Jane, una modesta chica que estudió arquitectura y se especializó en la restauración de edificios antiguos, llega a Nueva York acompañada de su novio Henry y consigue trabajo como encargada de mantenimiento en el lujoso edificio de apartamenos situado en el 999 de Park Avenue, el Drake. Lo que ellos no saben es que el trato firmado con Gavin Duran, el propietario del edificio, no sólo conlleva el usofructo de un magnífico apartamento en el edificio, sino que el Sr. Duran parece querer algo más de ellos. Especialmente de Henry.
Lo que en principio puede parecer un simple drama de tráfico de influencias y abuso de poder es en realidad algo mucho más perverso, porque el Sr. Duran siempre consigue lo que quiere y, si no lo consigue, hace que el habitante del edificio que le ha decepcionado pague. Con la muerte. Pero no con una muerte cualquiera a manos de los Miami unos sicarios random, sino que el propio Drake cobra vida para engullir a su víctima y que pase a formar parte de los cimientos del edificio.

Con esta premisa, mezcla de Pactar con el Diablo y Needful Things de Stephen King, y basada en una serie de novelas de éxito escritas por Gabriella Pierce, arranca «666 Park Avenue», la nueva serie de terror de la ABC. Por desgracia para todos, y a pesar de que la serie es relativamente disfrutable, de terror tiene bien poco.
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Cinco capítulos son los que la serie lleva ya emitidos, incluyendo un especial de Halloween (que resultó de todo menos especial) y por ahora no parece conseguir que la audiencia le acompañe. Por si acaso no le cojas mucho cariño. Aunque por ahora la cadena ha ordenado más guiones, así que por lo pronto confían en ella.
El gran problema de «666 Park Avenue» es que no parecen tener muy claro cuál es su tono ni su estructura. Es como si, en cierta manera, tuvieran miedo de que les pase lo que a Fringe y durante los primeros cinco capítulos han alternado una historia global y varios capítulos a lo «Monstruo de la Semana» sin atreverse aún a decantarse por unos u otros; creando un batiburrillo de historias sobre las que es imposible interesarse e implicarse al 100%.
En el capítulo piloto se dejaron caer varias indicaciones de por dónde iba a ir. Además de los personajes principales interpretados por David Annable y Rachael Taylor y el matrimonio Duran (los dueños del Drake) interpretados por un magnífico Terry O’Quinn (que ha terminado por encasillarse en personajes misteriosos a lo Locke) y una más que solvente Vanessa Williams, hay todo un microuniverso de habitantes el Drake que parecen tener algo que decir. Y digo «parecen», porque a día de hoy lo único que deseas es que todos mueran lo antes posible. Empezando por Nona, la adolescente medio problemática que parece predecir el futuro y oculta más de un secreto y terminando por Brian (el escritor de Broadway en plena crisis creativa) y su mujer Louise (fotógrafa poco amiga de los ascensores). Nona empezó protagonizando una de las tramas más absurdas de lo que llevamos de serie, la del Ladrón del Drake y la relación de Brian y Louise es un señor coñazo en el que ni metiendo una rubia loca a lo Atracción Fatal (la exibicionista vecina de enfrente que acaba trabajando de asistente para Louise) consigue tener algo de interés.

A eso súmale que no tenemos claro qué es lo que realmente quiere Gavin Doran del pobre Henry (personaje veleta que parece no saber siquiera lo que quiere él mismo) y que protagonizan una de las historias más confusas y mal llevadas de la serie. Por lo que se sabe, el Sr. Doran está muy interesado en un proyecto urbanístico y necesita que Henry mueva fichas en su trabajo en el Ayuntamiento para poder llevarse el gato al agua; pero el juego de influencias, obstáculos y favores está tan mal llevado que soy incapaz de explicarte claramente los movimientos de Doran para conseguirlo. Todo son frases misteriosas entre Olivia y Gavin y tejemanejes de los que te olvidas en el siguiente capítulo.
Y en teoría debería ser fácil, porque a cualquiera que se ponga por medio Doran no duda en cepillárselo. Pero en plan sobrenatural, eso sí.
Y a esas tramas más o menos continuístas hay que añadir las de los «Monstruos de la Semana», que son vecinos del edificio que han llegado a algún tipo de acuerdo con el malévolo Gavin. Personajes que necesitan o desean algo y a los que Gavin no duda en ayudar, a cambio de algunos favores. Aunque el resultado no siempre sea bueno para los residentes del Drake. Precisamente en ese juego de «yo te traigo de vuelta a tu mujer muerta si tú matas a X personaje» la reminiscencia a «Needful Things» es demasiado fuerte. Pero del mismo modo que en aquella historia la motivación del personaje «malo» era clara y definida, aquí hay tantas cosas ocurriendo en cada capítulo que es imposible entender qué quiere realmente Gavin.
Por si todo esto fuera poco, ahora los «Monstruos de la Semana» se alargan entre capítulos (como la historia de la periodista y Kandinsky) y empiezan a usarse como resortes facilones para hacer que la trama general avance. Y al final ahí está uno de los grandes problemas de 666 Park Avenue, que hacen que me recuerde demasiado al uso chapucero que se hizo de algunos de los flashbacks de Lost y eche de menos la genialidad que suponían algunos casos de Fringe que luego repercutían en el arco argumental de la temporada: los habitantes del Drake no sólo son meras excusas para provocar un incidente, sino que además son tremendamente idiotas.
Aunque para idiota Brian, el escritor. Y para gilipollez el triángulo amoroso.
A pesar de todo esto, la serie tiene buen ritmo y los personajes principales están bastante bien perfilados. Lo único que les falta a los guionistas es perder el miedo y lanzarse hacia donde parecen querer ir: a una serie con trama continuista que ponga a Henry y a Jane entre la espada y la pared. Sacarle mucho más partido a los secretos del Sr. Duran (algo que parece que han empezado a hacer en el capítulo de Halloween) y, sobretodo, dejarse de triángulos amorosos que no van a ninguna parte y centrarse en el verdadero protagonista de la serie: El Drake.

El Drake guarda mil secretos que llevan cinco capítulos dejando caer sin desarrollar ninguno. Tiene una historia prometedora que Jane empezó a investigar y por la que de repente parece haber perdido todo interés. Y cuando empezábamos a emocionarnos al ver cómo la chica iba destapando una trama a lo «Rosemary’s Baby» han tenido que ser los propios fantasmas los que se pongan las pilas para que pase algo.
Como consejo les diría que, antes de ponerse a escribir un episodio, se vieran El Resplandor de Stanley Kubrick un par de veces, para que vean que creando un entorno opresivo y aprovechando bien las posibilidades de un «edificio maldito» no les hacen falta muchos personajes para que las tramas avancen. Y, de paso, que afinen en el tono. Porque la serie aún no da miedo (salvo un par de sustos del gato mal ejecutados) y podría darlo. ¡Y mucho! Tienen a dos personajes (Henry y Jane) buenos e idealistas esperando a ser corrompidos tanto por el edificio como por la propia ciudad (¡por favor! ya va siendo hora de aprovechar Nueva York más allá de las fiestas y las galas, que esto parece Gossip Girl) y a un par de malos (Gavin y Olivia) dispuestos a todo y con recursos ilimitados.

Si consiguen hacer eso, si se dejan de historias secundarias, si se arriesgan y le echan un par de huevos y mucha imaginación, la serie puede acabar convirtiéndose en un auténtico clásico. Pero, por desgracia (y por lo que se ha visto hasta ahora) parece que eso no va a ser así.
Porque aunque la factura técnica de la serie tampoco es para tirar cohetes (la fotografía es sosa, los decorados cantan mucho, los efectos empiezan a ser demasiado evidentes y la banda sonora es tremendamente insulsa) su gran problema está en los guiones.
Toca esperar a ver si los misterios del Drake bastan para mantener la serie, si los personajes evolucionan como deberían hacerlo y, sobretodo, si la serie consigue sino ya dar miedo al menos ponerte en tensión como lo hizo American Horror Story en varios puntos de su primera temporada.

Y si eres de esos que no ven series subtituladas porque «yo veo series para entretenerme, no para leer» el canal Calle 13 está emitiendo los capítulos en español con poca diferencia con respecto al estreno americano.










