las baladas Bond.
«Conchita no canta«
Si eres capaz de decirme que la interpretación de Conchita tanto en la semifinal como en la final no fue una muestra de buen hacer sobre un escenario y que, además, fue impecable a nivel vocal; entonces la conversación acaba aquí. Durante la noche pudimos ver muchos tipos de voces en el escenario, desde la soberbia contención de Sanna Nielsen al poderío de Ruth Lorenzo. Pero es que, por si no lo sabes, el Festival de Eurovisión no lo gana la que mejor canta. Lo gana la canción y la puesta en escena que conecta con el público. Y en ese sentido Conchita se llevó el gato al agua. Y además cantó de puta madre, aunque te joda reconocerlo.
«Sólo ganó por llevar barba«
Siguiendo ese inteligentísimo planteamiento, el año que viene mandamos a un hombre con tetas al festival y ganamos. Da igual que cante mal o que la canción la componga el Furby de tu sobrino. Ésta fue la teoría de la amiga Reyes del Amor, que se temía que el año que viene todos los países quisieran mandar un representante que llamara la atención ignorando el apartado musical.
Lástima, fíjate tú, que Conchita además de llevar barba (para el que no lo haya entendido aún: no es una mujer barbuda, es un travesti. Un maricón con peluca, vamos) llevaba un tema potente que llamaba la atención entre tanta balada clónica, tuvo una puesta en escena magnífica y una realización televisiva de las que se enseñan en las escuelas. Fue ABSOLUTAMENTE impecable. Y eso, que a ti debió pasarte desapercibido, fue lo que hizo que toda Europa se quedara embobada ante el televisor pasado el shock de descubrir que Conchita llevaba barba. La barba, amiga, no fue más importante en la actuación de Conchita que las tetas de las polacas; y aunque todo el mundo habló de ellas precisamente por sus enormes pechos (y su poco disimulo al ocultarlos) nadie se acordó de la canción. Cosa que no le ocurrió a Conchita, porque en conjunto su propuesta fue de 12 puntos.
Muchas han sido las formas y maneras en las que algunos han intentado destacar en Eurovisión en todos estos años. Ha habido travestis, transexuales, mujeres casi sin ropa o con exceso de ropa, trajes gigantescos que ocultaban a los bailarines debajo, ventiladores a lo Twister, camas elásticas, trajes luminosos, disfraces, el Chikilicuatre, gente descalza, tupés interminables, gigantes… Incluso Francia este año llevaba una propuesta visualmente muy llamativa (al cantante lo comparaban en Twitter con Jimmy Neutron por el pelazo que llevaba). Y no ganaron. Porque la barba funciona como gancho, pero si no hay un producto sólido detrás no hay nada que vender.
«Estáis muy pesados con ella sólo porque es una marica con peluca«
Dijo la que se pasa 3 horas en la calle haciendo cola para ir a ¡Qué Trabaje Rita! y que ha pasado del «Cero pluma» en Grindr a comprarse todas las pelucas del barrio para ver si se puede subir al escenario a hacer un playback de Britney. Aplauso.
«Me parece un mal ejemplo para representar al colectivo gay«
Aunque no te lo creas yo esto lo he leído con mis propios ojos. Porque ahora resulta que cualquier gay/lesbiana/transexual que se suba a un escenario es representante del colectivo LGTBIQWERTY. Conchita Wurst no ha sido, ni es, ni será una representante de ningún colectivo. Lo único que ejemplifica Conchita, como ella mismo dijo en la entrevista que nos concedió hace unas semanas, es que siendo valiente y luchando por lo que crees y lo que quieres puedes conseguirlo, independientemente de tu aspecto.
Eso es con lo que te tienes que quedar, maricón; porque si algo se representó y se demostró anoche en ese escenario no fue el derecho a ser un hombre con peluca si no el derecho a ser libre y vivir tu vida como te dé la gana.
Pero es que además la victoria de Conchita, a pesar de la campaña de descrédito llevada a cabo por países como Rusia, Armenia o Bielorrusia (con declaraciones fuera de lugar, con recogidas de firmas para que se censurara su participación, con quejas de los organismos oficiales) es también una victoria para nosotros. Y no para nosotros los gays, para nosotros los europeos en general. Porque hemos demostrado que las personas diferentes también pueden ser personas ganadoras.
En realidad la victoria de Conchita no está en el hecho de que ganara o no ganara. La verdadera victoria de Conchita fue que los responsables de Eurovisión tuvieran que censurar los abucheos a la homofobia rusa y no la actuación de un travesti.
Ahí está el ejemplo. Ahí está otro de los motivos (quizá el más importante) por el que Conchita merecía ganar.
Porque Eurovisión, aunque no sea un festival político, sí es un festival que representa a la sociedad europea en muchos más aspectos de los que muchos pueden pensar. Y si una de las propuestas, además de ser una gran canción y tener una gran intérprete, es una oportunidad de oro para mostrar valores tan ligados al festival como la tolerancia y el respeto y, además, ser una protesta contra los continuos ataques a las libertades personales de algunos países europeos por los que los gobernantes guardan silencio…
Entonces no hay mejor aspirante al que darle los 12 puntos.



















