Maricones, ya está bien.
Mientras vosotros estáis ahí tan felices por la victoria de Conchita Wurst el sábado en la Final del Festival de Eurovisión, nuestros vecinos amigos colegas camaradas congéneres rusos están viviendo una crisis política, social y moral que ríete tú de lo del Ayuntamiento de Marbella.
En Rusia están hartos. Ya no pueden más. Siempre se repite la misma historia. Vivir así es ser maricón, y ellos no están dispuestos a seguir de brazos cruzados mientras nuestra sociedad se desmorona de esta manera.
O eso es lo que dijo el diputado comunista Valery Rashkin en declaraciones a la agencia Interfax. «Los últimos resultados del Festival de Eurovisión han acabado con nuestra paciencia» y añadió: «Tenemos que abandonar esta competición. No podemos tolerar esta locura sin fin.«
«¡Qué hases votando a la lisiada!«
Entiéndele, mujer, para él es una locura que Europa vote a una canción cantada por una travesti con barba y que encima les echen la bronca por apalear maricones. Y por eso Rashkin ha propuesto que su país se pire de Eurovisión y dediquen el poco dinero que aportan a crear el festival Voces de Eurasia; que suena a disco cutre de new-age a lo Vale Music, pero que sería un mini festival en el que participarían ellos y los antiguos miembros de la Unión Soviética (vamos, todos los que se votan entre ellos siempre). Eso sí, sin maricones.
En cuanto Rashkin expresó su malestar, el presidente Bielorruso (los que mandaron al Robin Thicke de Hacendado) Aleksander Lukashenko, también quiso dar su opinión. Él que pudo, claro, porque en su país lo de expresar opiniones no está muy bien visto y por algo se le conoce como el último dictador en Europa. Pues Lukashenko ha dicho que: «La victoria de Conchita Wurst en Eurovisión simboliza el completo colapso de los valores morales en la Unión Europa. ¡No necesitamos a Europa!«
Pero calla, que la cosa no se acaba aquí. Además del presidente Bieolorruso marcándose un Nuria Fergó, un diputado de la asamblea legislativa de San Petersburgo, Vitaly Milonov, ha mandado una carta al comité organizador de la participación rusa en el Festival diciendo que:
«La participación del claramente travesti y hermafrodita Conchita Wurst en el mismo escenario que las artistas rusas en la televisión en directo es una clara propaganda de la homosexualidad y la decadencia la solución final moral«.
Sí: ha llamado hermafrodita a Conchita.
Pues por si todo este mariconcirio fuera poco, resulta que además los rusos están cabreados porque los votos de Crimea contaron como votos de Ucrania y no de Rusia. Los organizadores de Eurovisión dijeron que por mucho que Rusia se empeñe en que Crimea ahora es parte de su territorio los operadores telefónicos siguen usando códigos de Ucrania. Pero a los hijos de Putin eso se la suda. Si un ruso dice que Crimea es Rusia, pues Crima es Rusia ¡y punto! Vámonos, Juan.
Entre una cosa y otra no es de extrañar que las pobres gemelas Tolmachevy se llevaran más abucheos durante su participación en el festival que una travesti del LL leyendo el manifiesto de una concentración de HazteOír, y por ahora no han dicho ni mú. Probablemente porque como digan algo les cortan la coleta. El que sí ha hablado es el cantante ruso Filipp Kirkorov, uno de los compositores de la canción rusa, que ha defendido a Conchita:
«No se juzga a los ganadores, fue la canción la que ganó. Y en mi opinión era una canción preciosa.» y añadió: «Con barba, sin barba, una mujer, un hombres… No tiene importancia. Esto es una competición, un concurso de canciones. Esta vez Europa ha votado así.«
Imaginamos que a Kirkorov no tardará en llegarle una carta de su gobierno diciéndole que está prohibido hacer propaganda de Eurovisión, así que viendo que se ha leído nuestro artículo explicando los motivos de la victoria de Conchita, le ofrecemos nuestra redacción como asilo político. A él y a los que votaron a Conchita e hicieron que Rusia enviara 5 puntos a Austria (más de lo que Portugal nos dio a nosotros, cabrones).
La policía rusa, vigilando a Kirkorov
Ay… Rusia es todo un mundo inexplorado y estas cosas sólo demuestran lo que descubrí yo cuando fui de visita a Moscú y ni en el aeropuerto hablaban inglés: a los rusos el resto del mundo les importa una mierda. A no ser que sean malos de películas Bond, que en ese caso les importa dominarlo y/o destruirlo.
Ahora, si me lo permitís, voy a escenificar mis pensamientos mientras me comía una cheeseburger del McDonald’s y bebía Coca-Cola en mitad de la Plaza Roja mientras en mi iPhone sonaba Rasputin de BoneyM:















