Hay pocas cosas en el mundo que puedas tener tan claras como el hecho de que Nicki Minaj te odia. Quiere matarte. Quiere que tu cerebro se derrita y se te salga por la nariz. Quiere tu exterminio.
Y por eso ha hecho un Beyoncé y acaba de sacar sin avisar a nadie (¡ni siquiera a nosotros! ¡atrevida!) un buzz single del que será su tercer álbum de estudio. Y olvídate del rollito EDM de Starships, que Nicki ha decidido que te prefiere muerto y se ha vuelto al hip-hop de guarreo para que hagas twerking hasta que se te caigan todos los miembros de tu cuerpo.
Lo que te quiero decir es que la canción es un espanto de proporciones épicas y nos han llegado informes del Ministerio de Sanidad que dicen que de tan espantosa creen que puede tener efectos nocivos en la salud de la población y están estudiando su posible prohibición. Porque hoy en día a cualquier cosa «cantada» (y lo pongo entre comillas porque escucha ese principio en el que parece que se está ahogando o lo que hay a partir del minuto 3… Santa Virgen de la Chaqueta de Pana…) encima de un montón de ruidos lo llaman música y aquí alguien tiene que poner orden.
La OMS no se ha pronunciado todavía, Rajoy está restregándole el pandero a Cospedal (a él no le afecta, venía de casa sin cerebro) y en la redacción hemos sufrido 3 bajas que no sabemos si se recuperarán.
Pray for Estoy Bailando.









